Pueblo Viejo, santuario de las cactáceas en México

En este espacio se cultivan plantas que están en peligro de extinción, desérticas y exóticas que son difíciles de conseguir en otros lugares del país; opera desde 2000 y comercializa hasta 3 mil ...
Cactus sembrados en el vivero de Morelos.
Cactus sembrados en el vivero de Morelos. (René Soto)

Cuautla, Morelos

En México hay un enorme mercado negro de cactáceas y, hasta ahora, su único contrapeso son los viveros legales que promueven la venta de estas plantas en sitios autorizados por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Uno de ellos es el vivero Pueblo Viejo, ubicado en la colonia Polvorín en Cuautla, Morelos; funciona desde 2000 en apego a la Norma 059, con la autorización Semarnat-UMA-VIV-022-MOR. Aquí se comercializan 3 mil especies de cactus además de plantas desérticas y semidesérticas.

“Nosotros ofrecemos plantas que están en peligro de extinción, plantas desérticas y exóticas que son difíciles de conseguir en otros lugares o estados. No saqueamos, las cultivamos dentro de nuestro vivero, que también está registrado como unidad de manejo ambiental bajo los lineamientos que marca Semarnat. Tenemos los permisos correspondientes para venta, propagación y conservación de estas plantas”, asegura a MILENIO Omar Nuncio, dueño del lugar.

Pueblo Viejo es una tienda moderna de mil metros cuadrados, al aire libre y protegida del sol, que exhibe de manera creativa una gran variedad de cactus, cuyos tamaños oscilan entre cinco centímetros y dos metros de altura. Por ejemplo, en el área de biznagas hay algunas de hasta un metro de ancho. En general los precios varían en rangos de 10 pesos hasta 4 mil o más, según la especie.

El 80 por ciento de las cactáceas que aquí se ofrecen son mexicanas y el resto proviene de diversos países. Llegaron por dos vías: la compra de semillas por internet a proveedores europeos y algunos recorridos por montes mexicanos donde Omar recolectó semillas de cactus únicos en peligro de extinción.

En el vivero todas estas semillas son clasificadas y guardadas en botellas de plástico hasta el momento oportuno para su siembra y reproducción. “Ahora estamos produciendo para 2022; estas plantas (señala unas) las voy a vender de tamaño adulto cuando hayan cumplido 10 o 12 años”, subraya Arnulfo Nuncio, responsable del vivero y padre de Omar.

Sus compradores más importantes, dice, son extranjeros que residen en México, así como tiendas mayoristas que surten a otros estados. Tras su compra, cada cliente recibe también un importante documento. “Es el que acredita la legalidad de la planta, es igualito a un acta de nacimiento de una persona y no puedes tener dos, solo existe una”, dice don Arnulfo.

Pueblo Viejo nació cuando la agricultura dejó de ser un negocio en el Estado de México; buscando alternativas encontró que las plantas ahí estaban y no faltó quién preguntara por ellas. Así comenzó el nuevo negocio que posteriormente se especializó en cactáceas.

La última etapa fue el registro ante Semarnat. “Somos uno de los pocos viveros legales y activos en México, porque hay muchos viveros, pero no todos están funcionando, ya sea porque son jardines privados, botánicos o de coleccionistas.

“No todos le entran a este negocio, porque es muy lento y requiere de mucha paciencia: un cactus tarda en crecer mínimo 10 o 12 años, mientras una bugambilia la puedes vender en tres meses. Por eso predomina el mercado negro de cactáceas que devasta los cerros y vende especies en lo oscurito” sentencia don Arnulfo.

La Secretaría del Medio Ambiente desconoce cuántos viveros clandestinos hay. En cuanto a los legales, tiene un registro de 504 unidades ambientales, pero de éstas no hay un dato preciso de cuántas se especializan en cactáceas.