CRÓNICA | POR MARIANA OTERO BRIZ

Pese a tragedia, celebran Navidad en La Pintada

Realizan verbena. 100 días del deslave

El director de la Sedatu, Jorge Carlos Ramírez Marín, acudió ayer a la comunidad para supervisar las obras y entregar juguetes y comida a los damnificados.

Han pasado 100 días desde que un alud arrasó la mayor parte de la comunidad y decenas de familias quedaron sepultadas bajo el lodo, pero en La Pintada, municipio de Atoyac en Guerrero, la reciente tragedia no eliminó el espíritu navideño ni los ánimos para continuar con la reconstrucción de la localidad.

Ayer el gobierno federal, a través del secretario de Desarrollo Social Territorial y Urbano, Jorge Carlos Ramírez Marín, se presentó en la comunidad serrana para supervisar los avances de las obras, entregar juguetes y ofrecer un banquete para que los afectados celebraran la Nochebuena.

Desde las ocho de la mañana, los helicópteros sacudieron la arbolada zona para anunciar la llegada de supervisores, funcionarios federales, estatales y municipales, quienes se dieron cita en lo que alguna vez fue la plaza principal.

En una carpa de láminas, a unos metros en que bajo el lodo quedó enterrada la iglesia del pueblo, los habitantes acudieron a los servicios religiosos ofrecidos por el arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias. Allí, le pidieron al Purpurado que durante su recorrido otorgara la bendición a los lugares en donde se ubicaran las nuevas casas, al albergue, y también a todos los niños y sus nuevos juguetes.

Pero antes de la verbena, Ramírez Marín, acompañado del director del Fondo Nacional de Habitaciones Populares, Ángel Islava; del director de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (Corett), Héctor Alcántara, y de funcionarios estatales y municipales, visitaron la casa que servirá de muestra para construir otras 199 que esperan entregar antes de mayo del 2014.

La vivienda que servirá de muestra para construir lo prometido, se diferencia del resto de las casas por estar fabricada de material concreto, el color claro de sus muros exteriores contrasta con las paredes de madera y lámina de la vivienda que se encuentran en el lugar.

A sus puertas, los oriundos esperaban su turno para pasar a visitar la réplica de lo que será su próxima vivienda: “Ya quiero mi casita”, sonrió una mujer de largas trenzas negras, falda floreada y huaraches.

La casa mide 80 metros cuadros, los visitantes explicaron que el resto de los dos centenares de viviendas tendrán una medida de entre 65 y 88 metros cuadrados, tres recámaras, un baño completo y una cocina equipada con su estufa.

Al respecto, Ramírez Marín, explicó a los asistentes que existe el compromiso del gobierno federal a construir viviendas de calidad, pero sobre todo a “elevar la calidad de vida de los habitantes de la

Pintada, porque no sólo se trata de reponer lo que perdieron, sino de entregarles algo mejor”.

El recorrido continuó en el albergue en que más de cincuenta personas moran desde hace tres meses, las habitaciones dispuestas de manera paralela se encuentran cerradas al público por cortinas grises que en sus costados permiten ver los colchones, catres y  pilas de ropa.

Afuera de las puertas textiles se colocaron cartulinas que especifican los turnos de cada familia para realizar la limpieza del lugar: “Andamos bien organizados”, señaló una de las madres de familia que participan en los aseos.

A unos metros del albergue se colocó un comedor comunitario, el cual, previo a la Nochebuena, se dispuso para cumplir las solicitudes que más de cien niños expresaron en cartas navideñas.

Según el comisiario ejidal de La Pintada, Pedro Bartolomé, 37 de esos niños quedaron huérfanos tras el paso de la tormenta tropical Manuel en la zona. Aseguró que hasta el momento se ha logrado localizara 66 de las 71 personas que fallecieron a causa del derrumbe.

“Me sentí muy abandonado sin fuerza, pero después que vinieron a ayudarnos y nos visitan para traer el apoyo, estamos con ganas, queremos seguir adelante”, enfatizó.

El presidente del Fonhapo, Ángel Islava, dio cuenta de que la tragedia ocurrió el 16 de septiembre. El primer deslave a las 15:30, mientras que el segundo fue al anochecer.

El alud ocupó una extensión 650 metros y afectó a 92 hectáreas: “La casa más enterrada estaba diez metros bajo el lodo, y la menos sepultada a cinco metros”.

Los datos ilustran la magnitud del daño ocasionado por la torrencial lluvia, fueron 214 mil toneladas de lodo y tierra sobre la plaza principal del pueblo, para lo que se requerirán 30 mil camiones de volteo para removerla.

En la labor de reconstrucción los principales protagonistas son los habitantes de La Pintada, aunque en su mayoría se dedicaban a la cosecha de café, en los últimos meses encontraron un empleo formal con las empresa que realiza las obras de restauración.