“¡Híjole, no me dieron tiempo de pensar!”: Salvador Jara

“Cuando me lo propusieron nunca lo dudé, confíe en mí. Tampoco pensé si iba a ser bueno o malo. Lo vi como un reto, un gran privilegio y una gran responsabilidad”, dice el Gobernador interino de ...
Señala que su vida cambió de la noche a la mañana.
Señala que su vida cambió de la noche a la mañana. (Jesús Quintanar)

Michoacán

Salvador Jara platica a MILENIO cómo fue su transformación de rector a gobernador y cómo ha asumido este papel durante seis meses. "Híjole ¡Es que no me dieron tiempo de pensar! Cuando me lo propusieron, nunca lo dudé, confíe en mí. Tampoco pensé si iba a ser bueno o malo. Lo vi como un reto, un gran privilegio y una gran responsabilidad". No le importó, asegura, el delicado contexto de aquellos días. "Así soy yo".

El 20 de junio, el entonces rector de Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo se convirtió en el nuevo gobernador del estado tras la renuncia del priista Fausto Vallejo. El Poder Legislativo local lo avaló con 38 votos a favor (de un total de 40) para dirigir 15 meses un territorio afectado por la inseguridad que causaron grupos del narcotráfico infiltrados en las policías municipales y en sus respectivos gobiernos.

De un día para otro, el doctor en filosofía de la ciencia con maestría en tecnología educativa y licenciatura en física experimental asumió las riendas políticas, económicas y sociales de Michoacán, que es además, uno de las cinco entidades clave en toda elección presidencial, por el número de votos que arroja.

Anteriormente, alguien ya lo había visualizado como político, pues se le había mencionado como probable secretario de Gobierno, de Educación Pública e, incluso, como candidato presidencial por Nueva Alianza. "Lo que a mí me ayudó quizás, fue ser líder estudiantil, pues desde ahí participé en grupos políticos".

Su vida, recuerda, cambió la noche en que diputados del Congreso local lo llamaron por teléfono para citarlo a la mañana siguiente, ya que su nombre sonaba entre los candidatos para sustituir a Vallejo. A la reunión, que duró siete horas, entró un rector, pero salió un gobernador. Tuvo ventajas a su favor, enlista. Su buena relación con todos partidos, los viejos consejos de su amigo Jorge Carpizo (ser prudente, no tomar decisiones apresuradas y no dejarse chantajear). Y la enseñanza propia que le dejó la universidad.

"Es una muy buena escuela, con mucha política y es un reflejo de la sociedad: como un Michoacán chiquito. Hay grupos diversos de ideología, religión, preferencia sexual, partido y también de presión. Llegué a la rectoría en 2011 con un problema económico serio y aprendí que tenía que tener palabra muy firme para entonces tener credibilidad".

A diferencia de su antecesor, su salud no está en entredicho. Con 59 años de edad corre un promedio diez kilómetros cada tercer día dentro de la casa de gobierno. Lo acompaña su perro Churchill y un par de colaboradores; Pablo —su secretario particular— es uno de ellos. "Es como mi jefe, porque lleva la agenda. Nunca sé qué hay hasta que me va diciendo rápidamente; si tengo que salir de traje o casual", dice. Con sus discursos ocurre algo diferente: generalmente ninguno le gusta y termina por improvisar, cosa que un político no haría.

Para dar el sí, Jara condicionó tres cosas. Tener apoyo del gobierno federal, de los diputados locales y del comisionado Alfredo Castillo.