Solo quedó chatarra metálica, vidrio fundido y manchas de hollín

“Estamos limpiando los residuos, el problema es que los trapos no ayudan”.
El inmueble dañado por los normalistas de Ayotzinapa.
El inmueble dañado por los normalistas de Ayotzinapa. (Daniel Cruz)

Chilpancingo, Guerrero

Lo que hace una semana fue un edificio administrativo en el Palacio de Gobierno de Chilpancingo, Guerrero, hoy son meros escombros.

Anaqueles retorcidos, chatarra metálica, vidrio fundido, trozos de cable, equipo de cómputo, pedazos de papel y enormes manchas de hollín que no se borran por más que sean tallados con jabón y agua es lo que queda.

"El olor a quemado sigue", describe Laura, quien regresó desde el pasado viernes a desempeñar su trabajo como personal de limpieza, con todo y cubrebocas.

"Estamos limpiando residuos de humo y hollín con baldes, trapeadores y escobas. Y eso que el edificio donde estoy no se quemó, pero lo afectó estar junto a Tierra Caliente. El problema es que los trapos no ayudan mucho, porque el humo se pegó a los muebles ¡y la situación está tremenda!", expresa.

En su parte frontal, el inmueble se pinta de color durazno. Desde el techo, dos hombres de edad avanzada son los responsables del trabajo, con el que busca darle la vuelta a la página que abrieron los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, cuando hace una semana quemaron una gran parte del edificio en protesta por la desaparición de 43 estudiantes el pasado 26 de septiembre.

Por eso, el primer hombre cubre el hollín de la fachada con un rodillo de pintar; mientras, el segundo pule —paño en mano— letra por letra de "T-i-e-r-r-a- C-al-i-e-n-t-e". Sin embargo, eso no oculta los daños que se aprecian claramente desde la parte trasera del edificio.

Su magnitud salta a la vista. Dos pisos del inmueble están quemados en su totalidad. Si el fuego no se apagó desde el inicio, cuentan testigos, fue porque el unicel de las paredes de tabla-roca se incendió más rápido, combinado con el diésel lanzado por los normalistas.

Los daños materiales no han sido cuantificados aún por las autoridades. Y en cuanto a los estructurales, se prevé que el peritaje de construcción comience esta semana.

Pese a que el acceso a la prensa es restringido, los empleados de ese lugar no descartan la posibilidad de que el edificio sea derruido, en caso de que el fuego haya dañado la estructura metálica del inmueble.

Durante el fin de semana los camiones comenzaron a sacar la basura y ayer al mediodía los adoquines de la entrada principal también fueron retirados, aunque no por cuestiones estéticas precisamente.

Gerardo, uno de los 20 empleados responsables de hacer esa labor en menos de 30 minutos, explicó la razón. "Es que, según las cosas, los maestros quitaron los adoquines con pico para apedrear el palacio de gobierno y con eso quebraron los cristales".

Es cierto. En uno de los edificios menos dañados todavía hay un cúmulo de piedras en el pasto, al pie de las ventanas. Seguramente cayeron ahí el día de los hechos y no han sido recogidas. Mirándolas con atención, en efecto, son pedazos de adoquín. Por eso en cuestión de minutos el grupo de empleados imita a los normalistas: entierran el pico en la tierra, sacan los adoquines y los lanzan al camión de redilas que está junto a ellos para llevarlos lejos.