Dejan 250 personas sus pueblos en Tierra Caliente

Entre los desplazados de dos comunidades de San Miguel Totolapan, hay al menos 50 niños y unos 20 adultos mayores. Unos salieron de Guerrero y otros se fueron a Iguala.
Personas de las comunidades de El Barroso y Santa María, pidieron apoyo de las autoridades para instalar albergues en Chilpancingo.
Personas de las comunidades de El Barroso y Santa María, pidieron apoyo de las autoridades para instalar albergues en Chilpancingo. (Rogelio Agustín Esteban)

Chilpancingo

Al menos 250 personas provenientes de dos comunidades de San Miguel Totolapan, municipio ubicado en la Tierra Caliente de Guerrero solicitaron el apoyo del gobierno estatal para instalar un albergue en Chilpancingo, pues abandonaron sus lugares de origen temerosos de ser víctimas de la violencia que prevalece en la zona.

Los desplazados llegaron a Chilpancingo la mañana del lunes 16 de junio, aunque abandonaron sus pueblos desde la jornada del jueves 5, en una acción repentina que dejó sorprendidos a sus comisarios.

El Barroso y Santa María son comunidades ubicadas a dos horas de la cabecera municipal de San Miguel Totolapan, demarcación que está en un punto medio entre la Sierra y Tierra Caliente, aproximadamente a seis horas de Chilpancingo.

Entre los desplazados hay por lo menos 60 niños y unos veinte adultos mayores.

No todos llegaron hasta Chilpancingo, en Pungarabato un grupo decidió salir de Guerrero y en Iguala otra parte se disperso con familiares y amigos.

Los que se plantaron la mañana en la entrada principal de Palacio de Gobierno se entrevistaron con el subsecretario de Asuntos Políticos del gobierno estatal, Misael Medrano Baza, a quien le pidieron la instalación de un albergue temporal.

No recibieron una respuesta inmediata y se quedaron para esperar un gesto de solidaridad extrema.

Eduardo Macedo Jaimes, comisario de Santa María sostuvo que la mayoría de los desplazados no traen ningún tipo de pertenencia, solamente tienen como posesión la ropa que llevan puesta y algunos documentos personales.

"Venimos a ver de que manera nos pueden ayudar, no traemos ropa, no tenemos dinero y queremos la oportunidad de rehacer nuestras vidas", refirió Macedo Jaimes.

El comisario es uno de los que se dicen sorprendidos por la determinación de abandonar Santa María, no supo la razón por la que el jueves 5, cuando regresaba de su labor ya la totalidad de sus vecinos iba de salida y le advirtieron que sí se quedaba era bajo su cuenta y riesgo porque estaría solo.

"Algunos ni los papeles alcanzamos a recoger; quien sabe que verían o de qué se enterarían los vecinos, pero tampoco me iba a quedar a esperar", anotó.

Los habitantes de Santamaría y del Barroso viven principalmente del trabajo en el campo, actualmente no tienen de qué vivir.