Estoy desesperado, mi chavo era quieto: papá de normalista

Ezequiel Mora, padre del Alexander, normalista desaparecido, teme hablar con la policía, porque, dice, son los mismos que dispararon contra estudiantes de Ayotzinapa.

Ezequiel Mora está desesperado y lleno de rabia. Hace once días que no sabe de su hijo Alexander. Va a la Normal, se reúne con otros padres tan desesperados como él, pregunta a quien puede, pero no a la policía. Tiene miedo. Si ellos se llevaron a su hijo ¿en quién puede confiar?

Ninguna autoridad de Guerrero se ha acercado a hablar con don Ezequiel. "Ellos conmigo (no se han comunicado) nada. Ni ir yo solo a ver a esos cabrones, porque no tiene chiste. Lo que nos hace el gobierno a nosotros los padres es una burla".

La última vez que don Ezequiel Mora vio a Alexander fue el 16 de septiembre. Su hijo había pasado las fiestas patrias con la familia en El Pericón, Guerrero, y debía regresar a la Normal de Ayotzinapa.

Alexander estaba muy emocionado cuando se fue a Ayotzinapa porque el año pasado había intentado entrar a la normal, pero "no se quedó", dijo el papá.

El señor se enteró del ataque porque los amigos de Alexander le marcaron preocupados, para saber si él estaba bien. Nadie, ni la escuela, ni la policía le avisaron a Ezequiel Mora que su hijo estuvo en el ataque y menos que estaba desaparecido.

Cuando supo del ataque, Ezequiel fue a la escuela de su hijo a buscar respuestas. Los normalistas le dijeron que Alexander aparecía en la lista de los estudiantes desaparecidos. "No nos han dado un informe legal de lo que pasó con los muchachos", dice.

El joven, apasionado del futbol desde niño, había ido con sus compañeros de primer año al boteo en Iguala para las marchas del 2 de octubre. En el camino de regreso, los policías municipales "los metrallaron", dice don Ezequiel.

En la Normal lo invitaron a ir a Iguala a la campaña de búsqueda casa por casa, pero no fue porque teme ser fichado por los mismos policías municipales que dispararon contra los muchachos. "De todas maneras, a quién le voy a preguntar... son los mismos policías", dice.

El padre de Alexander marcó, y marcó, al teléfono celular de su hijo desde el sábado 26 de septiembre y, luego de saber que había desaparecido, lo intentó con más insistencia. Al principio sonaba, pero ahora ya lo manda a buzón.

Don Ezequiel no se explica por qué desaparecieron a su hijo. "Mi chavo era quieto, no era grosero ni nada y la familia ya está desesperada", dice.

En El Pericón y en Ayotzinapa, Alex hacía lo que más le gustaba: jugar futbol. "Jugaba de delantero", cuenta Saena, su hermana. Su vecina Ciri jugaba con él al fut desde que eran unos niños porque compartían el mismo patio. Las dos están tristes, desesperadas, pero no pierden la fe en que va a regresar.

"Está uno desesperado del coraje, siento mucho coraje y desesperación. Van ya casi once días, y los chavos no aparecen", dice el padre de Alexander.

Don Ezequiel se quedará en Ayotzinapa hasta que alguien le dé información oficial. "Hasta que me den el paradero de mi hijo", dice.