Espera Don Ezequiel Mora restos mortales de su hijo

El papá del joven normalista informó que tardarán hasta dos semanas en volver al pueblo, para sepultarlo en El Pericón, ubicado en la puerta de entrada a la Costa Chica de Guerrero.
En la casa de Alejander Mora Venancio, grupos de adolescentes entran con frecuencia, se toman de las manos y rezan en conjunto.
En la casa de Alejander Mora Venancio, grupos de adolescentes entran con frecuencia, se toman de las manos y rezan en conjunto. (Rogelio Agustín Esteban)

Chilpancingo

"Solo dos pedacitos", es lo que don Ezequiel Mora Chora, taxista de la comunidad de El Pericón, municipio de Tecoanapa recibirá de su hijo Alexander, quien hasta el fin de semana estaba entre los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala de la Independencia.

La última vez que don Ezequiel tuvo a su hijo en la pequeña casa de paredes de adobe en que lo crió, fue la mañana del 15 de septiembre.

Recuerda que tomaba una taza de atole blanco, con prisa pero con alegría, inquieto por salir para retornar a la escuela en que recientemente había logrado la inscripción.

Estaba por salir la camioneta del transporte público que lo llevaría de regreso hacia la comunidad de Las Mesas, ahí transbordaría para llegar a Tierra Colorada, en donde tomaría un taxi colectivo hacia Chilpancingo y, finalmente la urvan que lo dejaría en el arco principal de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Tixtla.

Once días después, Alexander salió en un autobús rumbo a la ciudad de Iguala para realizar una labor de boteo, tarea encomendada para reunir un poco de dinero, mismo que facilitaría el traslado de una comisión de la Normal hacia el Distrito Federal (DF), en donde marcharían para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968.

Doce días después de ver salir a su "Chocoyote", como se dice coloquialmente a los hijos menores en los pueblos de Guerrero, don Ezequiel formó parte del grupo de padres de familia que se trasladaron para la Normal Rural, alertados por los ataques de la Policía Preventiva Municipal, los que de acuerdo a reportes de prensa, dejaron un saldo inicial de seis muertos y 56 desaparecidos.

Junto con otros padres organizó las primeras acciones encaminadas a recuperar con vida a los 43 estudiantes desaparecidos, en una búsqueda inicial que no contó con el respaldo de las autoridades.

La jornada del viernes 5 de noviembre, el trabajador del volante fue convocado a la normal Raúl Isidro Burgos, ahí encontró titubeantes a sus compañeros de lucha y al equipo de peritos argentinos, en quien depositó su confianza para analizar los restos entregados por la Procuraduría General de la República (PGR).

No sabían como confirmarle que dos pequeñas porciones de hueso habían dado un resultado positivo con su ADN.

"Yo les pedí que me dijeran que pasaba, que si a mi hijo ya le había tocado pues ya ni modo".

Admite que la respuesta fue mala, inesperada y difícil de asumir. Su hijo sería el primero de los 43 en ser identificado.

Comentó algunos detalles con los peritos, luego resolvió regresar al Pericón para dar a conocer al resto de la familia la noticia, hubiera querido no hacerlo, pero no tuvo más remedio que otorgarles el derecho a la verdad.

Enseguida comenzaron los preparativos para esperar lo poco que los criminales dejaron de Alexander.

Los "dos pedacitos de hueso" tardarán hasta dos semanas en regresar a su pueblo, ubicado en la puerta de entrada a la Costa Chica de Guerrero.

"Me dicen que son solo dos pedacitos chiquitos. Los peritos argentinos me dijeron que de esos dos huesitos alcanzaron a sacar el ADN para identificarlo. No nos queda más que aceptar".

El jugador del Juventus

La noche del sábado 6 de diciembre, a pocas horas de que se confirmara la identificación de los restos proporcionados por la PGR a los peritos argentinos, en la pared principal de la casa paterna se colocó un pequeño altar con la imagen de Alexander.

El rostro moreno está recargado en la playera color amarilla del que fuera su equipo de futbol; el Juventus del Pericón, resalta un bies morado en el cuello y se observa una palma verde en el pecho, para no olvidar nunca su origen costeño.

Al pie de una veladora se mira el retrato de su madre fallecida, en la cabecera un cuadro de la virgen de Guadalupe adornada con flores blancas y amarillas.

Una manta del club Guadalupano "Los Peregrinos" cuelga en una esquina de la pared "vivirás en nuestros corazones", le dicen sus integrantes.

La totalidad de los habitantes del pueblo ya conoce la tragedia que enfrenta la familia Mora, dentro de sus posibilidades se presentan para solidarizarse, algunos llevan pequeñas cantidades de dinero que el padre y las tías reciben con agradecimiento.

Grupos de adolescentes entran con frecuencia en la pequeña casa paterna, se toman de las manos y rezan en conjunto.

Las mujeres preparan alimentos para aguantar las noches en vela que se vienen por delante, saben que el duelo de Alexander será diferente a los que se han vivido en la pequeña localidad.

El jugador del Juventus era el único joven del pueblo que se había inscrito en Ayotzinapa, la familia no sabe si los vecinos secundarían una convocatoria para movilizarse y reclamar justicia.

Germaín Ríos, uno de sus profesores en la Normal Rural colocó este comentario en su muro de Facebook la mañana del lunes: "Yo lo recuerdo como excelente ser humano, dedicado a sus estudios y también cuando me pedía que organizáramos partidos de futbol en etapa de convivencia, encuentros deportivos con las demás telesecundarias de la zona.

Hoy solo le pido a Dios resignación a los corazones de sus papas que les de fortaleza en estos momentos tan difíciles. Que Dios te tenga en su santa gloria Alexander, exigimos justicia. Caiga quien caiga".