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Lunes , 24.09.2018 / 07:08 Hoy

Chimalpopoca 186: la fábrica de la solidaridad

Cientos de brigadistas y voluntarios trabajaron durante tres días en el derrumbe de lo que era la fábrica textil, de la que rescataron a 16 personas y recuperaron 21 cuerpos.

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Entre el polvo y el ruido del mazo, cientos de brigadistas y voluntarios demolieron uno a uno los pilares de concreto que soportaron la fábrica de cuatro pisos de Chimalpopoca #168, que por el sismo del pasado martes cayó estrepitosamente sin permitir que sus trabajadores lograran salir.

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Después de tres días de ardua búsqueda, desde un calor sofocante hasta una lluvia intermitente que azotaba la espalda de los rescatistas, lograron rescatar al menos a 16 personas y recuperaron 21 cuerpos.

Aquí también se dejó ver la solidaridad; cientos de voluntarios se dieron cita a la zona del derrumbe para repartir comida, agua y equipo para los brigadistas, rescatistas y civiles que trabajaban en la zona. Con botellas de agua fría, sándwiches y tortas recién hechas, así como cerros de guantes y cascos, todos, niños, adolescentes y adultos repartían, en carretillas, la ayuda a quien la necesitara.

“Vine ayer y hoy llegué desde las 8 de la mañana movido por ayudar, porque todos somos humanos y todos debemos unirnos ante estas catástrofes, algún día podríamos necesitar una ayuda similar”, dijo Erik Vergara, uno de los cientos de voluntarios que apoyó en la zona de la fábrica.

Los paramédicos no sólo se encargaban de atender con urgencia a las víctimas de los escombros, sino que, también al personal de las unidades de rescate que presentaron insolación, dolor de cabeza.

Además les aplicaron vacunas contra el tétanos, e incluso, lavado de ojos por si la tierra los irritaba. “También los rescatistas necesitan atención, no es fácil trabajar así en esas condiciones”, mencionó Verónica Becerril, enfermera de la Ciudad de México.

Dentro de la zona de riesgo repartían sándwiches y tortas e incluso se instaló una cocina móvil en la que, a cargo del chef César Castro, se prepararon varios guisados para alimentar a los rescatistas.

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Huevo con chorizo, atún, papa, mole y frijoles se repartían con todo y tortilla, y para acompañar ofrecieron sopa de lentejas o de pasta. “Hay que contribuir con lo mejor que sabemos hacer. La gente de algunos acopios de la zona nos dotan con lo necesario para que un equipo de cocineros, entre ellos yo, preparemos los alimentos, y ya los voluntarios sirven en platos y los llevan a los que están en la zona del desastre”, dijo el chef Castro.

Sin descanso, los cientos de personas continuaron hasta verificar que ya no hubiera víctimas por rescatar. A la expectativa duraron hasta dejar el piso limpio, fue en ese momento cuando se hizo un silencio total y todos, al unísono, entonaron a todo fervor el canto que une a todos los mexicanos: “Mexicanos al grito de guerra…”, después, la trompeta fúnebre honró a los que no lograron salir de aquella fábrica en Chimalpopoca #168.

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