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Viernes , 21.09.2018 / 19:36 Hoy

Anaya, un día de campo en el Iteso

El candidato de la coalición Por México al frente, fue el primero que visitó el difícil campus jesuita del Iteso, pero salió airoso

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Un breve conato de conflicto, atribuible a que los organizadores del encuentro subestimaron la convocatoria que tendría Ricardo Anaya Cortés en el Iteso, así como algunas proclamas favorables a su principal rival en los amores por la silla presidencial, Andrés Manuel López Obrador, fueron los incidentes menores en una jornada en que el político panista que encabeza la coalición México al Frente salió airoso de uno de los usualmente difíciles planteles jesuitas, que al menos en el discurso -o en el tono y la estridencia, dirían sus críticos-, parecen ser bastiones de la retórica “progresista” o de “izquierda”, sea lo que ello signifique en un país en que las ideologías apuntan, hoy sobre todo, más a eslóganes y emociones que al rigor racional y programático.

El mejor ejemplo de esa ambigüedad de la oferta política lo encarnó ayer el político queretano, cercano a la derecha panista pero vinculado por los intereses electorales al partido de izquierda más antiguo que le queda a México, el PRD. Sabedor del sitio que pisaba, el candidato se pertrechó de aliados ligados a la agenda de derechos humanos (Emilio Álvarez Icaza), a la agenda de la economía social (Salomón Chertorivsky), e incluso exalumnos de la Compañía de Jesús que vivieron su juventud cerca de la teología de la liberación y de la “utopía armada” (Rubén Aguilar y su “lucha contra la dictadura en El Salvador”).

Este primer “diálogo por México” –la intención de la casa de estudios es traer a todos los candidatos presidenciales y los aspirantes al gobierno de Jalisco-empezó un poco atropellado porque el auditorio Pedro Arrupe se había llenado, la transmisión en el auditorio M también estaba saturada, y decenas de alumnos se habían quedado sin entrar.

Esto llevó a que comenzaran a empujar para abrir puertas, lo que hizo que, al comienzo de su intervención, el ex diputado la interrumpiera voluntariamente para que se resolviera el tema de los aforos. “No quiero un nuevo #YoSoy132 ni me iré a escapar al baño”, dijo como gracejada, en alusión a las tribulaciones de 2012 del candidato priista Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, de la que fue sacado por sus fuerzas de seguridad ante su fuerte desencuentro con parte de la comunidad de esa universidad jesuita, en la Ciudad de México.

El tema se resolvió y Anaya Cortés pudo dar pinceladas de su programa económico, donde destacó la apuesta por la nueva economía descarbonizada y la crítica a la pretensión de su rival tabasqueño de abrir refinerías cuyo costo equivale a 16 años de presupuesto de la UNAM para fabricar un combustible que en 2024 ya va a ir de salida frente a la tecnología eléctrica y solar. Consideró que las reformas del peñismo, como la energética y la educativa, son pertinentes pero fueron mal planteadas, porque no están resolviendo los problemas: para el caso de los negocios petroleros, “debemos garantizar la transparencia de las licitaciones” y los datos, para evitar que “los cuates del gobierno” sean sus beneficiarios; en el caso de los maestros, la evaluación es importante, pero “no es lógico que evaluar se lleve más recursos que capacitar a los maestros para que mejoren su trabajo, parece un acoso”, subrayó.

“Las tres cosas que deben ocurrir”, consideró, es “usar la tecnología para mejorar la vida de la gente, pasar de una economía de la manufactura a una economía del conocimiento y, combatir la desigualdad, porque los cambios tecnológicos la dispararán”: desigualdad entre hombres y mujeres, desigualdad entre ricos y pobres, desigualdad entre ancianos, adultos y jóvenes. Por eso, añadió, es pertinente el modelo de “ingreso universal”, y lo defendió en cuanto a la posibilidad de que sea financiado: “el año pasado, el gobierno tuvo 600 mil millones de pesos de ingresos por encima de lo programado, dinero que no sabemos en qué se usó… de ahí puede salir”.

Los estudiantes le pidieron posicionarse frente a la desaparición forzada como “epidemia nacional”, así como la alta escalada de la violencia. Dijo que se debe de abandonar la actitud cínica de que “se matan entre los malos” y considerar inadmisible cualquier crimen, sobre todo contra la vida y la libertad. También enfatizó la importancia de que los derechos humanos “sean el eje transversal de la agenda nacional”.

Uno de los jóvenes lo quiso interrumpir, pero Anaya dominó la escena y lo tranquilizó con rapidez. Tampoco lo sacaron de balance las repentinas torcidas por AMLO, y puntualizó que “el régimen económico, político y social en nuestro país está absolutamente agotado”, por sus altos costos en corrupción, desigualdad, mediocre crecimiento económico, precarización del salario y la violencia.

Todavía se dio chance de recordar que los cuestionamientos “del gobierno” a su patrimonio y sus negocios son “infamias” para distraerlo de ofrecer el cambio; que construir la coalición pudo dañar personas “y si así fue, les pido disculpas” (sic); que es amigo de Enrique Alfaro y de Miguel Ángel Martínez, aunque sean rivales por la gubernatura, y que Raúl Padilla, el sempiterno “hombre fuerte” de la Universidad de Guadalajara, apoyó el diálogo que llevó a unir a PRD, PAN y Movimiento Ciudadano, y por ello lo ha llamado a coordinar el tema cultural. Hábil, como dueño del micrófono, al evitar lo espinoso; lisonjero con los anfitriones; conciliador con los estudiantes críticos. Es Ricardo Anaya Cortés, “ad maiorem homo gloriam…”.

MC

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