Podrían dejar de ser patrimonio de la humanidad 7 ciudades mexicanas

La presidenta del Icomos, Olga Orive Belinguer pidió reorientar la visión de políticas públicas de México en materia de rescate y conservación de su patrimonio.
La presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Olga Orive Belinguer.
La presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Olga Orive Belinguer. (Óscar Rodríguez)

Oaxaca

Siete ciudades declaradas patrimonio de la humanidad están en riesgo de perder este carácter decretada por la UNESCO, reconoció la presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Olga Orive Belinguer.

Las ciudades de  Guanajuato; Campeche; Tlacoltapan, Veracruz; Puebla;  Distrito Federal, Zacatecas y  Nayarit se han convertido en ciudades “fantasmas, vacías y con grandes cinturones de miseria”, porque han  equivocado sus planes de manejo y  políticas conservación y preservación de la belleza arquitectónica, indicó.

La especialista, quien participó en los eventos previos a la inauguración del XII Congreso Internacional de Ciudades Patrimonio, manifestó que en estas ciudades se detectaron algunas alteraciones y pérdida del sentido de sustentabilidad e integral de las políticas públicas de conservación y preservación del patrimonio material e inmaterial, por la aplicación  acciones orientadas  a generar turismo.

Por ello, dijo, pidió reorientar la visión de las políticas públicas de México en materia de rescate y conservación de su patrimonio,  fomentando el desarrollo  integral del territorio, sumando a tales acciones la amplia participación activa de la sociedad.

Afirmó que ninguna ciudad patrimonio estaría catalogada como patrimonio histórico de la humanidad,  solo con sus piedras, sin su tomar en cuenta a su gente, sus tradiciones y costumbres, advirtiendo que urge modificar y humanizar las políticas públicas de conservación que ejercen algunos gobiernos locales y en particular el Instituto Nacional de Antropología e Historia y  la Secretaría de Turismo federal.

“Los programas de ordenamiento y conservación de las ciudades  que ejercen como política pública los gobiernos federal y locales deben guiarse fundamentalmente en el mejoramiento de  la calidad de vida de los ciudadanos que viven en las ciudades coloniales, no uniformar las calles y crear falsos escenarios de atractivo con el único interés de fomentar el mercantilismo y la presencia de turistas que solo llega a generar más pobreza y conflicto en dichos espacios.

En el momento en que se mejora la calidad de vida de la gente que habita en las ciudades patrimonio,  se mejorara la imagen de la llamada quinta fachada de las ciudades patrimonio “el territorio”, y en consecuencia se genera mayor flujo de visitantes, más desarrollo y consecuencia progreso sostenido y sustentable paras todos”.

Orive Belinguer, recordó que en los 70’s se promulgo una  ley de monumentos que permitió  empezar a crear zonas  protegidas por doquier, que a lo largo del tiempo terminaron por causar  peligrosas zonas de exclusión con efecto frontera grave,  donde de un lado se palpa el progreso y del otro lado de la “rayita” se visualiza la generación de zonas de terror y de horror con la expansión  de cinturones de miseria”.

“Se están equivocando en su visión de mundo, sin saber que la lista de patrimonio mundial está llegando a su fin, era representativa, no se busca meter a todos a como diera lugar. Se trata solo de proteger nuestro patrimonio, de vivir en paz en un mundo  que nos de esa emoción de vivir con su patrimonio, maldito dinero”, puntualizó.

Colocó de ejemplo de perversiones del patrimonio el caso de Campeche, donde se está invirtiendo dinero que no se tiene para reconstruir  una muralla mientras la gente padece de hambre y carece de los servicios básicos indispensables, de vivienda y de trabajo o Tlacoltapan, Veracruz, donde el alcalde en funciones ha pavimentado mal y hasta tres veces el mismo tramo de su espacio protegido, a costa de dejar al resto de los ciudadanos que habitan en dicho municipio en la indefensión.

En Guanajuato, afirmó hubo un gobernador que quiso trastocar un sitio santuario a costa de generar más turismo con una carretera lo que conllevo a que se armara una revuelta en su contra.

También mencionó la política de sacar de los centros históricos a las universidades, lo que en la totalidad de casos,  provocó que murieran las mismas ciudades, o las acciones agresivas para trasformar el entorno cultural con el moderno como sucede en  Villa Flora, Puebla.

Otros mal interpretaciones son el hecho de destruir patrimonio cultural para generar complejos habitacionales modernos como ocurrió en Atotonilco, Morelos,  donde se invadió una zona arqueológica o el conflicto social que se generó en el cerro  sagrado de Wuarikuta, donde se licitación la explotación de una minera.

De la misma forma, agregó las acciones de remodelación que se hicieron a la zona hexagonal de palcos del Palacio de Bellas Artes que causó que perdiera la acústica natural.

Pero la crítica más fuerte la vertió al programa de creación de los llamados Pueblos Mágicos, “que bien deben ser catalogados como pueblos trágicos”, sostuvo, porque se busca quitar la autenticidad a una comunidad indígena para transformarla en un espacio falso y artificial con vocación comercial.

Mencionó  la urgencia de adecuar el marco legal federal para estar al día con los instrumentos internacionales,  buscando declarar,  por un lado en la misma Constitución general de la República el derecho al patrimonio cultural, a fin de definir nuevas categorías de espacio de conservación.