Entre porras y gritos despiden a precandidata del PRD

La hija de Aidé Nava, Vanessa Quiñones, dijo que su madre buscaba ganar la elección para exigir justicia por Francisco Quiñones, su esposo, quien fue asesinado en junio del año pasado. 

Montaña baja Guerrero

Con lágrimas, porras, música de chile frito, mariachis y gritos de justicia, militantes del PRD, amigos y familiares despidieron los restos mortales de Aidé Nava González, quien fuera precandidata única a la alcaldía de Ahuocotzingo.

"Ella sabía a lo que se atenía pero prefirió luchar a quedarse en su casa viendo televisión", dijo ante la sepultura su hija de 19 años, Vanessa Quiñónez Nava.

Aidé tuvo tres razones para involucrarse de lleno en la pugna por la presidencia municipal, la joven Vanessa las sintetizó en el discurso que pronunció ante quienes se unieron para acompañar la despedida.

Quería colaborar con la superación de los rezagos históricos que arrastra Ahocotzingo, estar en una posición de poder para exigir justicia por su marido, el ex alcalde Francisco Quiñonez Ramírez, quien fue asesinado a balazos el 28 de junio de 2014.

Pensaba que como jefa de cabildo tendría más posibilidades de intensificar la búsqueda de su hijo Francisco Quiñonez Nava, que permanece desaparecido desde finales de 2012.

La ruta que Aidé Seguía parecía firme y sin escenario de derrota; contaba con el respaldo de todos los grupos del PRD, incluso de los sectores más críticos de la demarcación, como el que representa Pedro Nava Rodríguez, líder de la Organización de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (OPCG).

El propio Nava Rodríguez se plantó en un costado del féretro, con voz quebrada expresó el reconocimiento para la mujer abatida y pidió que su sacrificio no sea en vano: "Si los que hicieron esto quieren que nos quedemos inmovilizados, de una vez les decimos que se equivocaron, la lucha continuará".

Aidé fue sepultada junto a su esposo Francisco en el pequeño panteón de su natal Pochutla, un mediodía gris, la sombra de un árbol frutal; un pequeño Tlalahuacate de ramas gruesas y hojas verdes.

En toda la ceremonia prevaleció el clamor de justicia y el llamado a cerrar el paso a la impunidad.