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Martes , 25.09.2018 / 03:07 Hoy

Agua, 60 años de un problema no resuelto en el AMG

Falta establecer bases sólidas para un desarrollo sostenible de la ciudad en ese tema; El Purgatorio se incorporará como fuente en 2018.

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A 60 años de la entrada en operación de la primera fuente de abastecimiento enclavada fuera del valle de Atemajac, el acueducto Atequiza-Las Pintas, que conducía agua desde el lago de Chapala; y 25 años después de la conclusión de la última gran obra de abastecimiento sobre el río Calderón, la presa Elías González Chávez, los problemas del agua se han hecho endémicos en una conurbación que no ha sabido fabricar acuerdos ni respuestas suficientes a su desafío en ese sector.

Los trabajos de construcción de la derivadora de El Purgatorio, sobre el río Verde, están en fase final, por lo que se espera que en menos de un año concluya la obra civil, y en dos, se pueda incorporar la nueva fuente de abastecimiento, que de entrada aportará hasta 5,600 litros por segundo a la ciudad sedienta, refiere el director de la Comisión Estatal del Agua (CEA), Felipe Tito Lugo Arias.

Lo de la sed, es parte de un debate inacabado: el sector público asegura que es real la falta de agua en la metrópolis, donde se tiene la misma agua desde que Calderón entró en operaciones alrededor del año 1993, cuando había poco más de 2.5 millones de habitantes. Hoy, la ciudad cuenta con casi 4.8 millones, de los cuales corresponde al Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) cubrir a poco más de cuatro millones. Sin embargo, por encima de la cantidad de personas, está la agresiva expansión de la mancha urbana, que llevó de una urbe de 30 mil hectáreas a una de más de 61,820 hectáreas de "espacio construido" (los datos más recientes, generados por el Instituto Metropolitano de Planeación).

De este modo, la densidad de población pasó de 180 habitantes por hectárea a 65. Esto significa que llevar el agua a cada morador metropolitano es considerablemente más caro que en el pasado y se debe ir a zonas cada vez más alejadas. Independientemente, si se considera que llegan a la ciudad 9,500 litros por segundo (5,500 de Chapala, poco más de 3 mil de los pozos del acuífero y entre 500 y mil de Calderón) según el Observatorio Ciudadano del Agua, o 10,500 litros según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), hace una cuenta al día de 820 mil metros cúbicos (820 millones de litros) a 907 mil m3; y un promedio diario por habitante de 205 a 227 litros, muy por encima de los parámetros mínimos exigidos para una calidad de vida adecuada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que rondarían un mínimo de 110 litros.

Estos datos llevan a los críticos del sector oficial a señalar que el problema verdadero es una muy mala gestión del agua, lo que significa su distribución inequitativa, la falta de protección eficaz a las fuentes de abastecimiento, el esquema de cobro que tampoco es equitativo porque permite a quienes requieren agua como insumo de riqueza proveérsela a costos mínimos, las pérdidas en red que se mantienen por arriba de 30 por ciento, y el desperdicio ingente del agua pluvial, que trae aparejado el problema crónico de las inundaciones.

Durante toda esta polémica, el discurso oficial ha sido crítico sobre la irresolución de los tomadores de decisiones para decantarse por un proyecto "definitivo", pero complaciente en relación a las demás causas del atraso en la gestión integral del recurso, obligatoria según la Ley de Aguas Nacionales, es decir: el agua no se sanea completamente (menos de 65 por ciento), no se reutiliza prácticamente (menos de 10 por ciento), no es ahorrada de forma eficaz por los usuarios (aunque el esquema de tarifas del SIAPA es un avance porque premia el uso moderado del recurso), no se cuidan las zonas de alta recarga del acuífero (está invadida de desarrollos privados y proyectos públicos) y prácticamente no se capta agua de lluvia (300 millones de metros cúbicos de precipitación pluvial provocan inundaciones ... y terminan mezcladas con las aguas negras en la barranca del río Santiago).

Resulta paradójico que un Purgatorio pueda conducir a la salvación, pero la megaobra de 6,788 millones de pesos, que bombeará el agua de poco más de 500 metros, permitirá paliar los problemas de la gestión inadecuada, pero no la solución. Los responsables gubernamentales aseguran que es apenas el comienzo de la resolución del déficit. Los críticos, buena parte de ellos reunidos en el Observatorio Ciudadano del Agua, señalan que si no se comienza a "arreglar la casa" no habrá agua que ajuste. Es en el fondo un tema del modelo de ciudad, señala el investigador Arturo Gleason Espíndola: la ciudad compacta y autogestionada para que dependa de sus propios recursos – que no son pocos -, o la ciudad dispersa y dependiente de bienes naturales traídos cada vez de más lejos, sustentada sobre bases más precarias.

Claves

Los descuidos

Entre 1991 y 2016, la ciudad dobló su superficie y redujo su densidad de habitantes a un tercio, lo que significa que la población se dispersó, con costo de servicios públicos mayor pero grandes márgenes de ganancia para los fraccionadores

Además, se creció sobre las zonas inadecuadas: sobre arroyos y ríos, que en sus puntos bajos son hoy ocupados por calles y fincas que impiden el funcionamiento hidrológico de la ciudad. El efecto son inundaciones periódicas con alto riesgo para patrimonios y vidas de los moradores, con costos promedio de mil millones de pesos anuales

También se permitió urbanizar buena parte del área de alta recarga de los acuíferos metropolitanos, lo que evitó la infiltración de millones de litros, y repercutió en el abatimiento del manto subterráneo.
Un tercer problema es que el agua subterránea, mientras más profunda, tiene peor calidad, lo que ocasiona un alto costo de potabilización. El ejemplo claro de este efecto se tiene en el valle de Toluquilla, donde el agua con arsénico por abundancia natural, mayor mientras se bombea desde más profundo ha generado una alta precariedad en el servicio para casi un millón de habitantes de Tlajomulco, Tlaquepaque, El Salto y Zapopan

De 30 a 40 por ciento del agua que se abastece en la urbe viene del subsuelo. Cada año llueven en promedio 973 milímetros, lo que da un estimado anual de 340 millones de m3, según datos del investigador Carlos Hernández Solís

Baja inversión que se ha hecho en la infraestructura. Redes de agua y alcantarillado con antigüedad de 40 a 80 años —algunas todavía son de barro—, son causa de miles de fugas, y de colapsos de pisos en calles y avenidas: se ha llegado a rebasar tres mil eventos por año, según el organismo operador. Urge reponer 1,800 kilómetros, casi la cuarta parte de las redes

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