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Martes , 23.10.2018 / 05:26 Hoy

Dile que no se vaya

"Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tie

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Luego de subir las escaleras, lo primero que distinguí fueron sus gratos ojos verdes. Sentado frente a Pinnin el escultor, tomaban café en aquel amplio departamento; ese día caluroso nos sonreímos gustosamente, al punto que el español nos preguntó si ya nos conocíamos.

Con la chispa de su personalidad extrovertida, permanentemente informal, voraz lector, insaciable tomador de café, fumador empedernido, de trato agradable, adolescente eterno y despistado, durante algún tiempo fue convirtiendo su casa en el centro de reunión, refugio de pintores, actores, creativos, fumadores, varios despistados y otros reventados.

Estimulante resultaba tratarlo, sobre todo cuando lo incómodo de vivir en una sociedad provinciana abrumaba demasiado.

Miguel Valenzuela de Santiago, recientemente falleció, las ráfagas gandallas de un cáncer mal cuidado, impidieron que siguiera dándole chispa a nuestra necesidad de saber dónde encontrarlo.

Fue un reflejo de su tiempo. Con talento natural para la actuación, se topó dentro de sus años de formación con una vida cultural de la región demasiado incipiente, que, aunada a su propia naturaleza anárquica le impidieron desarrollar mayores alcances.

Pero a pesar de todos, de esto y lo otro, se paró firme ante el inclemente sol del desierto, ese que suele fundir las vocaciones creativas; se puso borracho, le saco la lengua a la forma de vida lagunera, y quiso seducir a la hermana cercana de las buenas conciencias.

Plagado actitudes surrealistas, poco a poco comenzó a convertirse en personaje urbano durante las manifestaciones en contra de la contaminación desatada por Peñoles. Sus convicciones sólo fueron superadas por su alma desordenada y generosa.

Como activista político se pasó brincando de partido en partido, pero esa vida no es un buen refugio para soñadores, y mucho menos para quien no busca enriquecerse.

Modelo de figura humana, actor de teatro, activista social y político, durante sus últimos años representó en cortometrajes locales a diferentes personajes de la revolución mexicana.

Las sociedades armoniosas saben que deben respetar los impulsos creativos, que aunque les parezcan incomprensibles, deben de tolerar como una válvula de escape.

Y es ahí es donde figuran los bohemios, los payasos urbanos, artesanos, directores de cine mal enfocados, los aprendices de chamán y hasta algún graffitero clandestino. Mike era el loco lúcido, aquel que sabe demasiado pero que debido a su propia irreverencia, la sociedad optaba por despreciarlo, como un mecanismo de defensa.

La vida de Miguel fue de altibajos, al observar su aparición en la película mexicana "Cabeza de Vaca" nunca pude, dentro de mí, dejar de escuchar aquella frase del padre a su hijo, dentro del film gringo "Una historia del Bronx".

Se fue "El Mike", el héroe de la fiesta de su vida, donde de manera permanente militó al lado de la contracultura.

La última vez que le vi, caminaba hacia el punto de la puerta del hospital universitario; me gustó verlo rasurado, limpio y risueño. Nos dimos un abrazo, quedamos que cuando se recuperara, debíamos acompañarnos con una cerveza.

Hoy le sobreviven su madre de arriba de noventa años y su pequeño hijo de solo seis meses, a quienes va dedicado este texto.

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