“Vivimos en la basura; como animales”

Entre las ratas y escombros, los niños juegan descalzos, mientras que 4 mil familias esperan apoyo de la autoridad.
El poblado se encuentra en una zona irregular.
El poblado se encuentra en una zona irregular. (Paola García)

Caribe Bajo, BCS

Caribe Bajo es una población asentada de manera irregular en el cauce de un arroyo en Cabo San Lucas, Baja California Sur, donde los efectos del huracán Odila hacen más miserables a los que habitan ahí.

El huracán destruyó las casas de lámina y cartón de más de 4 mil familias, daños que ellos han tenido que reparar, porque al menos ahí se resguardan del intenso calor en ese desierto al que se le ven pocas esperanzas de una vida mejor.

“Se cayó mi casa, todo mi cuarto, el techo, la lámina se nos fue, la ropa. Los muebles ahí están mojados, desbaratados no sirven para nada, pero ahí están puestos al sol, sino no tenemos nada”, relata Minerva Ramírez.

Sin ayuda y sin maquinaría, esas familias han ido limpiando el desastre que Odila dejó, pero sus manos son insuficientes para limpiar el basurero en el que quedó convertido el lugar, ya de por sí olvidado.

“Ahora vivimos en la basura y tenemos que limpiar para no vivir así, para no vivir como animalitos. Nada más nos da la sombra y a trabajar, nos da el sol y corremos a nuestras casas”, dice Minerva mientras rastrilla la arena ya entrada la tarde.

El peligro acecha por todos los frentes a estas familias, a 12 días del impacto del huracán, toneladas de basura se acumulan a lo largo del arroyo, en espera de que un camión de servicios municipales entre uno de estos días para retirarla, porque de no ser así, otra lluvia fuerte podría volver a afectarlos, pues el paso natural del agua sigue obstruido.

Estos invasores afectados continúan levantando el resto de los desechos entre troncos, ramas, ropa y plásticos; las ratas y moscas hacen su agosto, donde juegan los niños descalzos, mientras los bebés andan en pañales a gatas y rodando entre la arena puerca.

Aquí el ambiente es hediondo y mientras llega la noche, el olor a humo se va apropiando del lugar. Tras el último rayo de luz, las fogatas brillan en hilera, una tras otra.

“La seguridad aquí ahorita apenas se acaba de calmar. Sí venían los federales, pero la policía estatal o local no ha venido. La basura nosotros la estamos quemando, y ya para la noche aprovechamos la leña”, contó José Castro, un joven habitante de este barrio irregular.

Al tratarse de una invasión, los servicios de agua potable y luz no llegan. Pero esos temas han sido promesas de campaña del gobierno local, a quienes reprochan solo ser utilizados para obtener votos.

“Nos toman como invasión y que por eso no vienen los servicios, pero cuando se trata de cooperaciones y de votos somos los primeros que nos vienen a ver para que los apoyemos. Te mandan pipas y pipas, Martín Lagarda (delegado de Cabo San Lucas Martín) en campaña nos prometió regularizarnos, meter agua y luz, nomás llegó al cargo y se olvidó de los pobres”, reprochó Nicolasa Loredo.

Sin postes de los cuales colgarse, pasan la noche con la protección de las fogatas. Mientras que para abastecerse de agua, acuden por garrafones a otras colonias o aprovechan la lluvia.

Sin embargo, las autoridades locales afirman que ese asentamiento irregular se encuentra entre los planes del gobierno federal para ser reubicado.