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Calendario de Galván, un repaso a la historia de México

El almanaque no solo ha marcado los días y ofrecido el santoral, también ha contribuido con ramas como agricultura, educación y formación cívica.

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Cuelgan de las paredes de infinidad de hogares, como un objeto que, de tan cotidiano, pasa desapercibido; también se pueden encontrar en un espacio más importante, al que se acude cuando se trata de tomar una decisión importante en el ámbito individual o colectivo, pero sin duda pocas veces llega a tener la importancia que en su momento tuvo el Calendario de Galván.

"La colección de Galván es uno de los 365 títulos que tenemos en el acervo de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH), la más completa que existe, lo puedo asegurar, en la Ciudad de México, porque va desde que se inició en 1827 y llega hasta 1973, aun cuando el calendario se sigue publicando hasta la fecha, con el sello de Murguía", explica la historiadora Laura Herrera, quien realiza una investigación sobre calendarios.

Se trata de un documento que, más que marcar los días y los santorales, da cuenta de fenómenos astronómicos e importantes fechas eclesiásticas, que servía para regir la vida cotidiana de los ciudadanos durante el siglo XIX, e "incluso podríamos decir que hasta la década de los sesenta del siglo XX, su punto más alto".

Los ejemplares del Calendario de Galván ya se pueden revisar de forma digital en la BNAH, del INAH.

"Los primeros calendarios o almanaques que se publicaron sirvieron para regir la vida de los campesinos, para saber cuándo sembrar y cosechar basándose en las fases de la Luna. Entonces los destinatarios principales fueron los campesinos, pero poco a poco fue absolutamente indispensable para todo tipo de público", destacó Herrera, quien, junto a la bibliotecóloga Mezli Silva y la restauradora Xóchitl Cruz, se encargaron de la recuperación de los volúmenes.

Importancia cultural

El Calendario de Galván se compone de más de 390 volúmenes, recuperados en la BNAH, el cual ofrece una información doble: histórica y documental, en especial por el interés de Mariano Galván Rivera en ofrecer un producto útil, que además era un buen negocio, al grado de que en su momento se intentó piratear la propuesta.

"Resulta que es el calendario que tiene mayor éxito en todas las décadas que siguieron, incluso hasta la actualidad. Este interés se expandió a otros calendaristas muy importantes, como Ignacio Cumplido o Vicente García Torres, quienes también hicieron calendarios que se distribuían por todo el país y llegaban a los lugares más recónditos".

Fue en ese tiempo en que Galván Rivera colocó en la cubierta una advertencia que acompaña al calendario hasta nuestros días: "del más antiguo Galván", a fin de que la gente pudiera identificarlo y no se fueran con el producto de otro editor plagiario del nombre. Fue un editor que tenía la intención no solo de ofrecer algo útil al público, sino de también educar. "Por eso se incluyen en sus calendarios artículos relativos a historia, filosofía, principios morales, máximas, etcétera".

Entre las características del Calendario de Galván estaban los artículos históricos, sobre todo después de la guerra con EU, cuando se perdió la mitad del territorio. "Y hacia 1892 empieza a publicar sus famosas efemérides, que eran imprescindibles ya en lo sucesivo, como lo fue el santoral", explica Herrera.


Un trabajo complementario

En un primer momento el Calendario de Galván era de "bolsillo", tenía un tamaño de siete por 10 centímetros y luego aumentó a 10 por 15; incluso sus cubiertas sufrieron una evolución con el paso de los años, de acuerdo con la bibliotecóloga Mezli Silva.

Luego se agregaron horóscopos y anuncios publicitarios, principalmente de cervezas, cigarros, máquinas de coser e incluso de la misma imprenta que los realiza, lo que reflejó su transformación, a decir de la especialista.

"Aquí tenemos una evolución no solo del conocimiento sino también en la vida editorial, porque hablamos de formatos, encuadernaciones y contenidos totalmente distintos", señala.

"Al final, cada impresor le dio un toque diferente: se incluyeron imágenes a color, se colocó publicidad y se cambió el papel, para lo cual hasta se tuvieron que elaborar unas guardas especiales para proteger la integridad de cada uno de los calendarios, suelto o encuadernado", enfatizó la especialista.

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