'El Partenón' del 'Negro' Durazo, entre el olvido y el deterioro

El lugar, que se comenzó a construir a principios de los años setenta y uno de los grandes monumentos a la corrupción durante el sexenio de José López Portillo, se ha convertido en uno de los ...

Zihuatanejo, Guerrero

La gran puerta de seis metros de altura que asemeja la entrada de la residencia oficial de Los Pinos está picada y la pinta el color café del óxido que se ha comido el original, aunque sigue siendo la muralla que impide el paso a uno de los monumentos a la corrupción lopezportillista de principios de los años 80, en la bahía La Ropa, en Zihuatanejo, Guerrero.

Se trata de El Partenón, una obra mandada a construir a finales de los 70 por el ex jefe de la policía capitalina, Arturo El Negro Durazo y que se ha convertido en uno de los atractivos turísticos clandestinos en Zihuatanejo, pero que muestra el olvido y un alto deterioro.

La duda de las personas que intentan visitar el lugar es conocer el nombre de su propietario, porque la delincuencia organizada ha obligado a pensar que esta excéntrica propiedad “era de un narco”, como lo asegura Anahí, una estudiante del Conalep de Zihuatanejo que intenta pasar a conocer la propiedad, junto con un grupo de siete amigos.

El vigilante de El Partenón y que es empleado del gobierno del estado de Guerrero, se lo deja claro: “Este lugar fue de Arturo El Negro Durazo, el jefe de la policía en el sexenio de José López Portillo, y lo construyó con tu dinero y el de todos los mexicanos”.

Enseguida, le permite la entrada al grupo de estudiantes que pudo comprobar la falta de mantenimiento y hasta el saqueo de sus esculturas de bronce y óleos que asemejan la cultura romana y helénica, porque este Partenón es la inspiración al templo de Atenea, en la Acrópolis de Grecia.

“Ya no hay nada, en realidad hay pocas cosas, como cuadros, comedores. Prácticamente todo se lo llevó la gente del gobierno de aquí (de Guerrero), de Zihuatanejo, los políticos”, dice el vigilante.

“No está en las mejores condiciones, se nota que no tiene mantenimiento y es una pena, porque es un obra muy bonita que debería estar abierta a todo el público, porque dice el vigilante que se construyó con nuestro dinero”, agrega la joven Anahí.

El Partenón se comenzó a construir a finales de los 70 y se edificó en 20 mil metros cuadrados en lo más alto de un cerro, enfrente de la bahía La Ropa. De acuerdo con información del estado, la obra tuvo un costo aproximado de 700 millones de pesos y se disfrutó poco, porque la cerraron en 1982, durante la campaña anticorrupción en el sexenio de Miguel de la Madrid y que logró capturar a Arturo Durazo y meterlo a la cárcel en 1984 por acopio de armas, fraude, evasión fiscal y contrabando.

Después de que el gobierno de Guerrero lo expropiara a la familia por la falta de pago de impuestos como el predial, lo puso a la venta por 130 millones de pesos. En 2011 decidió donarlo a la Universidad de Guerrero.

El predio cuenta con cuatro recámaras con camas colgantes con espejos en el techo, una alberca, una discoteca y un gran comedor de mármol e innumerables esculturas de piedra de Neptuno, Atenea y demás guardianes de la cultura romana y helénica.

Para llegar a este lugar, se necesita de una caminata en picada y encontrarse con un gran estacionamiento con pilares de tres metros de altura que dan la bienvenida al lugar. Posteriormente están los jardines y la alberca de dos metros de profundidad, que atestigua la mejor vista de Zihuatanejo. Por lo tanto, los barcos que cruzan por ahí lo primero que divisan es El Partenón.

En la parte alta de las columnas principales, que miden alrededor de cinco metros de altura, lucen los motores de las cortinas con las que se cubría la brisa marina y el reflejo de la luz. Para el vigilante, esta obra debería de ser un museo o un hotel que permitiera el paso para conocerlo, pero sobre todo para recordar una época en el país donde la corrupción imperaba.

Después de permanecer por 45 minutos en el lugar y observar cada una de sus estancias, incluso un pasadizo que corre desde la residencia hasta el jardín, a un costado de la alberca, Anahí y sus amigos salen del lugar, impresionados por “las excentricidades” y por los secretos del lugar, “algo tenía que esconder por la manera en que está construida”.