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Elote, un antojo tradicional en La Laguna

Lorenzo Guerra Acosta se quedó sin empleo en San Pedro de las Colonias, por lo que su cuñado le enseñó sobre el oficio y decidió aventurarse a las calles en su triciclo para vender su producto.

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Hace más de 22 años el trabajo en el campo comenzó a terminarse en San Pedro, cientos se quedaron sin empleo y tuvieron que comenzar a buscar nuevas formas de sobrevivir, incorporarse a empresas, en los pocos sembradíos que había o buscar su propio negocio.

Entre los que se quedaron sin empleo se encontraba Lorenzo Guerra Acosta, un jornalero que tenía que sacar adelante a sus hijos y a su esposa. Uno de sus cuñados vendía elotes y su esposa le sugirió que le aprendiera al negocio para que él también comenzara a vender.

Su cuñado le enseñó lo necesario de la venta de elotes, una vez aprendido el oficio la esposa de Lorenzo le insistió para que saliera a vender, pero él no accedía, tenía vergüenza de salir a las calles con sus elotes, por lo que durante un tiempo “mareo” a su esposa y no vendía nada.[OBJECT]

Al poco tiempo “fue más el hambre que la vergüenza” y decidió aventurarse a las calles en su triciclo, montó sus ingredientes: el elote entero, desgranado en una olla y un anafre para que el calor se mantuviera, mantequilla, queso, sal y chile colorado molido. También se llevó a uno de sus hijos para que le hiciera compañía y la pena fuera menos, así fue como comenzó a vender.

Y así, han pasado 22 años, un tercio de la vida de Lorenzo, quien cuenta que aún ahora, después de tantos años aún le da algo de pena, pero de eso vive, “yo era y todavía soy muy vergonzoso pero pues ya tuve que dejar la vergüenza para poder trabajar”.

Día a día Lorenzo sale de su casa a las cuatro de la tarde y vuelve a las ocho y media de la noche, termine o no termine de vender, su recorrido es por los barrios, es ahí donde prefiere vender, sobre todo en La Concha, La Trinidad y en San Isidro.

Luego de 22 años dedicándose a vender elotes, oficio que lo mantiene a él y a su esposa, pues sus hijos ya no viven con ellos, Lorenzo comenta que no siente que tenga tanto tiempo vendiendo, pues a lo largo de los años ha conocido a eloteros con más antigüedad.

crc

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