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Martes , 18.09.2018 / 19:17 Hoy

Actitud que ilumina más allá de la oscuridad de su entorno

Don Aurelio Alonso perdió la vista a los 3 años. Nació en 1938 y hoy a sus 80 años no se lamenta, ni reclama nada, al contrario agradece constantemente a la vida, ríe y disfruta de una amena charla.

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Perdió la vista a los 3 años y fue a la escuela, pero eso jamás le robó el entusiasmo, ni le mermó el carácter para hacer lo que quiso ser.

La vida con todas las limitantes que tuvo en su infancia y bajo un entorno complicado, tampoco le quitó la oportunidad de amar y hacer una familia.

Don Aurelio Alonso Alonso nació en 1938 y hoy a sus 80 años no se lamenta, ni reclama nada, al contrario agradece constantemente a la vida, ríe y disfruta de una amena charla, en una visita de sus hijas e hijos, en una caricia a sus nietos, lo mismo de escuchar una buena melodía como también cerrar un negocio.

Es lagunero, fue locutor y padrino musical de reconocidos exponentes como Lorenzo de Monteclaro, quien le debe su nombre artístico, vendedor de autos y un creativo en publicidad radiofónica.

Nació en Torreón en una cerrada casi en pleno centro de Acuña y Abasolo, cerca del tajo o canal de riego de lo que hoy se conoce como el bulevar Independencia.[OBJECT]

La necesidad y aprecio por las ventas de autos, le han permitido viajar y conocer la mayoría de las fronteras e incluso más allá, pues ha estado más de 50 veces en Ciudad Juárez, Piedras Negras y Laredo y así como McAllen, Texas.

Dice que desde los 17 años años ha conocido el trabajo, junto con la buena música, pues recuerda que en ese entonces a un lado de la Plaza de Toros en el barrio de La Moderna, había un auditorio (luego llamado Palacio de los Deportes), donde conoció a un cantante cubano de nombre Gerardo Yerro, quien organizó un programa de cantantes aficionados y a los seis meses de prepararse ganó, teniendo como premio un pase en avión y otros gastos pagados.

Relata que su paso como cantante fue efímero, pues aunque de ahí se fue a Ciudad Juárez donde cantaba en un cabaret, optó por el micrófono, pero como como presentador en programas radiofónicos en vivo en la estación XEBP, instalada entonces en la calle Cepeda entre Hidalgo y Presidente Carranza, donde además formó un grupo musical que estaba integrado por Carmen Salinas, Lorenzo de Monteclaro y otros tres más.

"De ahí salíamos a varios poblados circunvecinos a trabajar y a hacer presentaciones, nos iba muy bien y a la vez transmitíamos dos veces por semana en la radio en un espacio de una hora con estos artistas en el programa denominado Momento Romántico". Luego diseñó y creó otro programa al que llamó "Buscando una estrella".

Recuerda como anécdota que fue él quien bautizó a Lorenzo de Monteclaro con este nombre artístico. "Él se llama Lorenzo Hernández y estábamos en una mesa en un restaurancito que estaba a un lado de la XEBP, tomándonos un café y le dije: 'Oye el nombre de Lorenzo está feo pero pasa, pero Hernández está más feo y hay mucho Hernández aquí. Cada quién dio su opinión, ahí estaba Carmen Salinas y yo fui el que le propuse que si no le gustaría ponerse Monteclaro", recordó

Padre de cuatro hijos: Ada, Eva, Saúl y Eunice, ya todos con familia que le han brindado la dicha de ser abuelo, don Aurelio Alonso tuvo por muchas décadas la oportunidad de vivir en la esquina de calle Rodríguez y Escuadrón 201 en la colonia Esparza, donde además compraba y vendía autos americanos usados.

Era excelente negociador y su limitante visual no le impedía regatear como tampoco rechazar propuestas de venta, pues pedía encender el motor para escuchar y detectar en lo inmediato si tenía alguna falla, si estaba recién reparado, caminaba alrededor del auto y palpaba su carrocería para percatarse que estaba en buenas condiciones o si había sido llevado recientemente al hojalatero y a partir de ahí fijar precio. Un engaño, era imposible.[OBJECT]

Recuerda que su limitación visual a causa de una enfermedad no le impidió la oportunidad de ganarse un peso, pues de niño vendía revistas afuera de la Plaza de Toros donde cada corrida era un lleno total, lo mismo recuerda que el gusto por la radio y su magia le vino también de joven cuando con sus ahorros logró comprarse un radio de banda corta y por las noches escuchaba las noticias de la Segunda Guerra Mundial.

Respecto al aprecio por la música y sus canciones, don Aurelio recuerda que fue gracias a un amigo peluquero que cuando no había clientes, le enseñaba la historia de algunas canciones y en una libreta le anotaba el tono de la canción, por lo que cuando iba a cantar él con una orquesta ya sabía cómo pedirla, es decir, traía su propio repertorio en una agenda que iba actualizando conforme crecía.

Don Aurelio sigue siendo hoy un guerrero, no se rinde, sonríe siempre y sigue en la pelea por la vida. Ahora en la viudez a la muerte de su esposa Esperanza, tiene su propia casa al oriente de Torreón, sus muebles y es visitado por sus hijos. Se auxilia con conocidos y amigos para salir a la chamba diaria, tiene memorizados los espacios de su hogar, mide los pasos para llegar a cada área y se desenvuelve en ella, paga sus cuentas y conoce los billetes al tacto.

dcr

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