¿Vivo o muerto? Los signos vitales de un río

Asociaciones civiles y académicos de Puebla crearon una organización para defender el afluente; detectan residuos de plomo, cadmio y cromo, entre otros metales pesados.
La contaminación también afecta a las plantas y animales.
La contaminación también afecta a las plantas y animales. (Javier Ríos)

Puebla

Hace cuatro años, y después de muchos más de darle de vueltas al problema la irresponsable contaminación que como sociedad hacemos en los ríos del país, un grupo de asociaciones civiles e instituciones académicas poblanas tomamos la decisión de construir un movimiento en favor del rescate del río Atoyac y sus afluentes. Es indispensable, porque sabemos que el agua es un bien estratégico e indispensable para la sobrevivencia, pero también porque es nuestro río más cercano y más sucio. Cruza la ciudad de Puebla de norte a sur y sus descargas aportan 40 por ciento de la contaminación del río, hasta desembocar en el lago de Valsequillo, surgido de la construcción de la Presa Ávila Camacho en 1940, destinada a regar más de 20 mil hectáreas de la zona de Tecamachalco. Ese lago una vez fue limpio y precioso. Hoy el río y el lago son una amenaza para la salud y una vergüenza para la sociedad.

Aunque el río está técnicamente muerto, creemos y sabemos que es posible su resurrección y por eso nos decidimos por acciones visibles y concretas que motivaran su rescate. Hace cinco años se llevó a cabo la acción de navegar en balsas en uno de los tramos que cruza Puebla. La navegación despertó mucho interés social y mediático y en la televisión se pudo constatar el contraste entre la belleza de los árboles en sus orillas y la mugre del entorno. Los que se embarcaron se vacunaron por recomendaciones de la Secretaría de Salud contra tétanos, hepatitis y otras cosas que no recuerdo.

Después de la navegación nació la idea de crear una asociación destinada a impulsar la regeneración de la cuenca del Alto Atoyac, haciéndola relevante, vertebrando voluntades, detonando acciones colectivas de impacto y vigilando la actuación de las autoridades responsables para generar una actitud de participación comunitaria permanente. A este grupo le llamamos Dale la Cara al Atoyac AC.

En estos años hemos seguido un camino en el que hemos aprendido muchas cosas, entre otras a construir responsabilidad social hacia el tema.

Hace más de un año, el entonces secretario de Semarnat, Juan José Guerra Apud, visitó Puebla para reunirse con los gobernadores de Puebla y Tlaxcala con un único tema en la agenda: gestionar el inicio de acciones conjuntas en favor del rescate de la cuenca del alto Balsas y de los ríos Zahuapan y Atoyac. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la La Procuraduria Federal de Proteccion al Ambiente (Profepa) anunciaron en rueda de prensa las acciones de gestión, inspección y sanción que todo el sector ambiental del gobierno de la República emprendería para sanear la cuenca. Se han dado muchas pero siguen siendo insuficientes y raquíticas ante el tamaño del problema.

En 2015 se esperaban operativos, sanciones e inversiones en Puebla y Tlaxcala para regular a los 55 municipios que descargan aguas contaminadas en los ríos y afluentes, hoy convertidos en cloacas. Las inversiones y recursos que los gobiernos de Puebla y Tlaxcala debieron concertar y destinar para sus municipios han sido mínimos. A los gobernantes les cuesta mucho trabajo llevar a cabo acciones que ellos no podrán mostrar y presumir de manera tangible y rápida. Un río no se restaura en meses, sino en años.

Del 4 al 5 de diciembre de 2015, nuestra organización encargó un monitoreo del agua del Atoyac  a una empresa certificada para este tipo de tareas. Se tomaron 32 muestras en dos puntos del río: el primero junto a la ex fábrica La Constancia, donde se une con el río Zahuapan, proveniente de Tlaxcala, y el segundo, a media ciudad, en el Eco Parque a la altura de Cúmulo de Virgo, después de pasar por las plantas de tratamiento de agua municipales. Los resultados de los monitoreos no pueden ser más desalentadores. La calidad del agua no solo no cumple con la NOM 01 en materia de agua, mucho menos con los parámetros específicos decretados para la cuenca del Río Atoyac-Xochiac. Entre San Martín Texmelucan y la desembocadura a la presa, el Atoyac es un río muerto, no solo por la falta de oxígeno disuelto en el agua, sino además tóxico y de alto riesgo sanitario. Los resultados están publicados en nuestra página www.dalelacara.org  

El alto Atoyac es una de las cuencas más contaminadas del país y ya genera no solo daños a la salud pública, sino altísimos costos en materia de servicios de salud. La mala calidad de su agua genera pérdidas económicas porque impide que en el distrito de riego de Tecamachalco se produzcan hortalizas y alimentos que podríamos consumir y hasta exportar. Impiden también que las 3 mil hectáreas del espejo de agua del lago sean propicias para el desarrollo turístico. Más de mil hectáreas están cubiertas por lirio acuático y generan de manera permanente una grave plaga de mosquitos transmisores de muchas enfermedades.

La cuenca del alto Balsas y sus principales ríos, Atoyac y Zahuapan,  está catalogada como la tercera zona de mayor grado de contaminación del país, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua.

De acuerdo con Conagua e Inegi, desde 2010 Puebla ocupa el tercer lugar de mortandad infantil en menores de cinco años  por enfermedades gastrointestinales. Tlaxcala es el cuarto lugar después de Oaxaca y Chiapas. Si se suman el número de casos de Puebla y Tlaxcala que corresponden a la cuenca del Atoyac-Zahuapan, en esta zona ocurre la mayor mortandad de menores de cinco años en el país por enfermedades atribuibles al contacto con agua contaminada.

En nuestros monitoreos se detectaron altos niveles de plomo, cadmio, cromo y otros metales pesados, además de cianuro procedente de la industria metal mecánica y de la industria textil y de acabados, componentes que amenazan la salud de la población, así como la de animales y plantas que son parte de la cadena alimenticia de los seres humanos. Los residuos de los jabones y limpiadores con componentes no biodegradables también están afectando la calidad del agua.

Fue bueno saber que el saneamiento del Atoyac es una prioridad inmediata para la Semarnat y las autoridades ambientales del país, pero esta prioridad no se refleja en el presupuesto que el Congreso de la Unión destina a estos temas, y mucho menos se refleja en los presupuestos de los gobiernos de los estados de Puebla y Tlaxcala, menos aún en los de los 55 municipios que descargan en la cuenca.  No existe una agenda del agua clara y estratégica en ninguno de los dos estados, y eso se ve reflejado en los datos duros que menciono.

En Dale la Cara al Atoyac AC estamos empeñados en construir una agenda del agua transversal y a largo plazo, que involucre a toda la sociedad, pero en particular a las autoridades de los tres niveles de gobierno. Vamos a fortalecer y gestionar esa agenda con quien sea que gobierne, sin importar partido o color.

Existen las tecnologías y las acciones que resucitan ríos, pero no está construida ni posicionada la necesaria dosis de voluntad política  y de responsabilidad empresarial y social para resolver el problema.

Sabemos que tardaremos muchos años en recuperar la calidad de nuestros ríos, pero insistimos en que es absolutamente posible.