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Viernes , 21.09.2018 / 17:14 Hoy

En CdMx, vivir sobre el viejo lago es tener más riesgo de derrumbe

Analistas y científicos señalan que el sismo del pasado martes tuvo gran impacto en la ciudad debido a la constitución geológica del Valle de México y a que el epicentro fue más cercano.

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De entre los escombros que dejó el sismo del martes 19 de septiembre los analistas y científicos empezaron a recuperar datos importantes, y uno de ellos es el que ratifica la importancia de la cuenca del Valle de México como multiplicadora de la intensidad de temblores ocurridos en otras partes.

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Apenas dos días después del fenómeno, Salvador Medina Ramírez publicó en Nexos el análisis titulado “El patrón de la destrucción del sismo del 19 de septiembre”. En el texto el autor, economista con una maestría en urbanismo, describe las dos causas primarias de la gran destrucción que padeció la capital del país.

La primera es simple: la distancia al epicentro. El temblor del 7 de septiembre se catalogó como un fenómeno de magnitud 8.1 mientras que el del martes 19 tuvo magnitud 7.1. Diego Melgar Moctezuma describe una sencilla comparación: el primer temblor fue como un foco de 200 watts, comparado con el segundo, de 60 watts.

En otras palabras, el sismo del martes se sintió más violentamente en la Ciudad de México a pesar de ser de menor magnitud porque su epicentro estuvo mucho más cercano.

Y la experiencia que vivieron millones de capitalinos se debió de manera muy importante a la segunda causa: la constitución geológica del Valle de México.

Después del gran terremoto de 1985, que causó muerte y destrucción sin precedentes, los científicos fueron llegando a consensos indicando que el impacto de estos fenómenos en el suelo de la Ciudad de México tiene más relación con la forma y constitución de la cuenca que con la naturaleza del sismo.

En otras palabras, las ondas sísmicas se mueven por la corteza terrestre con ciertas propiedades, pero cuando llegan a la cuenca capitalina ocurren fenómenos peculiares: las ondas quedan atrapadas en la cuenca y son amplificadas en intensidad y tiempo por la estructura de la cuenca.

Este efecto es más radical en el suelo capitalino ubicado sobre el viejo lecho del sistema de lagos de la antigua Tenochtitlan.

En su análisis, Medina Ramírez incluye dos imágenes en las que combinó datos de Google Maps (ubicación de derrumbes y otras emergencias) con el perfil de los lagos antiguos.

Da clic aquí para ver la adaptación dinámica de la imagen que construyó Medina Ramírez, con dos variantes simplificadoras: se redujo el volumen de datos para solo incluir daños y derrumbes, y se incluyó el perfil de las delegaciones de la Ciudad de México.

Siguiendo la liga, y activando los controles del mapa, se puede “encender” o “apagar” los perfiles de las delegaciones, que aparecen en verde (los marcadores azules identifican las delegaciones); se puede hacer lo mismo con el perfil de los lagos, que se muestra en color celeste, y pulsar cada uno de los identificadores rojos, naranjas y amarillos para ver a la izquierda el detalle de cada derrumbe.

Lo más importante es que la inmensa mayoría de los derrumbes ocurrió dentro del perfil de los antiguos lagos, donde el terremoto se sintió con más violencia por los efectos descritos y otros más que los sismólogos están estudiando ahora.


VJCM

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