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Miércoles , 15.08.2018 / 22:29 Hoy

Despiden a la bebita que asesinaron en Silao

Una bebita de tan solo tres meses de edad, fue asesinada el lunes pasado junto con su papá, cuando iban a bordo de una motocicleta en el municipio de Silao. 

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El lamento era el mismo y ante los ojos de todos, “la bebita era inocente”. Tendida en su ataúd blanco, el más barato que financia la Dirección de Atención a Víctimas, mínimo en contrastante con la enorme pena de la madre que sin explicación pierde a su beba; no llevaba nombre todavía, no hubo misa, no había registro, tenía tres meses en esta vida.

El templete al final de la calle era inusual pero todos sabían lo que había pasado, las miradas inevitablemente se dirigían al blanco percudido del toldo bajo el que descansaban las lágrimas de los dolientes, “ahí la están velando todavía”, comentaban a un par de cuadras.

Su padre, Oscar Durán, era velado aparte, murió también en el ataqué del domingo pasado “debió ser por algo”, a decir de los vecinos, velado y sepultado aparte en el panteón Jardínes Eternos, hace tiempo que vivían separados él y la madre, recién volvían a la relación, comentan quienes los conocían y lamentan el momento.

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La tragedia empezó el domingo, al cuarto para la medianoche en la esquina de la calle Esperanza y Ramal Guanajuato, una ráfaga de disparos rompió la tranquilidad de la noche, luego un silencio y el grito de la madre: “¡Auxilio, me mataron a mi beba!”, relata una mujer que tras los tiros miró por la ventana, sólo a un hombre muerto, al lado de una motocicleta y un arma; de los responsables nadie sabe nada.

La tarde del martes, entre arreglos florales y coronas de colores, en la sala de su casa, la bebita pasó los últimos momentos con su madre en aparente serenidad, pero que se rompía en llanto a la primer palabra, entre su familia, familia dura pero no insensible.

Avanzó la carrosa blanca desde la humilde vivienda, llevaba el angelito, “A los angelitos no se acostumbra hacerles misa”, explicó el abuelo, que pidió sigilo para su duelo, el de su hija, el de la familia, por la seguridad de todos, “si no saben quiénes somos, van a saber, mejor debería estar aquí una policía, es mi hija, ¿Cómo crees que me siento?”, exclamó el hombre que pide justicia.

Los cohetes anunciaban la muerte del angelito al avance de su último camino, avanzaron entre lágrimas y silencios ajenos, por la calle De Guadalupe, luego por Nuestra Señora del Carmen hasta Tepeyac y por la calle La paz, hasta el Panteón de afuera, llegaron cerca de las cuatro y media entraron lento al cementerio detrás del féretro y se perdieron entre cruces, arboles y tumbas, para enterrar a su bebita.

Esta historia no es la primera, el 20 de junio del año pasado, lo mismo le ocurrió a Maritza Paloma de 3 años, murió en su casa con un disparo en la espalda, también en un tiroteo que mató a su padre Ernesto; afuera del panteón, todavía la policía cuidaba a la madre de Paloma, sobreviviente de aquel ataque que Silao todavía no olvida.

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