Damnificados toman la carretera como vivienda

Esperan la entrega de despensas, pero no dejan sus casas por temor a que les roben lo poco que recuperaron.
Improvisan cuartos para resguardar pertenencias.
Improvisan cuartos para resguardar pertenencias. (Jorge Carballo)

México

A la orilla de la carretera decenas de familias afectadas por las inundaciones encontraron un refugio.

Un tramo de la autopista Villa Gil Pérez, ubicada en el municipio de Centro, fue el sitio donde habitantes de la ranchería del mismo nombre salvaron algunas de sus pertenencias, tras las lluvias torrenciales ocasionadas por el frente frío 12.

Ellos hacen su vida viendo pasar los vehículos que sortean el camino anegado, al que los autos pequeños no se atreven a cruzar, pero avezados ciclistas y motociclistas recorren.

“Hasta el motor me llega el agua a la cintura, pues son como 60 centímetros. Vengo del pueblo de Gil Pérez y allá estamos encerrados por la anegación”, señaló Javier Vasconcelos.

En una de esas habitaciones instalada sobre la carpeta asfáltica se encuentra una pareja de ancianos que fue rescatada por sus nietos, dicen que el agua ya les llegaba hasta el cuello, cuando los muchachos fueron por ellos en un kayak.

—¿Hasta dónde llegó el agua?

—Hasta el cuello, relata María Ramírez Jiménez, de 70 años.

En ese cuarto improvisado de lonas, hay cuatro camas pegadas una a la otra, dos refrigerados que hacen la función de muro, una estufita, una mesa pequeña mesa madera y varios costales, al parecer con ropa.

Ahí, resguardado de los rayos del sol, un anciano reposa en una silla de plástico, mientras los niños van de un lado a otro sobre los colchones, hasta que un hombre adolorido de la espalda llega para que doña Antonieta le dé “una sobadita”.

Los vecinos de enfrente salvaron la mayoría de sus cosas en la planta alta de su vivienda. Ahí a las gallinas y pollos les tocó recámara, y es que metieron el gallinero completo a la casa para asegurar el alimento de los próximos días.

“Apenas ayer nos vinieron a regalar una despensa, pero no alcanza,  y desde que nos fuimos no nos habían traído nada”, dice la señora María Ramírez Jiménez, mientras se quita las chanclas y las guarda en la misma bolsita donde lleva el bote con lombrices para atraer las mojarras.

En ese tramo de la carretera todos esperan algo. No han salido a trabajar y la mayoría no están dispuestos a trasladarse al albergue implementado en la primaria, por temor a que puedan robarles las pertenencias que lograron rescatar. Así pasan el día, esperan que la ayuda llegue, esperan que el agua baje para sacar sus muebles, ponerlos a secar y limpiar sus casas, porque quienes tienen casas de una sola planta no pudieron poner a salvo casi nada.

La situación podría empeorar. La Comisión Nacional del Agua emitió un alertamiento por la entrada de un nuevo frente frío el próximo martes o miércoles, que ocasionará más lluvias.