Trasladan clases a los campos agrícolas

Familias enteras van en busca de un empleo, pero los hijos de los jornaleros deben truncar su educación primaria.
Los tutores trabajan todo el día.
Los tutores trabajan todo el día. (Omar Franco)

Sonora

Los bajos salarios y las precarias condiciones laborales no son las únicas problemáticas que enfrentan los jornaleros migrantes en México.

Al trasladarse con sus familias desde sus comunidades a otros puntos de la República en busca de mejores condiciones de trabajo, los jornaleros agrícolas cortan la educación de sus hijos.

La SEP, a través del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), desarrolla un programa en 12 entidades para la atención de estos menores a nivel preprimaria y primaria en los campos agrícolas donde se establecen durante las temporadas de trabajo de sus padres.

Hasta el año pasado, esta área descentralizada de la Secretaría de Educación Pública reportó en este proyecto a 4 mil 529 niños; siendo en Sinaloa donde se registró la mayor cantidad de atención a esta población migrante con 2 mil 222 menores; lo que representa casi la mitad del total del programa.

En la comunidad de La Cruz en el municipio de Navolato, es uno de estos puntos donde se desarrolla el programa. Estos terrenos son propiedad de los dueños de los campos agrícolas y durante la cosecha ahí residen los trabajadores del campo con sus familias.

Aquí la mayoría de los menores son hijos de jornaleros migrantes que provienen de Guerrero y que el grado de enseñanza que cuentan es de nivel preescolar.

"Les enseñamos los números, los colores, que vayan aprendiendo a tomar el lápiz, porque muchos de ellos no saben", dice Guadalupe Sáenz, educadora del Conafe, quien detalla que actualmente hay 30 niños porque el resto ya regresaron con sus padres a sus comunidades de origen.

Las temporadas en estos campos agrícolas en Navolato van de noviembre a abril o incluso en ciertas ocasiones se extienden a mayo, lo que para los padres es una ventaja: mientras laboran, sus hijos reciben educación e incluso alimentación.

"Me siento tranquilo porque ya tengo seis años aquí, y le dan educación a los niños, y me gustó este campo porque está limpio, los baños, regaderas...", consideró Carmelo Sánchez, jornalero proveniente de Chilapa.

La mayoría de los educadores que atienden a los niños de jornaleros migrantes tiene que establecerse en las comunidades a las que llegan. Se trata de jóvenes de entre 15 y 29 años, y que al final del servicio son apoyados económicamente y con becas por la Conafe, así como por los patrones.

"Pues nos dan por un año que estamos haciendo el servicio, 30 meses de beca y nos sirve mucho por las personas que estamos estudiando y que queremos seguir estudiando", explicó Ruth Ortega, educadora del Conafe.

La Conesjo puntualizó que dependiendo la comunidad es el apoyo que se le otorga a las comunidades, misma situación en referencia a los incentivos económicos que cada patrón realiza. En el caso de La Cruz, el propietario entrega 100 pesos a cada joven que acude a dar clases.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Fomento Educativo, la atención a población migrante también se imparte en Baja California, BCS, Colima, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sonora, Veracruz y del mismo Sinaloa.