Productores de soya temen perder un año de cosecha

En Campeche se ha suspendido la siembra de la planta genéticamente modificada; los pueblos indígenas deberán aprobarla en una consulta, pero no hay fecha para realizarla.
Según la Sagarpa, en Campeche hay 370 productores de soya; ellos dicen que son más de 800.
Según la Sagarpa, en Campeche hay 370 productores de soya; ellos dicen que son más de 800. (Jorge González)

Campeche

Los productores de soya transgénica en Campeche dicen estar en crisis, debido a que las autoridades agrarias no les han renovado sus permisos de siembra. Únicamente se los darán si los pueblos indígenas de los municipios del estado así lo deciden a través de una consulta popular que garantice el respeto a sus costumbres, tradiciones y recursos naturales, como lo instruyó la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2015, cuando suspendió la práctica, ya que la opinión de sus habitantes no fueron recabadas ni tomadas en cuenta.

Desde hace más de dos semanas el ciclo de siembra de los productores de soya transgénica debería de haber comenzado, pero aún no se ha definido cuándo se llevará a cabo la consulta.

El año pasado, la segunda sala de la SCJN resolvió varios amparos de indígenas de Campeche y Yucatán contra un permiso que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) otorgó  a la trasnacional Monsanto, desde julio de 2012, para el uso comercial de este tipo de soya, y determinó que “los pueblos y comunidades indígenas del país tienen derecho a ser consultadas en aquellos casos en que pueda actualizarse un impacto significativo. Es decir, que actos administrativos, programas de desarrollo, proyectos o medidas puedan afectar su vida y entorno de manera relevante”.

Ante la desesperación por el riesgo en que se encuentra su trabajo, soyeros concentrados en los municipios de Hopelchén, Campeche y Tenabo han alzado la voz para exigir que se agilice el proceso a cargo de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados, con el acompañamiento de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), aunque los tiempos solo pueden ser definidos por la población, que debe conocer a fondo, y con bases científicas, los beneficios o daños de la semilla transgénica y comunicarlo a quienes no hablan español.

Esta situación que confronta las opiniones de los habitantes de la entidad puede acabar con un año entero de trabajo de los productores basado en sus cosechas, como lo narró a MILENIO Guillermo Hernández, quien aseguró que de no avanzar en una solución perdería hasta 300 mil pesos y dejaría sin trabajo a cinco familias que dependen de esta siembra.

El también apicultor señaló, mientras acomodaba las cajas de sus abejas: “Llevo diez años sembrando, y la soya ya tiene fácil 15 años en el estado. No hay razones para que lo impidan, porque dicen que causa la muerte de las abejas y yo trabajo con ellas; eso no es verdad, hay estudios”.

Aseveró que si solo se les permite la siembra de soya huasteca o natural deberán utilizar más químicos que en la transgénica, ya que “no tiene ninguna protección, y la planta es débil debido a muchos factores climatológicos y plagas”.

En contraste, el comisario ejidal de la comunidad Francisco J. Mújica, Joaquín Guillermo Canché, quien representa al menos a 50 mayas, explicó su punto de vista.

“Que nos vengan a dar una información completa y que no nos presionen, que también nosotros presionaremos (…) queremos ver cuál es el daño que hace la semilla transgénica y la azteca, y ver en qué condiciones le vamos a hacer un trato al gobierno”, dijo mientras revisaba los formatos en maya que recibió de trabajadores de la CDI.

Con preocupación y ante las miradas de los menonitas de la región, que básicamente se dedican a la siembra de soya transgénica, Canché externó que “si le metemos puro transgénico sí le ganas (dinero), pero envenenamos a nuestros hijos y es lo que no queremos. En la comunidad no deseamos que se siembre”.

De acuerdo con el soyero, se estima que para una hectárea de soya transgénica se invierten 250 pesos durante el ciclo entero, desde la siembra hasta la cosecha, y para el producto natural el costo aumenta a mil 200 pesos por hectárea.

Por separado, en la ciudad de Campeche, el delegado de la CDI, Pedro Armentia, explicó la complejidad del proceso que involucra a los habitantes y productores.

Detalló que la segunda parte de la fase 1 de la consulta ya comenzó y consiste en determinar quiénes serán los representantes de las comunidades que difundirán la información.

“Va a ser en los tiempos que la gente decida”, lo que deja sin certeza a los productores, y comentó que ya se buscan apoyos para que las pérdidas no sean mayores, ya que según estimaciones de los productores su trabajo sostiene a “6 mil familias campechanas”.

De acuerdo con la Sagarpa, en el estado solo hay 370 productores de soya, que el año pasado sembraron 71 mil toneladas con un costo de 400 millones 700 mil pesos.

Sin embargo, aseguran los productores que ellos son más de 800.

Armentia sostuvo que aunque la Comisión Nacional de los Derechos Humanos precisó en su recomendación 23/2015 que la consulta deberá aplicarse en 11 comunidades indígenas, dijo que la harán paulatinamente en todo el estado.

Los productores consideraron que nadie los ha convocado a participar, “somos de Campeche y hemos tenido experiencia en la siembra de este cultivo desde hace diez años”, por lo que esperan pronta respuesta.

El pasado viernes más de un centenar de premios Nobel firmaron una carta abierta contra Greenpeace por su rechazo a los alimentos transgénicos. El texto urge a que reconozca “las conclusiones de las instituciones científicas competentes” y “abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular”.