En Acapulco, del ‘Camarena’ al autohotel

Luego de que el gobierno municipal prohibió pernoctar en playas, turistas durmieron en cajuelas y asientos de coches.

Guerrero

Ante la medida del gobierno municipal de evitar el famoso hotel Camarena en la bahía de Acapulco, los vacacionistas se las arreglaron para improvisar el autohotel sobre la costera Miguel Alemán.

Desde el inicio de la Semana Santa, personal de la Policía Turística invitó a los turistas que arribaron al puerto con casas de campaña para pernoctar en la playa, a que lo hicieran en la Unidad Deportiva de Acapulco, donde había todos los servicios, pero pocos hicieron caso y se quedaron en sus autos o en la playa.

Así, los vacacionistas que llegaron este fin de semana y que no alquilaron habitaciones en las zonas Diamante, Dorada o Náutica del puerto decidieron acondicionar su vehículo para hacerlo hotel.

Hubo quienes durmieron en la cajuela o en los sillones de los vehículos y se cubrieron con cobijas o toallas, para evitar los rayos del sol y la mirada de curiosos.

Otras familias que arribaron en autobús de plano sacaron sus cobijas y pernoctaron sobre la arena y muy cerca del mar en las playas Hornos, Tamarindo y Papagayo, sin que la autoridad se los impidiera.

Eso sí, muy temprano los turistas se levantaron con todas sus pertenencias y se dirigieron al autobús en el que llegaron.

Algunos ya hasta se habían bañado y se preparaban para desayunar y comprar más alimentos en los centros comerciales.

Durante un recorrido hecho por MILENIO, cerca de las siete de la mañana, se comprobó que los turistas durmieron tanto en cajuelas y asientos de vehículos medianos como adentro de camionetas.

A lo largo de la costera, en el tramo de Playa Hornos hasta adelante del Asta Bandera, se podía observar camionetas y automóviles con sus propietarios dormidos.

Otros más seguían con los festejos de la Semana Santa acompañados de bebidas alcohólicas y botanas.

Las ropas mojadas por las aguas de la bahía de Santa Lucía se quedaron colgadas tanto en las ventanas como en los toldos de los vehículos, para ser usadas de nuevo ayer por la mañana para regresar a sus destinos.

Los rayos del sol fueron otro motivo para que los visitantes se levantaran a disfrutar otra vez de las cálidas aguas del puerto de Acapulco.

De inmediato la vendimia se instaló en las aceras para ofrecer productos como café y pan de San Marcos, quesadillas, agua de sabores y las socorridas cervezas para la resaca.

De esa manera terminó la Semana Santa y con ella la partida de los huéspedes de los autohoteles que se observaron por toda la zona turística de Acapulco y que seguramente regresarán, pues ocuparon un lugar de privilegio sin mayor costo y con mucha seguridad.