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Miércoles , 18.07.2018 / 11:44 Hoy

Deleitan miles de paladares con dulce y superior sabor

La panadería La Superior hace su agosto durante el mes de enero con las ventas masivas del postre para la celebración del Día de los Reyes Magos; produce al menos 5 mil roscas durante la temporada.

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Gabriela Jiménez

Para la celebración del Día de los Reyes Magos, una panadería con mucha historia en el centro de Monterrey produce al menos 5 mil roscas.

En esta época, los empleados de La Superior no se dan abasto. Tan es así que contratan personal de forma temporal para satisfacer la demanda. Incluso, días antes del 6 de enero hay trabajadores por turnos para cubrir las 24 horas.

José Leal, pastelero del negocio, cuenta que ocasionalmente llegan pedidos especiales. Algunas veces los clientes solicitan una cantidad determinada de roscas e ingredientes específicos. De un tiempo para acá también las buscan con relleno de crema o cajeta.

Otra petición particular suele ser los roscones de tamaño “gigante”. Regularmente son ordenadas por gobernantes locales para celebraciones abiertas al público.

Sin embargo, todas las variaciones parten de la receta tradicional. José la aprendió en Ciudad de México, donde comenzó su carrera como repostero, a lo que se ha dedicado desde hace 25 años.

Después llegó a Monterrey para trabajar en la panadería localizada en el cruce Vicente Guerrero y Ruperto Martínez, atrás del Mercado Juárez. El negocio, fundado en 1924, recibió a Leal hace 12 años.

Su labor comienza con la masa. Es una mezcla de harina, mantequilla, azúcar, huevo, sal, ralladuras de fruta –como naranja– y levadura. Después de amasar por varios minutos, se deja en reposo hasta que la masa crezca hasta llegar al doble de su volumen.

“La calidad de la rosca depende de si se le pone mantequilla o margarina. Es mejor la mantequilla”, resalta.

Una vez que termina esa fase, el pastelero procede a darle forma de rosca. Es hora de introducir a los muñecos que representan al Niño Dios. Los giros se hacen hacia adentro para evitar que los muñecos o los ingredientes de relleno se salgan. Además, la mezcla se barniza con huevo líquido.

Por segunda ocasión, la materia prima se deja reposando. José cuenta que hacen uso de una cámara de fermentación para acortar la espera.

Al terminar, inicia la intervención del asistente decorador. Se agrega el ate o acitrón de biznaga, los higos y todas las frutas e ingredientes que posarán en el exterior del roscón.

También se colocan los deliciosos apartados de pasta hecha con azúcar glass y manteca.

Cuando ya se distribuyeron los ornamentos comestibles, la rosca está lista para ir al horno.

Un roscón pequeño tarda en cocerse unos 30 minutos a una temperatura de aproximadamente 180 grados.

Si es de tamaño grande, con porciones para una familia, la última fase puede tomar más de una hora, pues debe ponerse a un calor de 150 grados.

“Eso es para que quede bien cocida porque si no se arrebata, o sea que queda cocida de encima, y del centro, cruda”, afirma.

Al salir del horno, el pan ya está listo para ir al área de empaque.

Aunque depende de varios factores –entre ellos el tamaño de la rosca–, el proceso completo tarda más de dos horas.

Los precios en el mostrador van desde poco más de 30 pesos para una porción individual, hasta los 300 pesos, en el caso de la versión familiar.

El mismo ajetreo se vive ahora en las otras miles de panaderías de la ciudad... y lo harán de nuevo el próximo año.

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