Las cartas que una monja le escribía a Edgar Tamayo

Magada Arriaga y Edgar Tamayo han tenido comunicación,aún sin conocerse durante 18 años, desde que él fue condenado a muerte en Estados Unidos en 1996

Miacatlán Morelos

Durante 18 años, Magda Arriaga y Edgar Tamayo Arias, se han escrito, sin conocerse personalmente, pero se hicieron buenos amigos.

Primero desde la celda de un convento y luego desde su hogar, donde ahora comparte su vida con su marido y dos hijos, Magda escribe y ha contestado los mensajes que su amigo le manda, y así, se ha sido durante casi dos décadas.

Él, desde una prisión en Estados Unidos, donde está condenado a muerte y ha vivido los últimos 20 años de su vida, también escribe y contesta; la mayoría de las cartas a máquina, y algunas de ellas, de su puño y letra, por lo  que “valen más", bromeó alguna vez con ella.

En esta singular amistad, existen otros exclusivos y sensibles detalles: pese a los años de cercanía epistolar, no se conocen personalmente; ella es ama de casa y empleada, y él, un interno de una prisión del estado de Texas, Estados Unidos, condenado a morir en unos días... Pero tienen algo en común: los dos son nacidos en Miacatlán, Morelos.

"Yo ingresé a una congregación religiosa y casi desde que fue condenado a morir, desde 1996, comencé a escribirle. Luego, me mandaron a Roma y mis superiores me permitieron seguirle escribiendo...", recuerda María Madgalena Arriaga, empleada del Ayuntamiento de Miacatlán, ex integrante de un convento a donde llegó porque quería convertirse en monja, pero que luego dejó porque ya no le gustó, así, sin más.

En 18 años de relación epistolar, donde Magda y Edgar Tamayo Arias, el mexicano condenado a morir por una inyección letal por el homicidio de un policía en 1994, y cuya pena se ha convertido en una inquietud constante para muchos de los habitantes de esta comunidad, se han compartido secretos e inquietudes personales, como la renuncia a los hábitos de Magda o el sentimiento profundo de amor que Edgar tiene por sus dos hijas, ahora ellas, convertidas en dos jovencitas.

"Yo le he dicho: Edgar tú eres un padre; has oración por ellas, y no te ocupes de lo que no has podido hacer por (durante tus años en prisión)", cuenta Magda que le escribió al mexicano, en  alguna de sus cartas de respuesta.

Magda, en la mesa del comedor de su casa,  muestra las cartas que Edgar le ha enviado todos estos años. La mayoría están escritas a máquina o impresas por computadora; un par de ellas, de su puño y letra. Algunas en papel blanco, amarillo o estampado de flores. Durante y después de la entrevista, Magda las observa una y otra vez, las relee, sonríe… y asiente en silencio.

-- Siempre, todos estos años, yo le he dado mi oración, hemos hecho una cadena de oración aquí en el pueblo; hemos participado en misas que se han hecho a favor de Edgar y tenemos fe de que esta situación va a tener un buen fin en cuestión espiritual, en cumplir la voluntad de Dios. Nosotros pensamos de una manera, humanamente, pero Dios tiene –a veces- caminos que no comprendemos y Edgar ya lo tiene muy claro. Él tiene una fe que muchos quisiéramos tener… quizás esa situación de estar muchos años en la cárcel le ha hecho comprender y entender el misterio de Dios en nuestra vida… Él es una persona que vale oro, que si Dios decide dejárnoslo, qué bueno, él sabe que los queremos y si Dios decide llevárselo, pues Él sabrá por qué…

¿Que recuerda de los escritos de Edgar?

Siempre recibía sus cartas en computadora ó en máquina; pero cuando él ya me escribe a mano, pues es un gusto mayor porque como que era alga más directo, de sentir más su presencia, de saber cómo estaba y que las palabras eran suyas, y algo que a mi me ha gustado de sus cartas es que siempre tiene una palabra de fortaleza, de aliento… en ninguna carta me dice “pues estoy triste, estoy desanimado, me siento mal…”, siempre él con la cabeza en alto, como que va para adelante, con su fe, siempre, muy puesta en Dios y siempre mencionada ese “Confío y estoy en manos de Dios”. Y eso es algo que me ha fortalecido y me ha dado más ánimo para apoyarlo con mis cartas.

 ¿Qué le ha dicho del homicidio en Texas, qué le platicó…? ¿Qué dice él de todo eso...?

-- Es curioso, pero en todos estos años, en nuestras cartas, nunca tocamos ese tema. Yo nunca me atreví a iniciar un: “Oye ¿cómo fue?”, “¿Qué pasó?”,”¿Es cierto o no es cierto?”, ni tampoco él me dijo “Oye Magda te quiero comentar cómo sucedieron las cosas”… No, nada  de eso. Como que nuestra comunicación siempre fue externa a ese acontecimiento que es el motivo por el cual, él está en la cárcel. Yo he creído en Edgar como mucha gente de aquí, del pueblo, me he unido a su familia… Sólo Dios sabe si es cierto, si no es cierto, pero yo confío en que no se hicieron las cosas como debieron ser y eso le perjudico a él, y mucho… para empezar por estar en un país que no es el suyo. Entonces yo creo en su inocencia…

Lo importante era darle fuerza…

-- Exacto! Como que lo más importante era darle ánimos porque, me imagino estar en ese lugar, pues se vive una preocupación o varias situaciones que ya no están a tu alcance y yo lo que quería decirle era: “! Ánimo, vamos adelante ¡ ¡Lucha¡ ¡No te desanimes! Entonces nunca fue otra cosa más que eso…

¿Cómo se imagina a Edgar, a través de estas cartas…?  Porque finalmente, nunca se han conocido personalmente.

-- Lo imagino como una persona como todos nosotros, con una familia, con sus raíces; una persona humilde, sencilla en su forma de expresarse, con un corazón… Es un ser humano que tiene corazón… en una carta me hablaba de sus hijas del amor que siente por sus hijas, y le decía: “No te fijes en tus errores, en aquello que no pudiste hacer por ellas, sino ve hacia el frente y enséñalas a salir adelante. Yo veo a Edgar como a esa persona que es trabajadora; aprendía, lee… le gusta mucho leer. Es una de las cosas que le educaban e instruían. En sus cartas siempre hacía mención de los libros, principalmente de la Biblia, siempre hacía alusión a las citas bíblicas, porque de las aprendía y me decía: “Mira, ve y en este libro dice tal cosa…”

¿Qué le diría a Edgar, si lo tuviera enfrente..?

-- Que recordamos sus momentos, que nos regaló al estar aquí en Miacatlán y tenemos fe de que va a regresar a este pueblo y que vamos a tener esa oportunidad de convivir con él, y si Dios nos lo permite, pues conocernos en persona..