Padres piden justicia por su hija Ana Itzel en Hidalgo

Con una marcha por las calles del estado, familiares y amigos de Ana Itzel piden justicia por su hija a quien encontraron sin vida, días después de haber desaparecido.
Amigos y compañeros de Ana Itzel marcharon por la paz y para exigir que se detenga a quien privó de la vida a su compañera Ana, de tan solo 16 años de edad.
Amigos y compañeros de Ana Itzel marcharon por la paz y para exigir que se detenga a quien privó de la vida a su compañera Ana, de tan solo 16 años de edad. (Jorge Sánchez )

Hidalgo

Ana Itzel sonríe. Sus labios son rosados, el pelo le llega al hombro, usa la playera y suéter escolar café. Un lunar se asoma de su mejilla derecha, el pelo recogido del la parte izquierda de su rostro deja ver un arete dorado de su oreja. Su rostro desborda juventud.

Así se mira en la fotografía de la enorme lona de la Escuela Secundaria Técnica No. 40, en donde la institución escolar de Pachuca pide al procurador y al gobernador del estado justicia y que el caso no quede impune.

Los alumnos de la secundaria, amigos y compañeros de Ana Itzel han organizado una marcha por la paz, una marcha para exigir que se detenga a quien privó de la vida a su compañera Ana, de tan solo 16 años de edad.

Los papás de Ana, Yanet Téllez Islas y Juan Carlos Escamilla Rodríguez llegan a la escuela, encabezarán la marcha.

Yanet, de ojos verdes, baja de estura y piel blanca cruza los dedos de sus manos y los lleva al pecho. Mira a los dos contingentes que se han agrupado. Su esposo, con su pequeña hija Aline en los brazos está a su lado; es un hombre alto, grueso, de mirada recia.

Inicia la marcha pacífica y los papás de Ana van al frente del contingente, detienen junto a maestros de la escuela la lona en la que exigen justicia.

Joven, dice un hombre a un reportero, ponga en su reporte que afuera de la escuela venden droga, se le avisa a la policía municipal y nuca llega. El hombre extraño de barba desatendida se presenta como Enrique González.

El contingente que toma el bulevar G. Bonfil custodiado por la policía estatal, camina en silencio, todos visten playeras blancas. Son padres de familia, estudiantes, maestros, hombres y mujeres.

Nadie habla. Alzan la voz con sus pancartas: "Queremos paz", "Señor gobernador queremos que se investigue el caso de Ana Itzel", "Exigimos justicia y un Hidalgo seguro para jóvenes y niños", "Ana Itzel merecía vivir, que los responsables de este crimen paguen", "Basta de feminicidos", "Exigimos seguridad para nuestros hijos", "No más violencia, ya basta de tanta inseguridad, desapariciones, exigimos justicia, no más familias violentadas".

La mamá de Ana sostiene con fuerza la lona, su mirada parece perdida, de su cuello cuelga una medalla con un Cristo. En su hombro izquierdo muestra el luto de su alma, lleva un pequeño moño negro.

"Es la niña desaparecida", dicen unas personas sobre la banqueta al mirar pasar la marcha.

"Ay desgraciados", dicen más adelante unas mujeres que alcanzan a leer la enorme lona en donde se denuncia el asesinato de la menor.

Los papás de Ana han dejado de agarrar la lona, ahora caminan detrás de ella, siguen dentro del contingente. Juan Carlos, el papá, de piel morena y playera blanca, trae un pequeño moño negro del lado del corazón, justo ahí donde el dolor se le enquistado.

Son cerca de 700 personas las que se han unido a la marcha. Algunas madres de familia coinciden en lo mismo, tienen preocupación porque la inseguridad alcance a sus hijos.

"Me preocupa, imagínese tengo ahí a mi niña tiene 13 años. Esto lo debimos de haber hecho desde el primer caso que hubo. Esperemos que las autoridades nos pongan un poquito de atención", suelta la señora Jazmín Karina González, camina en el contingente junto a su hija.

"Estamos consternados por lo que está pasando porque ya no hay seguridad en nuestra ciudad. Estamos conmovidos porque tenemos hijos y no nos gustaría estar en esta situación en que se encuentran ahorita los papás de Ana, tengo un hijo ahí en primer año", cuenta doña María Elena González, en medio del contingente que camina de manera apresurada.

"Estamos muy pobres en seguridad, que el gobierno nos apoye", remata la mujer, quien camina junto a si hijo, un adolescente de lentes.

Los papás de Ana ahora van delante de lona de la escuela, encabezan el contingente, delante de ellos los uniformados guían la marcha. Doña Adalberta Díaz Jiménez hace cuentas y dice que con este caso, ya son dos menores asesinadas de la misma Secundaria.

En medio de las playeras blancas, pide que el gobernador y el procurador más vigilancia en las escuelas. "Imagínese ahorita es una compañerita, al rato es cualquiera de nuestros hijos", platica la mujer de baja estatura.

Hace un balance de la ciudad y dice que hace falta más vigilancia tanto en las escuelas como en las colonias, "creo que nuestros impuestos deben de trabajar". El último día de clase de Ana Itzel, el lunes 19 de mayo, salió a las 5:40 de la tarde. La última clase, inglés.

En la marcha no solo van sus compañeros, también sus amigas, entre ellas, Bertha Arely Arellano Díaz. "Ella nos ponía el ejemplo de que a pesar de todo tenemos que ser felices, siempre entraba a sus clases, era responsable. Un poco callada. Algo personal con sus cosas, había cosas que sí te contaba y cosas que no. Era muy tímida y sensible", cuenta Bertha Arely de su amiga.

"Yo la recuerdo que era una niña muy sonriente, muy sensible. Ella era una niña muy inocente, ella creía en la gente. Ella no pensaba que había maldad. Ella siempre te creía en todo. Era una niña muy amistosa", platica la adolescente del tercer grado con un globo blanco en la mano.

El contingente toma el bulevar Felipe Ángeles y pronto llega a la avenida Revolución. Comienza a briznar. Los papás de Ana siguen al frente, ahora tomados de las manos, unidos.

La marcha se detiene justo en la entrada trasera del Palacio de Gobierno. Ahí una Comisión espera a los padres.

El contingente levanta las pancartas ante un edificio vacío, todas se resumen en tres palabras: paz, seguridad y justicia. Las autoridades piden a los padres paciencia en el caso y ellos, resignados, confían? La última vez que Bertha Arely vio a su amiga Ana al despedirse le dijo: "Adiós Anita te veo mañana". Es día nunca llegó.