El canto cardenche, reliquia lagunera

Luchan por preservar la tradición.
Acardenchados
Acardenchados (Cortesía)

Durango

La Comarca Lagunera de Coahuila y Durango es una región cuyas noticias sobre inseguridad han acaparado los medios, pero a pesar de esas adversidades, una de sus reliquias musicales se mantiene intacta: el canto cardenche.

El pueblo mágico de Sapioriz está en Durango. Es un ejido que aún guarda la magia del cardenche, así como a sus últimos exponentes residentes de esta comunidad. Tres campesinos nativos de esas tierras intentan preservar esta antigua tradición, hoy casi moribunda. Sus cantantes anteriores han envejecido o muerto. Mientras que en el Distrito Federal surge un nuevo proyecto con tintes semejantes que bajo el nombre de Acardenchados, recorre un camino similar.

Los pocos estudios antropológicos que existen señalan que el cardenche se canta a capella desde finales del siglo XIX en poblados de Coahuila y Durango, como La Flor de Jimulco y Sapioriz. Sin embargo, otros discuten que su cuna proviene de Miguel Auza y Juan Aldama, pueblos zacatecanos hermanados con la Comarca Lagunera. Cardenche es una especie de cactácea endémica. Las cuatro voces que se utilizan en este canto son: “fundamental”, “arrastre”, “contra-alta” y “marrana”, encargadas de entonar “alabados” y “coloquios” durante las festividades locales en honor a Dios, la Virgen María, los fieles difuntos y las pastorelas. En la década de los treinta este canto se encontraba en auge entre la peonada de las haciendas.

Una copa de sotol es necesaria para dejar fluir los sentimientos y emociones a través de la voz en piezas como “Yo ya me voy a morir a los desiertos”, que es una de sus letras más dolorosas. También el amor y el desamor son otros de los temas recurrentes en su lírica.

La historia de Fidel Elizalde, de 67 años (voz contra-alta), Antonio Valles de 77 (voz grave) y Guadalupe Salazar (voz fundamental), de 65, se remite al honor y la responsabilidad que conlleva resguardar el cardenche como herencia de sus padres y abuelos para difundirlo por el mundo. En un principio lo conservaban solo en Sapioriz, pero a finales de los ochenta unieron sus voces y las transmitieron hacia rumbos más lejanos. En el último lustro los han invitado a festivales en todo el país, incluso en el Distrito Federal, y el extranjero en ciudades como Nueva York, Washington y la edición 2011 del Festival de Otoño en París, en el Centro de Arte Velizy-Villacoublay.

Este canto se ha explotado comercialmente poco, pero los cardencheros han obtenido reconocimientos como el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008, otorgado por la SEP. Tiempo después, otro de sus miembros, Genaro Chavarría, tuvo que abandonar el grupo por problemas de diabetes. En la más reciente película de Gael García Bernal ¿Quién es Dayani Cristal? (2014) tuvieron una pequeña participación.

Pese a los galardones obtenidos, las actuales circunstancias actuales no son del todo favorables para estos veteranos. Hoy en día continúan viviendo en el campo bajo condiciones humildes, pero aprovechan su estatus para insistir en tener un centro cultural en su comunidad, algo que les prometió el gobierno del municipio vecino de Lerdo, Durango, y que no ha cumplido hasta la fecha. Sapioriz carece de un espacio propio para las actividades artísticas de sus pobladores y por ello demandan la construcción de uno donde puedan practicar danza, manualidades y bailes folclóricos.

“En Lerdo ha sido desolador; no se ha puesto mucha atención ni ha habido respuesta a nuestras peticiones. Cuando recibimos el premio en 2008 le pedimos al presidente Felipe Calderón un local de usos múltiples en nuestra comunidad que no fuera solo para cardenche. Puras promesas y nada”.

Juan Pablo Villa es uno de los músicos defeños que se han acercado al cardenche para conocer a fondo las raíces de este arte. Ha permanecido temporadas en Sapioriz aprendiendo y conviviendo con don Fidel, Antonio Valles y Guadalupe Salazar, con quienes participó en conciertos como Espinada, celebrado en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris en 2013. Hoy ha reunido a otros cantantes como Juan Manuel Torreblanca, líder de la banda de rock; al promotor cultural Tareke Ortíz y al músico Leonardo Soqui, colaborador de Lila Downs, para construir un grupo llamado Acardenchados, que está por grabar su disco debut en Nueva York, donde también se presentará en el Lincoln Center en agosto. Hasta ahora, sus conciertos se remiten al reciente Festival de México y a bares capitalinos.

Mientras estos artistas estudiaban en la Escuela Nacional de Música a finales de los noventa, nació la inquietud de reunirse en un proyecto en común, pero lo lograron apenas el año pasado. El nuevo concepto incluye reinterpretaciones cardenches como “Al pie de un árbol” y “Ojitos negros”, piezas de música vernácula y otras propias como “Fantasía tropical”, “Como un amigo” y “Pásele, pásele” donde incorporan el acordeón y la jarana.

 “Nos sedujo el cardenche y la metáfora de la espina que se clava y duele cuando la sacas. A nosotros también nos gusta manejar este tono oscurón en nuestras voces mismas”, explica Juan Pablo. En una escena como la del DF, poco familiarizada con este canto, es arduo abrir brecha: “Estamos llevando esto hasta sus últimas consecuencias como cantantes y mexicanos, para así encontrar maneras más claras de llegar al público sin que esto se vea como algo pedagógico. Adquirir el nombre fue un compromiso que tomamos con mucho cuidado y responsabilidad. Pedimos permiso a los cardencheros para que nos dejaran llamarnos así sin que pareciera que nos apropiamos de algo”.

Mientras que la escena actual se debate entre fórmulas ya probadas y fusiones extrañas entre la cumbia y el rock, Acardenchados busca la experimentación que siempre lleva consigo un grado de riesgo. El canto cardenche lucha por su permanencia y aguarda a nuevos escuchas que jueguen con él hasta saciarse, como con un trago de sotol en las áridas tierras de La Laguna.