Combaten desabasto de agua con sistema pluvial

La Universidad de Chapingo creó unidades que los mismos habitantes instalan para obtener líquido potable. Benefician a pobladores de Guadalupe Victoria, Puebla, comunidad con menos de 50 habitantes.
La cisterna puede almacenar hasta 12 mil 500 litros.
La cisterna puede almacenar hasta 12 mil 500 litros. (Yanira Franco)

Victoria Alarcón Santiago y su familia viven en la comunidad de Guadalupe Victoria, municipio de Francisco Z. Mena, Puebla; desde hace cuatro años, tiempo que lo ha pasado sin agua.

La presa más cercana se encuentra a 30 minutos caminando, "a veces nos quedábamos sin agua, porque no teníamos dinero para comprarla, tenía uno que ir a la presa a lavar y bañarnos", detalla.

Y es que un camión con mil 100 litros de agua tiene un costo de 200 pesos, que en el caso de la señora Victoria y su familia, es para 15 días.

El agua potable tiene un costo de 12 pesos por 20 litros (un garrafón) y si se compra por mayoreo, como en el caso de la señora Victoria, que requiere uno diario, el costo baja hasta ocho pesos.

Desde septiembre del presente año, 16 de 20 familias que viven en Francisco Z. Mena tienen agua para riego y potable, debido a la implementación de los Módulos de captación de agua de lluvia para uso doméstico, proyecto de académicos y alumnos del Laboratorio de Tecnologías Hídricas Innovadoras de la Universidad de Chapingo.

El objetivo es que las familias en extrema pobreza tengan garantizado este derecho constitucional, así lo dio a conocer el rector de la Universidad Autónoma Chapingo, José Sergio Barrales Domínguez.

El catedrático refirió que en México existen más de 9 millones de habitantes que carecen por completo del vital líquido y más de 13 millones reciben agua contaminada y se mantienen en pobreza extrema.

Las únicas condiciones para acceder a este sistema de abastecimiento son que las propias familias instalen el módulo, que sean habitantes de comunidades con menos de 50 habitantes y que no tengan agua potable, detalló el ingeniero responsable del proyecto, Rafael Sánchez Bravo.

Uno de los principales obstáculos que resolvió la universidad fue cambiar los techos de cartón negro por lámina galvanizada para no captar agua contaminada y el líquido que llegue a las canaletas no tenga tóxicos, reiteró Rafael Sánchez Bravo.

Una vez capturada el agua, esta pasa por tubos pvc a un proceso de filtración con piedras de tres distintos tamaños para finalmente acumularse en la cisterna con capacidad de 12 mil 500 litros.

La diferencia con otros módulos que se han implementado en distintas partes de la República, es que este módulo también ofrece agua potable la que se puede obtener de la cisterna, de donde se extrae agua con una bomba manual que lleva más de 100 litros a un tinaco donde el agua baja a un dispensador con dos cubetas, la primera contiene el filtro hecho con arcilla para filtrar los sólidos y en el fondo carbón activo para purificar, puntualizó el ingeniero.

Agregó que este programa es ajeno a partidos políticos o gobiernos estatales y lo único que aportan los beneficiarios es su mano de obra.

Alejandro Díaz de 22 años, hijo de Victoria, trabajó durante tres meses en el proyecto, pero ahora ven los beneficios, pues con su papá enfermo, ya no debe bajar a la presa por el líquido e invertir hasta tres horas para acarrear unas cubetas.