A los 117 años solo pide lentes nuevos para leer la Biblia

Chuchito trabajó la tierra cuando tenía 106 años, participó en la Revolución al lado de los zapatistas y en su comunidad todos están al pendiente de que coma.
Jesús Castillo Rangel, el hombre más longevo de México.
Jesús Castillo Rangel, el hombre más longevo de México (Álvaro Ortiz)

Quintana Roo

Una credencial del Instituto Nacional para la Atención de los Adultos Mayores (Inapam) y otra de elector lo acreditan como el hombre más longevo del país. Sus vecinos le creen. Es Jesús Castillo Rangel, tiene 117 años y el próximo 24 de octubre sumará otro. Trabajó la tierra hasta los 106, cuando las fuerzas en las piernas le dejaron de responder, y aunque participó de la lucha zapatista para reivindicar que la tierra es de quien la trabaja, nunca obtuvo la suya.

A su edad, de lo único que se queja es que se cansa pronto, permanece parado, da unos pasos y enseguida debe buscar apoyo; de ahí en fuera, todo su organismo se encuentra bien, unas flemas que le molestan principalmente en las noches frías, en esta zona de la comunidad Nicolás Bravo, municipio de Othón P. Blanco, en Quintana Roo, donde es fresca y en las que por extraña razón es la única de todo el estado en la que cae granizo.

Llegó hace 25 años a esta comunidad acompañado de Fidencia, su ex compañera de toda la vida, atraído por la oferta de que el gobierno estatal necesitaba poblar el territorio y regalaba tierra a cambio, una propuesta que sí hubo, pero en los años 70, cuando Quintana Roo se convirtió de territorio a estado federado; Jesús llegó 15 años tarde y ya no alcanzó ese beneficio.

JESÚS CASTILLO RANGEL, el hombre más longevo del país.


Lúcido, con buen timbre de voz y oído, platica con MILENIO algunas anécdotas. El gobierno del estado le ha hecho saber que por los registros que se tienen de él, que son pocos, es el hombre más longevo del país y lo recibe sin sorpresa. Fidencia Morales Consilco, con quien estuvo casado más de 80 años, falleció a los 104, hace dos.

Nació en Soconusco, Chiapas, en 1896. Tenía 14 años cuando estalló la Revolución, simpatizante de Emiliano Zapata, se unió a las fuerzas comandadas por éste y en Huehuetenango estuvo el cuartel desde el cual combatió: presume de buena puntería, dominio de la carabina 30-30 y de la pistola 48 especial; este episodio es quizá lo que más lo enorgullece, ya que también estaba de acuerdo en que la tierra es de quien la trabaja.

Al final de la Revolución su andar no tuvo sosiego, intentó hacer su vida, incluso en 1924 conoció a Fidencia, cuando ella tenía 16 años, y se casaron; de esa relación nacieron dos niños, Rodolfo y Alfredo Castillo Morales, pero la venganza por haber sido parte de la leva y de que en los años 20 del siglo pasado los terratenientes no perdonaron y persiguieron a todos aquellos que lucharon al lado de Zapata, tuvieron que huir del Soconusco, dejando al cuidado de sus conocidos a sus dos pequeños hijos, de quienes nunca volvieron a saber.

Así inició una lucha de supervivencia solo con su esposa, se llegó a refugiar en 1929 en una comunidad conocida como Concepcion del Oro, en Zacatecas, donde llegó a desempeñarse en lo único que sabe aparte de empuñar las armas: la siembra de maíz, frijol y de otras hortalizas.

Ahí permaneció varios años y luego se iría a Acayucan, en Veracruz, donde se quedó trabajando la tierra empleándose como jornalero, y ahí escuchó que Quintana Roo se estaba poblando, por lo que dirigió sus pasos hasta la comunidad de Nicolás Bravo, en 1989, para establecerse en definitiva.

Desde que llegó trabajó la tierra ajena, le prestaron parcelas para la siembra de maíz y frijol y ya no tuvo fuerzas para seguir peregrinando. En toda la vida intentó saber de sus hijos, pero no tuvo éxito hasta que se resignó a un milagro. Desde que la pareja de viejitos se asentó en esa comunidad, fue recibida con afecto, ahora nadie le niega nada y todos están pendientes de él.

Cada mes recibe apoyo del DIF estatal y esta semana le informaron de un reconocimiento.


Cuando cumplió 100 años estaba en el campo limpiando la parcela, no hubo festejo ni baile; a los 106 años, su vida tuvo un cambio, con dolor de su alma tuvo que dejar la tierra, las fuerzas le faltaron en la rodilla izquierda y ya no tuvo modo de trabajar para subsistir, pero aún le quedaba Fidencia. Aunque enferma de herpes, le había sobrevivido y él la cuidaba, era su único afán de vida. Desafortunadamente, ella falleció en 2012, y desde entonces Chuchito, como le llaman con afecto, vive solo en una casa de madera.

Pero no está solo en realidad, los vecinos le han acogido con mucho afecto. Los estudiantes pasan al salir de la escuela a saludarlo y le dejan comida, todos están al pendiente, no se queda sin compañía ni alimento; come de todo y hay una trabajadora del Inapam que se ha convertido en su ángel guardián.

Cada mes recibe el apoyo del DIF estatal y en esta semana la presidenta honoraria de la institución, Mariana Zorrilla de Borge, estuvo con él para comentarle sobre el reconocimiento de que es el hombre de mayor edad en todo el país. Tras una felicitación y saludo de parte de  su esposo, el gobernador Roberto Borge Angulo, le ofreció que esta vez tendrá una fiesta, por lo que Jesús Castillo se mostró complacido y agasajado.

El próximo 24 de octubre en el domo del pueblo habrá comida, baile y mariachis para festejar. Zorrilla de Borge dijo que es un orgullo que Jesús viva en Nicolás Bravo y mucho más que goce del afecto de toda la gente.

Agradecido, Castillo Rangel solo pidió que le cambien los lentes, porque esa graduación ya no le ayuda mucho para leer la Biblia.