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¿Cómo se vive con agua de mala calidad?

Los habitantes de Santa María Aztahuacán sobreviven con poca agua y la que reciben tiene olor desagradable y les provoca erupciones en la piel. 

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En 45 colonias de la Ciudad de México, los habitantes reciben agua que incumple los estándares en materia de calidad de agua para el consumo humano, de acuerdo con información proporcionada por el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex).

Todas comparten una característica común: el agua que reciben es apta solo para su uso en limpieza y sanitarios.

Las delegaciones más afectadas son Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco.

De acuerdo con el reporte proporcionado por Sacmex en ocho colonias, ubicadas en Iztapalapa, Cuajimalpa y Tláhuac, el agua incumple con la norma oficial pero “las concentraciones presentes no afectan la salud del usuario por consumirla”.


En estos casos, “el consumo de agua no tiene afectaciones para la salud porque se trata de una condición organoléptica –que se percibe con los sentidos- pero que no tiene implicación hacia su consumo. Por ejemplo, presencia de color por exceso de fierro”, informó Mario Melchor Méndez, Jefe de la Unidad de Análisis Instrumental y Muestreo de Sacmex.

Melchor Méndez dijo a MILENIO que en algunas zonas de Iztapalapa -la delegación más poblada de la Ciudad de México, “sí existen problemas de fierro pero esta condición no afecta el consumo y el agua puede tomarse sin problemas”.

Para los habitantes de Santa María Aztahuacán, uno de los dieciséis barrios originales de la delegación Iztapalapa, la cosa no parece tan sencilla.

Los resultados del análisis a cargo de Laboratorios Clínicos Azteca a una muestra de agua proporcionada por los habitantes revelaron la presencia del microorganismo Escherichia coli, un tipo de bacteria fecal que causa infecciones gastrointestinales, infecciones de los ojos, irritación en la piel, entre otras afecciones de salud.

Desde hace años enfrentan problemas no solo de abastecimiento sino de calidad: el agua que reciben tiene olor desagradable y color terroso que les provocan erupciones en la piel y diarrea, aunque de ordinario no la utilizan para cocinar alimentos sí la emplean para desinfectar verduras y lavar trastes.

“El agua escasea mucho y la calidad del agua es de un color muy oscuro. A veces sale como del color del tamarindo, a veces es clara pero tiene un olor desagradable, como a podrido. Regularmente es así. Aquí como estamos en el mercado nos mandan el servicio gratuito de las pipas pero es lo mismo, el agua es desagradable. La utilizamos para la limpieza, los trastes, las verduras…”, dijo Jaqueline Granados, locataria en el mercado 63 “Santa María Azcahuacán”.

Los vendedores amarran un trapo alrededor de la llave para colar el agua. Las diminutas piezas de metal y la mugre quedan en el cedazo pero es imposible hacer lo mismo con el hedor.

El agua tiene un penetrante olor a podrido y la gente debe clorarla para lavar los trastos y los alimentos que luego cocinan con agua embotellada, agua que compran a una de las tantas purificadoras que hay en el pueblo y que les ofrece un precio preferencial: 12 pesos por garrafón de 20 litros.

Miguel Ocampo Aguilar, trabajador de la Purificadora Hunza, dijo que el agua que llega ala colonia es amarillenta y que incluso algunas personas compran agua embotellada para bañar a sus hijos o lavarse los dientes.

El pequeño negocio utiliza un preparado especial para lavado externo y una cámara de ozono para desinfectar cada garrafón mientras que tratan el agua con rayos ultravioleta y tres filtros para eliminar “cualquier bicho” que tenga el agua.

En los últimos meses la venta alcanza entre 70 y 100 garrafones diarios.

Guadalupe Ángel Jiménez, madre de familia de 30 años llegó a comprar hasta cinco garrafones semanales para cocinar, beber y bañar a sus hijos de 7 y 4 años: “Antes cuando vivía atrás de la Iglesia el agua llegaba amarilla, muy sucia y olía como a huevo. Colábamos el agua con un trapito y le poníamos clarasol. Como mis niños estaban más chiquitos comprábamos agua para bañarlos. Entonces usaba unos cinco garrafones por semana y somos cuatro de familia. Pero si no los bañaba les sacaba ronchas”, dijo.

Irma Torres Hinojosa, vecina del lugar, contó que no pueden almacenar el agua suficiente para las tareas del hogar durante las tres horas en que les llega el servicio porque se a los dos días huele mal.

Por ello su familia guarda agua en un tinaco especial para la cocina y la ropa y otro para el sanitario: utilizar el agua de manera indistinta puede ocasionar problemas: “hemos tenido diarrea, vómitos, infecciones en la piel. Nos sale salpullido y el cabello lo tenemos reseco siempre”.

Para María del Carmen Luna Aguilera, coordinadora del Comité Vecinal, las autoridades delegacionales conocen los problemas de agua que padecen diariamente los iztapalapenses “El año pasado en febrero cerramos dos ejes porque nos fallaba el agua y desde entonces dijeron que nos iban a conectar a que están por el reclusorio pero no se ha hecho”.

Cuando falta el agua, la delegación envía pipas dos días por semana pero es insuficiente: tienen que dividirse semanalmente una pipa de 8 mil litros para cuatro casas en las que llegan a vivir hasta cinco familias distintas que tienen en promedio cinco habitantes.

De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), la cantidad mínima de agua de la que deben disponer diariamente las personas son 100 litros diarios para realizar sus actividades diarias y satisfacer sus necesidades básicas

“A veces llegaban hasta 120 personas y hay casas que tienen hasta 5 familias en un domicilio y teníamos que mandarles agua los martes y los viernes porque nos les alcanzaba. Y con todo, los que pueden compran garrafones porque el agua que nos mandan no sirve ni para lavar trastes”.

MILENIO solicitó la postura oficial de la jefa delegacional Dione Anguiano sin obtener respuesta.

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