El basurero de Cocula desde el aire

La inmensa pira donde quemaron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, ahí, en el remotísimo basurero de Cocula...

Es un vuelo virtual, con imágenes de satélite, desde Iguala hasta el basurero de Cocula, distante a más de una hora y media de carretera y brecha de terracería...

Ahí, en ese tiradero, los criminales incineraron durante 17 horas a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, después de que los secuestraron, los levantaron la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre.

Se trata del sitio en que los delincuentes bajaron como bultos, uno a uno, los cadáveres de 28 normalistas que habían sido transportados desde Iguala en una camioneta de redilas, en la cual murieron asfixiados, aplastados por sí mismos durante el largo trayecto, según confesaron sus captores.

Es el basurero de Cocula -donde los quince muchachos que llegaron vivos fueron asesinados a balazos por ese sicario apodado El Cepillo-, que está en una especie de cráter de 40 metros de profundidad. Desde el borde de la hondura, para llegar al tiradero, hay que descender casi veinte metros. Ahí fueron quemados, hasta carbonizarlos, los cuerpos de los 43.

En los primeros veinte metros, a partir de la cima, el lugar está lleno de basura, de toneladas de desperdicios. Si se observa desde el aire, el cráter es muy grande, tiene cien metros de un lado a otro.

En ese lugar, visto desde las alturas de la cámara satelital, se aprecia una gran mancha oscura que contrasta con la claridad del terreno y los múltiples colores de desperdicios esparcidos en el terreno. Es una tétrica mancha negra. Un espacio de 140 metros cuadrados (poco menos que una cancha de volibol). De acuerdo a las investigaciones de la PGR, justo ahí ardieron los normalistas ante la mirada impertérrita de los criminales que les prendieron fuego.

¿Cómo sucedió? Los sicarios colocaron una enorme cama de llantas de varios pisos, como si se tratara de la base de una de una pira. Los peritos argentinos, que fueron los primeros en trabajar en el la escena del crimen días después, hallaron alambres calcinados de los neumáticos. Los asesinos también colocaron ramas y basura sobre las llantas para que el fuego ardiera con mayor intensidad.

Arriba de los neumáticos, los delincuentes primero acomodaron, en una fila, a ocho estudiantes. Encima de ellos, cruzados, pusieron otra fila de cinco jóvenes, como si fueran troncos colocados en una chimenea que está a punto de ser encendida. Así continuaron, hasta que los cuerpos de los jóvenes quedaron colocados en ocho pisos. Luego los rociaron con aceleradores para que hicieran combustión: con gasolina y diésel. Cuando el fuego empezaba a extinguirse, volvían a derramar combustible sobre la pira para que las llamas se avivaran.

Fue tal la intensidad de fuego, que cambió la estructura del terreno, de las piedras calizas, de acuerdo a lo que se asienta en el expediente del caso.

Al día siguiente, los restos calcinados fueron arrojados al Río San Juan en cinco bolsas de plástico. La corriente del agua se llevó todas, salvo una, que recuperaron los investigadores de la PGR.

Fueron los peritos argentinos los que encontraron coincidencias con esos fragmentos, los del río, y los del basurero de Cocula. Y ellos también fueron quienes escogieron 17 muestras para enviarlas a la Universidad de Innsbruck, donde semanas después fue reconocido el ADN del estudiante Alexander Mora, uno de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Se confirmó así la funesta noticia: los estudiantes de Ayotzinapa fueron secuestrados por policías de Iguala y Cocula, entregados a delincuentes del cártel Guerreros Unidos, asesinados por éstos, y sus cadáveres fueron quemados por los sicarios...

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En las imágenes satelitales, a partir de Cocula, se aprecia el relieve topográfico y la vegetación semiárida por la que serpentea el camino hacia el basurero. Es una vía desolada, sin el menor rastro de viviendas, de población alguna. Observe usted en el video el aislamiento del trayecto, los pequeños montes que hay que bordear. Y mire usted la ubicación del remotísimo basurero de Cocula, ese silencioso tiradero en el que, hace cuatro meses, los criminales construyeron una inmensa pira para calcinar los cuerpos de los 43 estudiantes...