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Lunes , 22.10.2018 / 10:36 Hoy

"Un borrego nunca olvidará a otro borrego": el homenaje a alumnos del Tec de Monterrey

Entre recuerdos, lágrimas y sonrisas nostálgicas, estudiantes y profesores vestidos de blanco se reunieron para rendir tributo a los cinco jóvenes que murieron el 19 de septiembre.

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El restaurante que se encuentra frente a la zona deportiva del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México se llenó de gente vestida de blanco. Eran estudiantes que habían llegado antes para recordar en privado a Juan Carlos, Édgar Michele, Alejandro, Rubén y Luis Manuel: cinco estudiantes que murieron con la caída de los puentes de la escuela en el terremoto de magnitud 7.1 del 19 de septiembre.

Jesús revisó su correo esta mañana, no lo había hecho durante la semana pasada. En su bandeja de entrada todavía tenía un correo sin abrir de Luis Manuel. Era información para un proyecto en el que trabajaban en equipo. Ahora parece no tener importancia, aunque hace apenas una semana ese proyecto tenía cierta urgencia. Hoy, justamente, habrían tenido que reunirse para revisar los avances, pero ahora el tiempo parece estancado.

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[OBJECT]El Tec CCM está cerrado y los edificios dañados, pero eso no evita que cientos de estudiantes lleguen a dejar flores blancas y mensajes antes de asistir al homenaje en la cancha de futbol americano. Los alumnos aún lloran. Su vida cambió: personas con las que compartían clases ya no estarán nunca más en sus salones.

Todos hablan del temblor, dónde los agarró, qué fue lo que hicieron al instante, su labor en las brigadas. Por momentos ríen, pero en el ambiente predomina la tristeza. Los lentes sobre los ojos la ocultan.

—Yo hablé con Luis el lunes —se escucha una voz.

—Yo saludé en la mañana a Alejandro. Nos veriamos más tarde —se escuchan murmullos de pequeños grupos de amigos.



Rosas blancas, ropa blanca. Cinco personas que evocamos. Varios recuerdos de decenas de estudiantes: la primera vez que se conocieron, la primera fiesta, el primer viaje.

El dolor da paso a la risa con cada recuerdo:

—La semana pasada criticábamos a un maestro por las calificaciones. Le dijo que su trabajo era muy bueno para ser de él. ¡Te imaginas! —dice una chica de cabello negro y lentes oscuros sobre la cabeza. Su amigo ríe. "Sí, me contó", le responde.

[OBJECT]Ella baja los lentes, le escurren algunas lágrimas. Un profesor la abraza y ella no puede disimular el llanto: "Por eso no me gusta que me abracen", dice con voz entrecortada.

A los largo de las filas hay maestros de psicología y marinos. Los primeros consuelan, escuchan y dan consejos a los alumnos; los segundos sólo miran la escena en silencio.

En la entrada al campo de americano, donde algunos dejan mensajes, hay cinco coronas de flores y cinco globos blancos.

Los alumnos hablan también sobre la muerte, cómo les gustaría morir o qué hacer con su cádaver:

—Yo no quiero que me hagan rosarios, se me hace más díficil —dice un estudiante.

—Quiero que me cremen —le responde su amigo.

Otro, junto a ellos, sólo dice: "qué miedo".

Discursos institucionales, palabras de aliento a los padres, recuerdos de los amigos y una promesa del vicepresidente del Tec, Rachid Abella: "Al final, las cosas estarán bien, si no están bien es porque todavía no es el final".

Hoy todos se despiden con una rosa envuelta en listones negros, no hay una imagen que los recuerde salvo la memoria, porque, como se escuchó durante el homenaje, "un borrego nunca olvida a otro borrego".



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