El hombre más longevo del mundo con 117 años, vive en Cancún

En octubre cumplirá 118 años. Jesús Castillo Rangel es oriundo de Soconusco, Chiapas. Participó en la Revolución con Zapata y cien años después trabaja como mediero.

Cancún

Impasible, sin expresar sentimiento o emoción, casi estoico, don Jesús Castillo Rangel, escuchó del director del DIF, Rolando Jesús Rodríguez Herrera, la notificación de que es el hombre más longevo de México y según todos los indicios, del mundo.

El viejo guerrero zapatista, originario de Soconusco, Chiapas cumplirá el 23 de octubre 118 años de edad. Nació en 1896 y vive en el sur de Quintana Roo en el poblado de Nicolás Bravo, en una casa de madera con techo de lámina y palmas.

Recuerda con un aire de dignidad sin pretensiones que en 1900 se incorporó a la Revolución, "pero ni un pedazo de tierra me dieron. Mire, soy mediero. Sembramos, maíz, calabazas, chilitos... lo que se puede para irla pasando", explica.

Hacía tiempo se hablaba de que era el más longevo del país y de los mayores del mundo, pero eran rumores. La primera en interesarse oficialmente fue la delegada del Inapam en Quintana Roo, Norma Jiménez de León.

Lo comentó con la presidenta del DIF, Mariana Zorrilla de Borge, quién sabía de él, le llevaba regalos ocasionalmente. Don Jesús hablaba familiarmente a la joven. Ella ordenó investigar el caso.

Don Chucho como le llaman en el pueblo explicó que en una inundación perdió su acta de nacimiento, pero él había tramitado con ella su identificación del Instituto de Atención de Adultos Mayores y su credencial de elector.

Ambos documentos fueron verificados por ambas instituciones que certificaron fecha y año de nacimiento: 23 de octubre de 1896, en un caserío del Soconusco, Chiapas.

Elemento vital para certificar su edad y condición de veterano de la Revolución fue encontrado por los investigadores del DIF en el Archivo General de la Nación, que en 2010 lo enlistó en el Archivo Carrancista, que le extendió reconocimiento como miembro en 2012.

Don Jesús recuerda en la bruma de su mente que tenía 14 años cuando estalló la Revolución y la bola lo llevó al cuartel de Huehuetenango en donde se sumó con otros muchachos al levantamiento que ahí encabezaba el general Bernardo Pimentel.

Para su edad, sorprende la firmeza de la voz y un insospechado vigor mental que le permite contar historias, recordar pasajes y aún cantar algunas canciones, como aquella que él llama "La Leva", cuya letra debe tener muchas tormentas encriptadas.

De las palabras de don Jesús se infiere que ese militar habilitado general en plena bola se hizo partidario de Emiliano Zapata y emprendió con su tropa la búsqueda del caudillo. En el camino tomaron el cuartel de Huehuetenango en donde Jesús participó en sus primeros combates.

Si habla de la Revolución parece que revive, acicateado por las preguntas acepta que tenía buena puntería, que usaba una carabina 30-30 y recuerda su pistola 48.

También acepta que haber estado en el movimiento armado es acaso su mayor motivo de orgullo y con aire de lejanía afirma que sí, que estaba de acuerdo en que la tierra es de quien la trabaja. "Así decía el general Zapata."

Don Jesús llama la atención porque es más alto que el promedio de la gente de la zona. El cuerpo enjuto parece firme, aunque él se queja porque se cansa mucho. El rostro es vivo, brilla su ojo derecho, casi cerrado el izquierdo tras los gruesos lentes que atenúan miopía y presbicia de su ojo centenario.

Luce camisa de algodón planchada y limpia, pantalones de gabardina y zapatos de calidad. "Me lo regalan, me regalan ropa, amigos, gentes del gobierno. Ora estoy más contento", aclara sin ánimo de ostentación.

Lleva sombrero de palma bueno, no caro, pero lo luce. Tras las gafas montadas en las grandes orejas, evidencia de longevidad, destaca el espeso bigote de tono zapatista.

La voz se le quiebra cuando recuerda a su esposa, el ojo más vivo se humedece cuando la mirada del anciano se topa con una silla de ruedas vacía, recuerdo silente de su mujer, Fidencia Morales Consilco, quién murió de una infección hace dos años

Ahora Jesús vive solo, camina por las calles del pueblo. Le acompaña diariamente su amigo de setenta años, Beto "quien sabe... no me acuerdo su apellido", explica a María Elena Marín, funcionaria del DIF que más le cuida. "Bueno, dice ella, toda la gente lo cuida, lo quiere. El doctor ni le cobra.

Don Jesús sabe contar historias, pero no es parlanchín. Más bien parece interesado en escuchar. Inclina la cabeza y no oculta su interés en cada detalle de quienes le visitan.

Recientemente el anciano fue entrevistado por el corresponsal de MILENIO en el sur de Quintana Roo, Álvaro Ortiz Salamanca. En esa charla contó al periodista que al final de la Revolución su andar "ya no tuvo sosiego."

Buscó rehacer su vida en 1924 conoció a Fidencia, ella tenía 16 años y se casaron. Tuvieron dos niños, Rodolfo y Alfredo Castillo Morales, pero los rencores de la leva que los terratenientes no perdonaron, le hicieron víctima de persecución como a todos los zapatistas.

Jesús y Fidencia escaparon del Soconusco, dejaron a los dos niños, en casas de conocidos pero nunca volvieron a saber de ellos.

En 1929, llegaron al pueblo de Concepción del Oro, Zacatecas, para trabajar en el único oficio que conoce aparte de las armas, cultivar la tierra, sembrar maíz, frijol y hortalizas.

Después fueron a Acayucan, Veracruz, también trabajando la tierra. Ahí se enteró que en Quintana Roo había un plan para poblarlo que dotaba de tierras a quienes llegaran. En 1989 llegaron a Nicolás Bravo, el pequeño pueblo que hoy es su casa.

Aquí revivió una charla con Zapata en la Revolución. Recuerda con viveza. En Huehuetan el caudillo le dijo que tenían que reforzar la lucha. Había posibilidad cierta que la Revolución ganara, todos los mexicanos recobrarían sus derechos.

"Luché por la repartición de la tierra con Zapata. En la Revolución me hice militar carrancista, empecé otra vida, otra lucha, otra historia, escribió el periodista Ortiz Salamanca.

El viejo soldado recibió hace unas semanas la visita de la presidenta del DIF Quintana Roo, Mariana Zorrilla de Borge, quien le llevó como buena noticia una promesa de que recibirá una parcela ejidal.

También le informó que el día de su cumpleaños el 24 de octubre en el pueblo habrá banquete, baile y mariachis para festejarlo. Mariana, como le llama con afecto don Jesús, le dijo que es orgullo que él viva en Nicolás Bravo y mucho más que goce del afecto del pueblo.

Emocionado don Jesús agradeció al gobernador Roberto Borge y a la señora Mariana "estar pendientes no sólo de mi sino de todos los de la tercera edad.

"Recuerdo que combatí para tener tierra, y hoy, muchos años después me ha tocado vivir aquí, en mi casa, con apoyo de las autoridades y mis amigos de hace mucho, me siento contento. Estoy bien", dijo aquella ocasión.

Con voz queda pero firme, sin estridencias el anciano afirma más para sí que para quienes le interrogaron. "Así es la vida... Sólo hay que vivirla