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Sábado , 22.09.2018 / 14:08 Hoy

¿DÓNDE ANDAS?

La desaparición de Martín, a manos de "los de la letra".

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La vida loca había quedado atrás, lo que lo delató fueron los tatuajes en el cuello, reflejo de su pasado de pandillero, su ya distante vida miserable.

Martín García arribó a Alcance Victoria, una comunidad cristiana no católica con una casa de rehabilitación, trabajo y experiencia con personas arrebatadas por diferentes tipos de adicciones: pachucos, cholos y chundos, chichifos y malafachas.

La mayoría desesperados por curar "la malilla"; otros para esconder las propias tarugadas, el resto para encontrar una solución a la nulidad de su existencia cotidiana, de no componer nada.

Después de una bronca con otra pandilla, salió de La Partida, Coahuila, rumbo al Sector Alianza, ahí encontró cobijo en el home de rehabilitación, había quedado tan cateado, que estaba intentando dejar su pasado de drogas y gangas.

Nadie creyó, eso de dejar la mota no es del barrio... pero se aferró, la fe se fue convirtiendo en su asidero, la tabla de salvación, y ahí comenzó un camino ascendente.

Primero aprendió a levantarse temprano, poco después fue consejero, luego, se convirtió en el director de la propia casa de rehabilitación, y obedeciendo lealmente, poco a poco, continuó la escalada.

¿Quién es este hijo de ranchero que le esta poniendo? Se cuchicheaba sobre Martín entre los pasillos del recinto. El brillo del buen ejemplo, pronto lo volvió confiable para todos, le dio ride a otras ciudades.

Fue becado para entrar a una escuela de pastores en Monterrey, donde día a día iba de mención en mención.

Sus estudios como líder religioso culminaron, lo había conseguido, acabar con diploma de excelencia académica, por lo tanto era el tiempo que Dios había señalado para regresar a su terruño e impartir los conocimientos a sus hermanos en rehabilitación.

Entonces se posó sobre esta tierra una nube negra, y como en el Egipto del antiguo testamento, en La Laguna se desataron infinidad de calamidades.

Mientras Martín le ponía en Monterrey, la ola de violencia en la región ya había estallado, los ajustes de cuentas empezaron a sembrar el terror cotidiano; el espectáculo de la violencia se apoderó de la opinión publica, los descabezados se apropiaron de los encabezados.

Algunos ricos pudieron salir huyendo, pero la gente ordinaria como nosotros, sólo pudo quedarse a vivir aterrada, a presenciar cómo las autoridades eran superadas, nunca supieron qué hacer.

Dicen que todo fue tan rápido, ese día se aparecieron los de la última letra, armados, prepotentes, muy gandallas, a eso de las cinco de la tarde, exigían hablar con el encargado, sabían del centro antidrogas, querían cobrar derecho de piso.

Martín era un líder responsable, ingenuamente, aceptó salir a hablar con ellos...¡Zas! No tuvo opciones, confundieron la simbología de sus tatuajes en el cuello, lo cuestionaron, lo estrujaron, llegó la camioneta y finalmente lo levantaron.

Dicen que le taparon la cara con una toalla, el Sopas dijo que la misma resbaló, que alcanzó a verle el rostro aterrado junto con un par de lágrimas.

Esos días estuvimos esperando que pidieran el rescate, que nos sobornaran, nos chantajearan, nos exigieran vender nuestras chivas para completar el monto exigido... Pero nada, nunca apareció, nadie tampoco supo nada, el absoluto silencio se impuso.

¡Se lo tragó la tierra! La congregación se aterró y ninguno supo cómo reaccionar, todas sus pasadas historias pandilleras resultaron inútiles a la hora de redactar una denuncia, de recurrir a la última esperanza de que las autoridades lo recuperaran.

Muchas historias urbanas se han seguido contando: que se le apareció a su jefita a la puerta de su casa en una camioneta blindada para dejarle un fajo de billetes.

Que esta en un campo de siembra, cosecha y distribución de drogas. Que se convirtió en uno de los macizos, que esto y l'otro... La única certeza que ha quedado, es que, de este lado se perdió a uno que se había esforzado, un motivo de ejemplo, un alma buena.

Suelo recordar que fui afortunado en conocer de cerca una versión callejera de fariseo Saulo de Tarso convertido al Santo Pablo, es en esos lapsos cuando un par me preguntas se manifiestan, se levantan y me hacen sombra, no me gustan, pero me toman por asalto: ¿Dónde estuvo Dios a la hora de proteger a un hijo amado? La última ¿Dónde estará Martín?.

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