Los animales que extrañan los aplausos

El BioParque de Tizayuca, Hidalgo, atiende jaguares, osos y otras especies que fueron sacadas de las carpas. Su veterinaria dice que no eran maltratados y han tenido problemas para adaptarse.

Hidalgo

Hace un año cientos de animales fueron expulsados de los circos y se les arrancó del alimento del artista: aplausos, sonrisas y ovaciones de niños y adultos. Hoy, todos ellos en cautiverio, pues nunca fueron liberados como se prometió, viven aun con “depresión, tristeza, apatía, cohibidos…”.

Para la veterinaria del BioParque de Tizayuza, Hidalgo, Nayelli Padilla, nunca debieron dejar el circo. Aquí vinieron a dar por lo menos 200 de esos animales, una vez que entró en vigor la Ley General de Vida Silvestre, el 8 de julio de 2015.

“Se tiene un mal concepto de lo que fue el circo con animales, los cuales no traían maltrato, sí con un poco de deterioro, pero nunca maltratados”.

El alcalde de Tizayuca, Juan Núñez Perea, recordó en entrevista con MILENIO que a raíz de la expulsión de los animales de los circos, decidió compra un lote considerable de éstos en alrededor de 1 millón 800 mil pesos.

Hoy sus instalaciones, cuentan con 200 animales, comprados y recibidos en donación de particulares: “tigres, dromedarios, camellos, osos, pumas, jaguares, changos, tanto papiones como monos araña; en fin, una diversidad de animales hermosos”. Califica que en el circo “eran artistas, no animales”, y se alimentaban de aplausos. Ahora “en su cautiverio no reciben maltratos”.

En este municipio se localiza el poblado de Tepojaco, donde desde hace más de 30 años llegaban a descansar animales de circos. “Estos eran hermosos, bien cuidados”, recuerda el alcalde Núñez.

Llegaban “con sus animales, remolques, jaulas, utilería para sus shows”. Ahora, parte de esos animales pertenece al BioParque que en días será inaugurado.

'Polo', “llegó con buen trato”

Nayelli Padilla señala que el jaguar Polo “tuvo una buena vida, fue feliz en el circo y se le ve. No tiene comportamiento agresivo hacia el humano”.

Polo es un ejemplar macho de 19 años que trabajó en el Circo Chino de Pekín y “ya tiene una edad senil; tuvo problemas en sus cuatro colmillos y se le hizo endodoncia, tiene osteoartritis y recibe un tratamiento paliativo para sus articulaciones. Lo de los colmillos es un desgaste natural por la edad”.

Era un animal que ya se había jubilado en el circo y se le usaba sin garras para que los niños se tomaran con la foto, donde lo apapachaban y es algo que extraña.

Para su revisión en el BioParque se le introduce a un espacio pequeño. Una vez al terminar “le abrimos la puerta y no se salió, se pegó a la reja y quería ser apapachado y que jugaran con él. Después de ser consentido se retiró”.

Daños por cambio de hábitat

La bióloga del BioParque, Marisol Rodríguez, coincide en que “los animales de los circos no llegaron maltratados ni con trastornos”.

Narra que a raíz de su llegada al cautiverio “una papiona inició con problemas de conducta y se arrancaba el pelo, pero el problema se ha reducido. Justifica que “vienen de un circo donde tenían actividades de destreza mental, es decir, un acto les implicaba entender lo que pedía el domador”.

La bióloga muestra a la cámara de MILENIO tv al primer cachorro papión que nació el 29 de febrero pasado. Sus padres vienen del Circo Medina, con sede en el estado de Hidalgo.

Cuando el bebé nació, notábamos la cara de asombro e incertidumbre  de sus padres, quienes lo arropaban y cuidaban para que no se lastimara, pero ahora los sigue a todas partes y se ven felices, explica.

Otro caso es el de Rosa, una osa negra que entró en “apatía, la cual no fue tan severa y con entrenamiento y enriquecimiento mental se le trata de corregir. En el Circo Bradley andaba en triciclo y fue un golpe fuerte, salir del circo: perdió familia y cambió de casa”, agrega Nayelli Padilla.

Otro caso es el de Víctor, un dromedario que tiene 13 años de edad. “Desde que llegó aquí está como cohibido, ha tenido ciertos hábitos diferentes, pero ya está más tranquilo”, informa el jefe de personal del BioParque, Salvador Rolando Quezada González.