Riegan hortalizas con desechos humanos

Campesinos dicen que contienen suficientes nutrientes y los ambientalistas que esas aguas provocan enfermedades.
Los malos olores de los estanques provocan protestas de la población.
Los malos olores de los estanques provocan protestas de la población. (Mónica González)

Hidalgo

Los campesinos del Valle del Mezquital, en Hidalgo, de una cosa están seguros, las aguas negras que les llegan del Valle de México por el drenaje profundo, incluidas las toneladas de desechos que excretan los seres humanos, contienen suficientes nutrientes para el riego de más de 100 mil hectáreas y su producción de alfalfa, maíz, cebada, trigo, sorgo, avena y demás hortalizas.

Sin embargo, los ambientalistas aseguran que esas aguas provocan enfermedades a la población.

Para los campesinos ese líquido es su tesoro. Un ejemplo es Apolinar Pacheco Salgado, del distrito de riego 03 de Tula, quien paga cada 15 días 20 pesos por hectárea que riega con esa agua; otros, pagan 10, 50 o hasta 100 pesos, según la distancia de las presas a sus tierras.

Con 50 años como productor, se muestra escéptico de las aguas tratadas que se prevé saldrán en 2015 de la planta que se construye en Atotonilco, ya que no tienen información al respecto.

Estas aguas negras se almacenan en cuatro presas de la región: Endhó, Requena, Rojo Gómez y Aguirre, de donde salen para conducirse en pequeños canales hacia los distritos de riego del Valle del Mezquital.

Solo en la primera se almacenan 227 mil 309 millones de metros cúbicos de aguas espumosas y sin tratar; a diario, desde el Valle de México llegan a este vaso regulador 3 mil 456 millones de litros de aguas negras.

Sabio en el manejo de la tierra, Apolinar afirma que las aguas tratadas, como las que saldrán de la planta en construcción, carecen de nutrientes y que ahora, cuando éstas lleguen a sus campos, tendrán que acudir al uso de fertilizantes, los cuales ahora no utilizan.

“Se siembran productos de tallo largo para no afectar el consumo humano”, justifican ante MILENIO los ingenieros del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM) Miguel Ángel Carmona, Herminio Quechol, Marco Antonio León Barrientos y Tomás Antonio Aguilar Chávez.

“Nos envían calabaza y les regresamos calabazas grandes”, dice un ingeniero que valora en serio la producción de hortalizas que forman parte de la dieta de los mexicanos del centro del país.

ENFERMEDAD Y MUERTE

Visitar los alrededores de la presa Endhó es para sentir picazón en la lengua y comezón constante en los ojos, tal y como lo sienten aproximadamente 50 mil personas que viven alrededor de ese estanque, denominado “la cloaca más grande del mundo”.

Pero no todos piensan como Apolinar Pacheco.

Como es el caso de Claudia Ballesteros, del municipio de Tepetitlán. Para ella y sus hijos esa agua es una maldición para la población aledaña a las presas.

Asegura que en la región ha provocado enfermedades, entre ellas cáncer de piel y pulmones, además de padecimientos gastrointestinales. Señala que esa agua trae desechos químicos de hospitales y fábricas.

Los malos olores que emanan de las presas han provocado protestas de la población.

Hace unos días, pobladores de 14 comunidades de la zona acudieron a la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos, que reúne a científicos de varias partes del mundo, donde plantearon las consecuencias en la salud de esas aguas negras, debido a la contaminación ambiental y la filtración en por lo menos dos pozos que surten a la región.

En la sesión mostraron estudios realizados por la Comisión Nacional del Agua, la Secretaría de Salud y la Semarnat, en los que se reconoce la urgencia de acabar con ese foco de contaminación que representan las presas.

LA RUTA

Aproximadamente tardan 10 horas en llegar los desechos de un excusado en Milpa Alta hasta Hidalgo, los cuales recorrerán por lo menos 100 kilómetros hasta el portal de salida del drenaje profundo.

El excremento de los habitantes de la Ciudad de México mezclados con el agua sucia de la regadera, el lavabo, el fregadero y los desechos de las fábricas y oficinas recorren aproximadamente 12 mil 500 kilómetros del drenaje de la red primaria y secundaria del Distrito Federal.

Los desechos salen por la lumbrera 0, ubicada en los límites de la Gustavo A. Madero y Tlanepantla. De este punto hasta su destino final, aun recorren 50 kilómetros más, hasta caer en el río El Salto, del municipio de Tepeji del Río, donde se localiza el portal de salida del emisor central del drenaje profundo.