Fue una psicosis, evitar bloqueos en Oaxaca: habitante de Ixtepec

Manuel Toledo, habitante de Ixtepec, contó como fue el viaje a su hogar en Oaxaca para celebrar el día del padre, superando los bloqueos y enfrentamientos del conflicto magisterial.

Oaxaca

Manuel Toledo, habitante ixtepecano, afirma fue una psicosis por que no sabía con que se iba a topar.

Él tenía que ver a su mujer embarazada de 7 meses y pasar con ella  su primer día del padre.

Acudió al ADO el día sábado en la noche para buscar un boleto que no consiguió, debido a  que en la taquilla le informaron que no había corridas, ni en primera o segunda clase por ninguna empresa, pues se habían suspendido de forma indefinida.

Al preguntar la causa le comentaron sobre los destrozos y bloqueos realizados por integrantes de la sección 22 de la CNTE en la carretera, por lo que tenían corridas, para no poner en riesgo sus autobuses, ya que en casos anteriores han sufrido destrozos y secuestros de los mismos.

De inmediato, abordó un taxi en la puerta del terminal y solicitó que lo trasladaran a la base de las camionetas de pasaje regional conocidas como “la Urvan”, ubicadas en las inmediaciones del periférico, en el boulevard José Vasconcelos.

Al llegar uno de los  taquilleros le afirmó que había salidas solo a las 4 de la mañana y  solo llegaban hasta Tequisistlán, de ahí tenía que abordar otra unidad de pasaje que lo trasbordara a Santo Domingo Tehuantepec, independientemente si había bloqueos en la carretera.

Para avanzar a Tequisistlán, le cobraron el viaje como  si fuera a Tehuantepec, es decir 160 pesos  cuando normalmente cobran 100 pesos.

“Acepté y decidí esperar desde de las 21:00 horas hasta las 4 de la mañana, parado en la calle”.

Manuel esperó pacientemente, mientras sentía que no debía dormirse por que no había seguridad ni policía, empezó a escuchar el barullo, de quienes aún no dormían y que sin conocerse  platicaban historias de vida, pero todas ellas, versaban sobre el conflicto magisterial y la necesidad de trasladarse libremente hacia su destino.

Contó que le llamó la atención la historia de una señora, que decía que tenía a su hija enferma, y que ese viaje quizá iba ser el último, en el cual tendría la oportunidad de rencontrarse.

Vestía ropa casual y se envolvía en un zarape con su hijo menor, presumiendo que siempre la acompañaba.

Ella decía que viajó de Tuxtepec, de Valle Nacional a Oaxaca, le dijeron que lo imposible era cruzar al Istmo, (apenas haces unas anteriores se leía en la prensa local y regional acerca del vandalismo y saqueos que generó la reacciones de los maestros al verse desalojado de las fuerzas de seguridad).

Somnoliento recordó no haber escuchado un solo comentario a favor del movimiento magisterial.

El tiempo trascurrió, recordó ver su reloj de pulso, ya eran las 4 de la mañana y no se veía el arribo de la camioneta de pasaje.

Una hora después, a las 5 de la mañana, vio a la distancia arribar a una camioneta tipo Urbana a la puerta del local.

Manuel abordó hasta que subió el último pasajero, y volteó antes hacia atrás para notar que había mucha gente esperando.

En la ventanilla, desvelado, cansado y preocupado, le consternaba lo que iba a pasar.

Salieron de la ciudad, pasaron la zona del monumento, cruzó el municipio de Tlacolula de Matamos, al adentrarse la camioneta con destino al “Camarón”, se despertó con la sensación de tener que estar alerta por la psicosis que llevaba en la cabeza.

Al arribar a Magdalena Tequisistlán, se percató que había varias unidades de motor sobre la carretera.

Fue entonces cuando el operador, alertó que el viaje había terminado y que tenía que descender para caminar hasta encontrar otro trasporte, que pudiera trasladarlos hasta Tehuantepec.

Antes de bajar, le preguntó al chofer.

¿Cómo sabe usted que está bloqueado, si no hemos llegado?,  ¿hasta dónde está la barricada?

Los demás se sumaron y también cuestionaron.

Entonces el operador, tomó el radio control y le subió al volumen y preguntó.

¿Del otro lado, que alguien me informe si está bloqueado del otro lado de Tequixtislan?

 La repuesta fue casi inmediata, “afirmativo, está cerrado, no hay paso”.

El mensaje fue contundente, había que caminar.

Manuel en su camino encontró obstáculos humeantes, era solo piedra, palos y llantas quemándose, sin que hubiera alguien cuidándolas; replicó y exclamó “Hay barricadas pero no hay gente”.

Pero el chofer arranó la unidad, y con los pocos quedaron en la camioneta, avanzando esquivando los obstáculos, hasta el siguiente tramo.

Avanzó a paso lento, cruzando cada uno de los obstáculos, hasta que llegó a Tehuantepec.

Eran las 10:00 am y  la camioneta arribó hasta el puente de fierro.

Era la puerta de entrada a la capital de la Zandunga, y todos se alegraron, al fin la incertidumbre terminó.

Muchos se alegraron, sin embargo, Manuel mostraba preocupación, por lo que la pregunta era ¿cómo llegar a Ixtepec?.

Nuevamente se encontraba en otra terminal, volvió a preguntar qué unidad salía a Ixtepec, le informaron que tenía que abordar un camión “istmeño” de tercera clase, pero el riesgo era cruzar la barricada en Juchitán de Zaragoza, donde iba abordar nuevamente.

Ya eran las 11:00 horas de la mañana, pagó 30 pesos para subirse al camión “Istmeño”, donde te subes, te sientas y cuando comienzas a conciliar el descanso, llegó un tipo moreno, oscuro del rostro que con voz aguardentosa dijo “pasaje “, Manuel pagó 30 pesos para avanzar a Juchitán.

Solo escuchaba el tenate de moneda, mientras buscaba en su bolsillo el pago correspondiente; no se atrevía a comunicarse para alistar a su familiar de su llegada, porque  era incierta.

Repentinamente, el cobrador, le avisó con un aventón que ya había llegado a Juchitán,  una ciudad sitiada, donde un grupo de mototaxis, gritaban, y exclamaban: “¡No hay paso!, ¡No hay paso!, los maestros están bloqueando, tres a tres y uno adelante, 30 pesos el pasaje”.

¿Dónde quedaba el cuarto? ¡adelante!, al subir al rústico moto taxi era a lado del chofer. Donde había una silla y cabían sentados, dos personas.

Al frente había una barricada, instalada con tres autobuses parados.

Se percato también que no había manifestantes, solo autobuses con los vidrios reventados.

Quiso tomar fotos, pero alguien le dijo: “¡no tome fotos porque a quien lo hace se lo llevan!”.

Manuel, cruzó, y logró abordar otro autobús a Ixtepec, donde finalmente llegó a su destino después de las 13:00 horas.

Tuvieron que pasar 17 horas para que Manuel se rencontrara con su familia, poder abrazar a su mujer,  Judith Fernanda, y besar su vientre para festejar el Día del Padre.