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Miércoles , 15.08.2018 / 09:18 Hoy

Cantinero: el psicólogo sin título

Hace 40 años, cuando terminó la preparatoria, Juan Garza buscó empleo y terminó tras la barra de "El Congreso" en Lerdo. Desde entonces, se dedica a escuchar y a saciar la sed de los clientes.

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Ir a una cantina no es sólo sentarse a la barra y beber cerveza, tequila o mezcal, es un ejercicio de catarsis.

Se tienen penas o problemas y se habla con el hombre de la barra, un psicólogo sin papel ni título, el "don" de escuchar y dar la respuesta que el comensal busca.

El Bar Congreso es bien conocido por los lerdeases, pues desde hace 100 años ocupa un espacio frente a la plaza principal.

Tras la barra, de martes a sábado, está Juan Garza Gómez, quien desde hace 40 años ha escuchado problemas y evitado peleas, ha mantenido lleno el tarro de sus "pacientes", de sus amigos, de sus clientes.

"A veces hasta me dicen 'doctor psiquiatra'. Aquí he sabido, he conocido, me han sacado la pistola, me he peleado y cuanta cosa", platicó Juan.

Únicamente estudió tres años de preparatoria y en cuanto la dejó, llegó al Congreso a trabajar mientras encontraba algo mejor, pero ya pasaron 40 años y sigue tras la barra.

[OBJECT]Cercanos a su madre le preguntaban "¿para eso estudió Juan, para terminar en una cantina?". Ella contestaba: "Si Dios quiso que estuviera dónde está, es por algo".

"El dueño de aquí me decía 'mire, Juan, cuando llegue gente y usted ande haciendo la talacha, deje todo y atienda al cliente, porque es el que le va a dar el chivo", contó Juan.

Aseguró que entre sus particularidades tiene la de saber reconocer a la gente, su personalidad, desde que cruza la puerta de la cantina.

Le ve algo, se siente raro y hasta se empieza a poner nervioso, "puedo pensar, 'voy a tener problemas con este' y dicho y hecho".

En todos sus años de experiencia le ha tocado atender toda clase de personalidades y escuchar las historias más extrañas.

Entre tanta personalidad a la que le ha llenado el vaso, está el concertista de piano, José Jaramillo.

Y por paradójico que se lea, en los 40 años que tiene Juan escuchando penas e historias de los demás, ha sido solo una vez la que ha tomado desde que empezó a trabajar en el Congreso. A partir de eso se ha limitado a hacer lo que tiene qué hacer.

"Dios me dio el toque para saber escuchar, que es lo principal para un cantinero". Ahora, cinco días a la semana, espera tras la barra a que le llegue un nuevo paciente, otro cuentacuentos, un nuevo amigo, a algúo adicto a hacerla de tos, en todo caso, nuevas voces que escuchar y sedes que saciar.

JFR

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