'Goyito', el padre intelectual amante del futbol

El sacerdote Gregorio Gorostieta, hallado muerto el 25 de diciembre en la carretera Iguala-Ciudad Altamirano, era pacífico y quienes lo conocieron no se explican por qué lo mataron.
Gregorio Gorostieta López fue secuestrado la noche del domingo y hasta este jueves apareció su cuerpo con el tiro de gracia.
Gregorio Gorostieta López era un hombre a quien le gustaba leer y era aficionado al futbol. (Especial)

Ciudad de México

El padre Goyito era un intelectual. Su cuarto en el Seminario Mayor de Ciudad Altamirano, Guerrero, estaba abarrotado de libros en diferentes idiomas porque al sacerdote le encantaba leer. Pero cuando un partido de futbol estaba por comenzar, Gregorio Gorostieta dejaba todo, hasta sus libros, para saltar a la cancha.

Era puma de corazón y jugaba de defensa, dice el párroco Javier Castrejón, quien conocía al padre Gregorio Gorostieta desde hace 23 años. Dice que Goyito, como le decían de cariño en el seminario, era muy tranquilo y no se explica por qué lo mataron.

El padre Goyito, de 39 años, fue encontrado muerto el 25 de diciembre en la carretera Iguala-Ciudad Altamirano, luego de tres días de haber sido reportado como desaparecido. "Siendo tan pacífico, por qué le pasó a él", dice Castrejón.

El párroco explica que Goyito tenía un carácter humilde y era pacífico como la gente de Las Piñas, en la sierra del Estado de México, comunidad donde nació el sacerdote. "Incluso así es su familia, cuando vinieron (a identificar el cuerpo) se quedaron tranquilos, sí lloraron un poco, pero ellos dicen: 'así lo quiso Dios'.

"Yo lo caracterizaba como que de repente rayaba en lo inocente y en lo ingenuo porque era muy sencillo, no le gustaba el relajo, no decía groserías, no le gustaba burlarse de nadie, muy respetuoso, una persona de la sierra", dice el párroco.

El padre Javier conoció a Goyito en el Seminario Menor de Huetamo, en Michoacán, cuando ambos estudiaban para ser sacerdotes. Luego se separaron cuando el padre Gregorio se fue a estudiar a Roma, donde "nada más escogen a los sacerdotes que tienen la capacidad intelectual".

A su regreso a México, el padre Javier y Goyito estudiaron juntos filosofía en Tacámbaro, Michoacán, antes de que los trasladaran al Seminario Mayor en Ciudad Altamirano, donde Gregorio pasó horas disfrutando de sus libros.

Además de la lectura, el padre era fanático del futbol. "Era buenísimo para jugar", dice el párroco. "Jugaba con los padres, pero si había partido de futbol él se metía a jugar con quien estuviera. Le iba a los Pumas de corazón".

En Guerrero, dice el párroco, el padre Goyito será recordado como el sacerdote sonriente y carismático que abrazaba a la gente de Ciudad Altamirano.