El 'Cuauhtémoc', 34 años de avivar el espíritu marinero

El buque escuela regresó a México y arribó a Acapulco, tras siete meses de viaje por varios continentes; algunos buscan mantenerse como personal fijo y otros reclutas continuarán con su preparación.
El navío arribó ayer a costas guerrerenses.
El navío arribó ayer a costas guerrerenses. (Jorge Carballo)

Guerrero

Luego de una travesía de casi siete meses, ayer arribó al puerto de Acapulco, Guerrero, el buque escuela Cuauhtémoc. Al encabezar la ceremonia de bienvenida al barco y su tripulación, el secretario de Marina, Vidal Francisco Soberón, hizo un reconocimiento al titular de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y a la tropa bajo su mando, “por el trabajo que realizan en favor de la seguridad del territorio mexicano y sus habitantes.

Es la pasión por este gran país lo que lleva a nuestros soldados a darlo todo”. Asimismo, expresó sus condolencias a la Sedena por la muerte de cinco soldados durante una emboscada del crimen organizado, ocurrida el pasado viernes en Culiacán, Sinaloa.

Soberón también reconoció el trabajo de los cadetes de la Heroica Escuela Naval y la tripulación del Cuauhtémoc durante el crucero de instrucción: “Estoy seguro que ha sido una experiencia inolvidable para ustedes. Ahora forman parte de la bitácora de este gran buque que en poco tiempo cumplirá 35 años de exaltar el espíritu marinero de nuestros cadetes”.

Recordó a los cadetes la obligación que, dijo, tienen con México: “La sociedad demanda de ustedes una conducta intachable y absoluto respeto por los derechos humanos. En días recientes, el presidente Enrique Peña Nieto ha dicho que el compromiso de los jóvenes es el rumbo de México. Responder al llamado de nuestro presidente es una muestra de honor, lealtad y patriotismo”.

Durante la ceremonia también estuvieron presentes los secretarios de Educación Pública, Aurelio Nuño; de Salud, José Narro, y el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo.

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El objetivo de este “Crucero de instrucción ibero atlántico” es que los estudiantes de la Heroica Escuela Naval pongan en práctica sus conocimientos técnicos y prácticos sobre navegación.

Como el cadete Diego Mirón, quien reconoce que realizar este viaje es un privilegio, más que un requisito para su formación.  “Cada que una generación llega al buque siempre trae expectativas de lo que quiere lograr, y siento que este año fueron superadas. Es muy interesante conocer cómo en el pasado se manejaban los antiguos marinos y el arte de la navegación a vela, que es completamente diferente a la actual, que se realiza por propulsión a motor”, dice el joven, tras regresar al punto de partida.

Beatriz Encarnación también es cadete, de quinto año. De todo el viaje resalta su estancia en Europa. “Surcar los mares internacionales y cruzar el Atlántico, ir a otros continentes, como Europa, y conocer países como Inglaterra y España ha sido una experiencia maravillosa”, recuerda.

Pero no todos los tripulantes del Cuauhtémoc desembarcaron en Acapulco. Hay un numeroso grupo (163 de los 254 tripulantes) que forman “la tripulación fija”. Son los elementos que se encargan del mantenimiento del buque. Se distribuyen en las tres partes del barco: proa, popa y centro. Durante el curso de instrucción transmiten a los cadetes sus conocimientos. Cuando un nuevo elemento se embarca debe pasar a bordo por lo menos dos años y después decide si se baja o continúa a bordo.

Es el caso de Carlos Alberto Oms Salas, segundo maestre, con seis años embarcado en el Cuauhtémoc. “Por alguna u otra razón siempre regreso. Toda mi vida he estado embarcado, me siento a gusto y mi familia me apoya. Tal vez este podría ser mi último viaje, no lo sé, pero estoy listo para continuar”, dice convencido.

Ser parte de la tripulación fija de este buque es algo que primero se aprende, perfecciona y transmite a las nuevas generaciones. “Cuando yo llegué, los compañeros me ayudaron a aprender y ahora es un ciclo que se repite. Ahora a los compañeros que llegan yo les enseño, y cuando yo no esté ellos deben enseñar a los que lleguen”.

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En el Cuauhtémoc se pone a prueba lo que se aprendió en las aulas. Las lecciones se llevan a cabo en cubierta a cualquier hora, incluso en la madrugada. El sonido que emiten los silbatos de los oficiales es la señal de salida. Sobre el buque se efectúan prácticas para responder a cualquier situación, sobre todo frente a las inclemencias del tiempo, derivadas de distintos fenómenos meteorológicos.

Las faenas de trabajo no paran. El sol, como un ojo iracundo, se coloca sobre las cabezas de los tripulantes, apenas protegidas por las gorras de sus uniformes. Soportan temperaturas de hasta 30 grados, sobre todo entre las 13 y 16 horas. El lenguaje universal de este buque son los gritos que se extienden, por los 90 metros y medio que mide de proa a popa. No hay tiempo que perder, la inmediatez es vital para las labores en alta mar.

Pero como en cada lugar, hay zonas que son indispensables. “En la proa puedes tener la sensación total de la navegación, aislado de los ruidos y la gente, puedes apreciar lo mejor del buque y la naturaleza”, dice Pedro Mata, comandante del Cuauhtémoc. Lleva dos años al frente de esta embarcación.

“De este año me quedo particularmente con la fortaleza mostrada ante diferentes condiciones meteorológicas y con la excelente capacidad y cualidades marítimas de nuestro buque, que no solo es bonito, sino también fuerte y robusto para aguantar las inclemencias del mar”.

Ya en puerto cada tripulante tomará su rumbo. Los cadetes regresarán a Escuela Naval, en Veracruz. Algunos oficiales planean volver a embarcarse, al igual que la tripulación fija. Y en dos semanas el buque será llevado al astillero de Salina Cruz, Oaxaca, para recibir mantenimiento.

“Durante el crucero nos encontramos con buques que tienen 108, 110 años; esa debe ser nuestra aspiración, que nuestro buque dure muchos años”, dice el comandante Mata antes de volver a su oficina.