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Jueves , 18.10.2018 / 21:46 Hoy

Cuando eres migrante ya no eres de ningún lado

Juan dice ser originario de Honduras. Allá se dedicaba al campo, pero recuerda que sus cosechas eran pobres. Por ello hace cinco años decidió emprender el viaje para concretar el “sueño americano”.

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Juan dice ser originario de Honduras. Allá se dedicaba al campo, pero recuerda que sus cosechas eran pobres. Por ello hace cinco años decidió emprender el viaje para concretar el “sueño americano”.

En su trayecto, narra, vivió asaltos, agresiones físicas y en Chiapas unos sujetos le privaron de la libertad.

“Ellos dijeron que eran ‘Zetas’. Nos golpearon mucho, nos quitaron nuestro dinero y uno de ellos me inyectó el brazo. No sé qué fue, pero tuve alucinaciones”, detalla.

Indica que ingresó al país en un grupo conformado por ocho hombres.

“Ya ni sé de dónde eran. Pero a todos nos llevaron a una casa y nos drogaron. La mayoría éramos jóvenes y así nos tuvieron hasta que nos mandaron a ‘tirar’ droga”.

Reconoce que poco a poco empezó a abusar en el consumo y a probar drogas combinadas. “Le entré al crack y todo tipo de tachas”.

Explica que fue en una redada en San Cristóbal de las Casas donde fue aprehendido, pero que previo a su detención logró deshacerse del producto que llevaba.

“Ellos nos llevaban en sus carros a diferentes colonias y ahí hacíamos las ventas. Cuando llegó la policía desaparecieron. Me salvé porque les dije que era migrante”.

Añade que los convenció cuando les cantó el himno nacional de su país y dio datos históricos y turísticos del mismo.

“Me llevaron a Migración, pero no les conté lo que realmente me sucedió porque temí acabar en la cárcel. Ellos checaron algunos datos y me llevaron a la frontera con Guatemala. Ahí me soltaron”.

Declara que tras realizar diversas labores en tierra chapina y casi un año después regresó a México.

“Ya estaba metido en las drogas y el alcohol. Entonces sí quería llegar a los Estados Unidos, por lo que seguí la ruta de la ‘Bestia’. Así fue como llegué a Puebla.

Aquí me quedé porque te molestan poco y el clima es bueno. Me junté con algunos migrantes, quienes me llevaron a una casa abandonada en San Jerónimo. Ahí me quedó casi siempre”, revela.

Dice que paulatinamente ha perdido el acento y le confunden con mexicano. “Por eso es más difícil conseguir dinero, porque ya no busco trabajo, miré cómo estoy. La gente sólo deja que te le acerques cuando les pides en los cruceros”.

Da a conocer que acudió a la parroquia de la Virgen de los Desamparados, ubicada en la colonia Valle Dorado, porque se enteró que llegaría la caravana de migrantes.

“No sé a qué vine. Tal vez encuentre a alguien de mi pueblo y me regresen las ganas de seguir, pero ya no sé”.

Se le cuestiona si ha considerado regresar a su casa y tras pensarlo por muchos minutos, se aclara la garganta y limpia las lágrimas para responder: “Ya no. Mírame cómo estoy. Ya no pertenezco allá. De hecho, cuando eres migrante ya no eres de ningún lado”.

Finalmente, acepta que le tome una fotografía, pero deja en claro que tiene que ser de espaldas. “Es que no me dio tiempo de ir al barberito”, bromea y luego pide si me sobra algo de “pisto”. “Dinero, lana, pues, manito”, ríe.

La Parroquia de La Virgen de los Desamparados ofreció desayunos y cenas a migrantes

Carolina Espíndola, una de las integrantes del grupo de feligreses voluntarios de la parroquia de la Virgen de los Desamparados informó que desde el pasado jueves alistaron el comedor y áreas asignadas como dormitorio para cobijar la caravana de migrantes que arribó a la entidad.

“Estamos preparando todo. Nos dieron la indicación que llegarían para la cena, alrededor de las siete de la noche”.

Apunta que contemplan el arribo de unas 250 personas, a las que colocarían en un edificio, 200, y el resto en el albergue que tienen en la colonia La Aurora.

“Hay camas, se tienen los baños, cocina, ahí se pueden bañar, pero tienen prioridad, nos dieron la indicación, tanto en el edificio que corresponde a la parroquia como en el albergue, mujeres y niños”.

Aclara que desconoce cuántas mujeres y hombres conforman el contingente, ni sus países de procedencia. “Eso nos lo dará el padre Gustavo, que es el responsable”.

Abunda que la noche del pasado jueves albergaron a cuatro migrantes. “Dos nos dijeron que eran parte de la caravana, les dimos de cenar y se quedaron a dormir, y más tarde llegó una muchacha con su bebé, el cual, por cierto, venía enfermito, afortunadamente contamos con una doctora que también forma parte de la parroquia, quien ya la atendió”.

Lamenta que estos visitantes se reporten con angustia y confusión. “Es un poco difícil (su trayecto), por lo que se nota en el rostro de las personas”.

Rememora que hace dos años también participaron en un evento similar. “Somos una comunidad que apoya a los migrantes, dado que se cuenta con un albergue a nosotros se nos invita como un servicio a quienes más lo necesitan”.

Por último, dice que contrario a lo que ha ocurrido en otras entidades, principalmente en el norte del país, aquí ninguna amenaza han recibido por el desempeño de esta labor.


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