Encuestadores improvisan plan de seguridad ante violencia

Los encuestadores recorren el país aplicando encuestas, no tienen prestaciones y en el camino viven la inseguridad.
Los encuestadores trabajan en muchas ocasiones sin prestaciones.
Los encuestadores trabajan en muchas ocasiones sin prestaciones. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

"¿Qué hacen aquí?, los van a matar", le dijo un hombre a Rubén Islas, al abordarlo para aplicar una encuesta de salida sobre la elección a gobernador de Tamaulipas en el 2011. El señor estaba sorprendido de ver encuestadores en una región de ese estado donde sólo habían votado 25 personas.

Desde hace cuatro años, los encuestadores ya no sólo se enfrentan a la carencia de seguro médico o a la incertidumbre de conseguir un nuevo proyecto laboral, sino también a la violencia e inseguridad que afecta algunas zonas del país.

"Toda la Línea Dorada, desde Nuevo Laredo hasta Reynosa estaba incendiada por la violencia, acababan de matar a un candidato del PRI y había toque de queda", dice Rubén.

Rubén dice que no todas las empresas tienen mecanismos de seguridad, por eso él y algunos de sus compañeros crearon grupos en Whatsapp o se envían mensajes para saber la situación de la zona, como por cuál carretera transitar.

Continuamente, los encuestadores envían dónde se encuentran y si están bien, de esa forma se puede tener un control y actuar rápidamente en caso de que necesiten ayuda.

Su proyecto de seguridad busca evitar casos como el de Erick Fabián Paredes Valois y Jesús Manuel Pérez Montoya, quienes aplicaban encuestas en el pueblo de Urique, en Chihuahua, la última vez que se les vio fue el 2 de marzo. Nueve días después fueron encontrados muertos en El Cerro Colorado.

Para Rubén la situación ha cambiado mucho a cuando comenzó a trabajar hace 22 años. Él recuerda que "antes las personas te invitaban a pasar a su casa y no había tanta desconfianza respecto a los datos personales".

Cecilia Durán lleva 15 años aplicando encuestas en todo el país. Fue a Tamaulipas en el 2012 a hacer una encuesta sobre preferencias políticas. "Llegamos con miedo, pero pues era trabajo", dice Cecilia.

"Llegamos al hotel y salimos a trabajar. Era el aniversario de la muerte de un narco y comenzaron a lanzar disparos al aire, nos regresamos al hotel y ya no volvimos a salir hasta el día siguiente", dice Cecilia.

Ellos no suspendieron la encuesta, al día siguiente una vez calmada la situación comenzaron a trabajar.

Ella dice que cuando se suspende el trabajo por este tipo de situaciones no les pagan las encuestas que no pudieron aplicar. Algunas empresas entienden la situación y te pagan lo acordado, dice Rubén.

"Nosotros no tenemos prestaciones, seguro médico, seguro por accidentes. Cuando salimos a provincia vamos sin nada, si chocamos o nos pasa algo no tenemos nada, no tenemos un seguro", dice Cecilia.

De acuerdo a Cecilia, el salario ronda entre los 25 y 30 pesos por encuesta. En un día normal pueden aplicar entre 15 a 20 encuestas dependiendo el tipo de ésta, pero hay días donde la jornada se alarga por el material de trabajo y puede terminar a las 9:00 de la noche.

La noticia del linchamiento de los encuestadores Abraham y Rey David Copado el 19 de octubre en Ajalpan Puebla incrementa su temor por la violencia a la que pueden ser sujetos.

El trabajo de Rubén consiste en gestionar la seguridad de los encuestadores. "yo siempre les digo que se retiren si la situación comienza aponerse riesgosa" dice Rubén.

"En ocasiones me ha tocado ir a sacar a compañeros de la Presidencia Municipal. La policía los detiene para no meterse en problemas con las personas. Para nosotros es mejor, nos sentimos más seguro", agrega Rubén.

Cecilia procura siempre aplicar las encuestas en grupo. Debido a que ha sido detenida por la policía en algunas ocasiones, ha optado por presentarse ante las autoridades antes de comenzar a trabajar, así ellos ya saben qué es lo que se está haciendo.

Su último trabajo de campo fue en Atotonilco El Grande, en Hidalgo por un proyecto para medir la afinidad por partido político. Ella se asustó cuando una señora acusó a uno de sus compañeros de ladrón.

"Mi compañero estaba encuestando a un chavo cuando una señora salió y le dijo que qué estaba haciendo, que tenía cara de ladrón", dice Cecilia.

Sin embargo este no ha sido el único caso en el que la han acusado de delincuente o en el que la policía la haya detenido.

"En Puebla, ya casi estábamos por terminar cuando un señor se nos acercó para ver que estábamos haciendo, creía que éramos secuestradores. Le dijimos que estábamos aplicando una encuesta sobre obesidad, vio las preguntas y se fue, pero la policía llegó y nos detuvo", dice Cecilia. Después de cinco horas y ya comprobada su identidad los dejaron salir.

Ellos viven en incertidumbre, pues los trabajos son por subcontratación.

Cecilia dice que las empresas no tienen exclusividad y que a veces puede tardar entre 15 y 20 días para encontrar un trabajo. Para Rubén si no estás acostumbrado al trabajo, éste puede ser un "infierno", pero a pesar de ello no cambiarían de profesión.

"¿Por qué me gusta?", dice Rubén mientras trata de contestar.

"Porque me gusta escuchar la opinión de la gente, relacionarme con ellos, hablar con ellos", contesta finalmente. La respuesta de Cecilia es prácticamente la misma.

De la felicidad a la tristeza

La noticia de la muerte de Rey Copado le ocasionó un sobresalto a Cecilia. De la felicidad por acabar con el proyecto en Atotonilco pasó a la tristeza por la muerte de un amigo y compañero de trabajo al que había visto por última vez hace 10 días. Ella se entero de su muerte mientras aplicaba una encuesta sobre preferencias políticas en Hidalgo.

"Ellos eran gente trabajadora que querían ganarse el dinero honradamente. Rey Copado no sólo era un compañero, era un amigo. Él siempre estaba ayudando a todos, era muy inteligente, tenía mucha experiencia", dice Cecilia. Su voz se vuelve distante al teléfono y comienza a entrecortarse.

Rey Copado tenía familia, muchos la conocíamos, concluye.