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Miércoles , 17.10.2018 / 16:41 Hoy

Campamento Colector 13: los olvidados del 85

Desde su instalación en 1986, el campamento de damnificados del sismo no ha cambiado mucho: casas de láminas de asbesto y pasillos de tierra.

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Junto a la entrada del Metro Lindavista y a la tienda del IMSS, el campamento Colector 13 pasa casi desapercibido para los cientos de personas que diariamente caminan por ahí.

Desde su instalación en 1986, no ha cambiado mucho: casas de láminas de asbesto, pasillos de tierra y sólo en algunas secciones, loseta. Las viviendas están organizadas en trece módulos.

El campamento de damnificados del sismo de 1985 tiene mil 105 metros cuadrados. En una de las entradas, una gran imagen de la Virgen de Guadalupe adornada con luces de colores da el recibimiento a una miniciudad donde falta casi todo.

Este lugar de viviendas fue fundado por 300 familias de Tepito, Vallejo, Martín Carrera y Cuautepec que perdieron su patrimonio en el terremoto del 19 de septiembre de 1985.

Alfredo Villegas, líder del campamento, es uno de los primeros residentes del campamento. "Yo tenía cuatro años y vivía con mis seis hermanos y mi mamá en Vallejo, en una vecindad en la zona conocida como 'Las Cavernas'. Por el temblor, el edificio quedó dañado y las autoridades nos reubicaron en la calle de Río Bamba (en Lindavista)", dice en entrevista para Milenio.

Las viviendas de Río Bamba ya estaban construidas cuando las personas llegaron. El entonces Departamento del Distrito Federal les llamaba módulos de vivienda. En 1986, el campamento se trasladó a la calle de Colector 13, donde aún habitan.

Al perder sus casas y en algunos casos sus empleos, no tenían dinero para comer y reconstruir su hogar. "Con el tiempo, uno se fue haciendo de sus cosas. No todos los vecinos pero la mayoría de la gente de la colonia nos ha echado la mano. Actualmente el apoyo ha disminuido pero, por ejemplo, en temporada de frío nos traen cobijas porque con las láminas, las casas se vuelven congeladores", dice.

El entonces DDF prometió construirles mejores viviendas y los reubicó en la calle de Colector 13. En el sitio del primer campamento, el gobierno edificó Parque Lindavista.

Al no tener respuesta por parte del DDF, los vecinos crearon tres proyectos de vivienda. Aunque lograron obtener todos los servicios públicos, ninguno pudo convencer a las autoridades de otorgarles una casa. "Siempre se manejó con fines partidistas. Si pertenecías al partido en el gobierno, te ayudaban. Hemos sido vetados; sólo nos dan largas, no nos resuelven", afirma el líder de Colector 13.

"Hemos hecho trámites en el Instituto Nacional de la Vivienda, hablado con el GDF y con el IMSS, ya que el terreno le pertenece porque estamos junto a la tienda", dice Alfredo.

Los nuevos vecinos

Con el paso del tiempo, algunos de los integrantes originales del campamento lo abandonaron. En su lugar, llegaron personas de otras colonias y albergues, quienes fueron reubicados por las autoridades de la delegación.

"En total, hay 200 familias y de esas, 50-55 todavía son de gente que llegó por el sismo. La mayoría de los habitantes son niños. Llevamos tres generaciones y vamos por la cuarta, si es que no nos reubican", dice Alfredo.

Una de las personas que llegó años después del sismo fue Leticia Santiago. Ella vivió hasta 1992 en un albergue de San Juan de Aragón con su madrastra, pero el lugar fue destruido. Actualmente vende café de olla afuera del Metro Lindavista.

"Nos trajo para acá una persona que era casi dueña del albergue y nos dijo que aquí era una zona para los que no tenían hogar y aquí llegamos. Nos recibió el señor Melitón, quien era dirigente del campamento", dice.

Liliana Ortiz vive en Colector desde 1992. Ella era parte del albergue de La Villa, donde actualmente hay un paradero de microbuses. "Nos trasladaron aquí porque iban a construir departamentos. Sí hicieron unos pero ya no nos regresaron", cuenta.

30 años después

"Hemos sufrido muchas carencias de varias cosas. Nos afecta la lluvia, las inundaciones, el frío. Cuando hace calor parece horno, pero uno se tiene que aguantar hasta que le den la ayuda de la vivienda", dice Leticia.

Adentro del campamento hay dos tiendas de abarrotes, una capilla y una lechería. Liliana dice que los sacerdotes no quieren ir a dar misa al campamento "hasta para eso nos discriminan", cuenta molesta.

Cada sábado, misioneras acuden al campamento a impartir clases de catecismo y todos los meses, un grupo de cristianos lleva víveres. "Aquí se recibe a todos. Cada quién decide adoptar lo que quiere", explica Alfredo.

Para cuidar sus viviendas, los vecinos formaron brigadas de vigilancia. De las 21:00 a las 23:00 y en algunas ocasiones, hasta las 01:00 horas del día siguiente, un grupo de personas con chaleco amarillo con naranja resguarda el sitio.

"Hemos bajado los índices de delincuencia porque antes venían a robar de otras colonias pero ya los detectamos. Como agradecimiento, las personas nos traen pan dulce", dice Alfredo.

Pero, después de treinta años y a pesar de las promesas de la delegación, ellos no consiguen un sitio digno para vivir.

"El gobierno ha dicho que ya no existen damnificados del 85 pero eso es mentira. Jamás han venido a conocer a las personas que aún habitan en campamentos. Hay una doble moral en este tema", afirma Alfredo.

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