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El color naranja los delata ...y el entorno también

En un día atípico, ayer los reos del Topo Chico bajaron al patio para ser testigos de la presentación del proyecto Familias con Futuro.

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Son jóvenes no mayores a los 25 años, con pelo a rapa, con barba o bien rasurados. Otros calzan en tenis de marca Nike, Puma y Reebook, con calcetones Eagle y Wilson, unos más lo hacen en chanclas, pero con vistosos relojes.

Casi todos están envueltos en una piel grabada de tatuajes, incluso tan vistosos que cubren sus rostros. No modelan, sólo se dejan querer un poco ante los clicks y flashes de las cámaras; unos sonríen, otros se rinden y bajan la mirada.

La descripción parecería de un desfile de vestimentas bombachas, pero el color naranja los delata y el entorno también.

Se trata de 121 reos del penal del Topo Chico que van arribando al patio, custodiados por elementos de Fuerza Civil que se encuentran en un edificio cuya anatomía parece que se detuvo en los años 60. El mismo escenario que en febrero pasado registró la peor masacre penitenciaria del país.

A la chaviza de reclusos se les une otra tropa de adultos mayores que llegan a sentarse con el estatus de invitados especiales junto a sus papás, mamás, esposas, esposos, hermanos, hijos, que atiborran el patio porque el show empieza: el programa Familias con Futuro, presentado por el gobernador Jaime Rodríguez.

Gregoria Agustinse Regalado, familiar de uno de los reclusos, que sin guión, no paraba de hablar y echar vítores al programa de apoyo económico, de salud y educativo.

"¡Quítenle el micrófono!, ¡denle una Maruchan!", grita uno de los chavos que merodea los 22 años, al que se le pinta apenas el vello del bigote y piocha de adolescente.

Por ahí, reposando entre la fila de sillas, aparece discreta María Genoveva, vecina de la colonia Delfines en Guadalupe, pero que desde hace casi una década es una reclusa, pero que por vez primera la toman en cuenta para informarle de un programa que la ayudará.

"Lo que sea (es bueno), becas para los niños, porque tengo cuatro: uno de 18 años, uno de 17, otro de 10 y la bebé de cuatro meses; yo aquí llevo nueve años con siete meses y me faltan cinco para cumplir la sentencia, (lo que pido es) que me ayuden con algo, en pagos, apoyos, despensa y pañales porque ahorita no hay nada.

"Mis hijos están afuera (del penal) y qué bueno esta ayuda, porque es la primera vez, es lo que digo yo, tanto tiempo... nunca me habían hablado hasta ayer y me dijeron que me dio mucho gusto", señala mientras carga a su bebita Jocelyn Nohemí, de cuatro meses.

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