“¿Y nuestros hijos secuestrados?”

Desde hace cinco meses Don Martín no ve a su hijo; hombres armados lo secuestraron. Se integró al grupo armado de Teloloapan para intentar recuperarlo, pero el movimiento fue desmantelado.
Don Martín lamentó que el movimiento en Teloloapan fuera desmantelado.
Don Martín lamentó que el movimiento en Teloloapan fuera desmantelado. (Rogelio Agustín Esteban)

Chilpancingo

El pasamontañas no cubre la expresión de angustia de don Martín, un hombre de 65 años que durante seis días se ocultó tras un pedazo de tela, tomó un machete y se fue a cerrar la carretera Iguala-Pungarabato.

Tenía el propósito de liberar a su hijo secuestrado hace cinco meses. Para don Martín la situación era clara; regresaba con su hijo a la casa materna o entregaba la vida peleando contra los delincuentes que se lo llevaron.

Como él, son muchos los hombres y mujeres agraviados por la delincuencia que se sumaron al movimiento que inició el ex presidente municipal Pedro Pablo Urióstegui Salgado.

Como muchos también desconfiaba del ex primer edil, a quien miró levantarse contra el PRI en el movimiento electoral que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en 1988, tiempo en que se distinguió como dirigente izquierdista de tendencia radical.

Se dio cuenta cómo, tras su aprehensión y encarcelamiento en un penal de máxima seguridad, Pedro Pablo se convirtió en militante del tricolor y emprendió movimientos constantes para desestabilizar a las administraciones del PRD en Teloloapan.

"Lo seguí porque nadie más levantó la voz contra estos delincuentes, los actuales gobernantes solamente hacían que no pasaba nada y nuestros hijos seguían cayendo. Alguien debía llamar al pueblo a rebelarse contra estos malvivientes y cuando vimos la ocasión nos sumamos de inmediato", argumenta.

Viste una playera color crema con las siglas del Movimiento Apaxtlense Adrián Castrejón (MAAC), grupo de autodefensa que en diciembre pasado expulsó a una célula de la Familia Michoacana en la cabecera municipal de Apaxtla.

A ese mismo grupo le acredita el secuestro de su hijo, del que se reserva el nombre para evitar que sufra represalias en su cautiverio.

De hecho, asume que el nombre de Martín en realidad es un alias, pues no piensa revelar su identidad para que los delincuentes lo ubiquen y agredan.

El rostro curtido refleja una vida de trabajo en la tierra, el machete en la mano se acopla perfectamente y la voz clara, sin pausas provocadas por el nervio proyecta convicción.

"Hace ocho días había 30 secuestrados y entre esos está mi hijo. Ya tiene cinco meses que se lo llevaron y por muchos que han regresado, sé que está vivo".

Por sus propios medios ha tomado testimonios de secuestrados que regresaron a sus pueblos después del pago de sus rescates. Ellos le han dicho que su hijo vive sujeto a maltratos.

"Está débil porque casi no me le dan de comer", lamenta.

En los momentos del desalojo realizado la mañana del lunes, don Martín cuestionó a las fuerzas federales sobre las acciones que emprendieron para regresar la tranquilidad a las familias de la zona.

Ante el silencio deja escapar una respuesta que implica una acusación: "No hicieron nada".

Luego plantea su reproche: "Hoy que nos organizamos y decimos que vamos a liberar a nuestros secuestrados, ahora se preocupan por romper nuestro grupo".

En diciembre pasado, los vecinos de Teloloapan y pueblos cercanos realizaron un conteo de por lo menos 60 personas secuestradas.

Muchos familiares acudieron al campamento que militares mantienen en la cabecera municipal, ofrecieron llevarlos hasta las casas de seguridad en que los mantienen, pero no tuvieron éxito en la gestión.

Por eso, el señor Martín pidió a los pueblos afectados -casi todos en la región- a integrar grupos de policías comunitarios, pues son los únicos interesados en reinstalar la tranquilidad.

Antes de que la presencia policiaca y militar desmantelara el movimiento, surgido el pasado 20 de febrero, don Martín formó parte del grupo de hombres que parecía resuelto a la confrontación.

La prudencia ganó a los dirigentes que aceptaron retirarse pacíficamente, pero antes de treparse a la camioneta que lo sacó de la cabecera municipal de Teloloapan, el anciano del pasamontañas dejó en el aire un cuestionamiento: ¿Y nuestros hijos secuestrados?