Confía Nora Angélica en Dios para que autoridades les ayuden

La mujer explicó que en 17 años de vivir en el condominio Astros, número 36, llevan seis inundaciones y han perdido todo. Dijo que hasta ahora no ha recibido ayuda, solo le fueron a echar cal a su ...

Acapulco de Juárez

En casi 17 años que Nora Angélica Bustamante Flores, y su familia tienen viviendo en la casa ubicada en el condominio Astros, con el número 36, se ha inundado seis veces y lo ha perdido todo.

Ahora además de su casa con todos sus muebles, también alcanzó el negocio de su esposo Rafael Toris, que se encuentra en una profunda crisis de depresión y ha perdido interés por todo, al grado de que no le importa nada de lo que pasa, y tampoco quiere la ayuda de nadie.

"Yo quiero creer, espero que Dios me permita tener esa fe de que las autoridades nos van a ayudar", dice sin perder la esperanza.

Cuenta que abordó al presidente Enrique Peña Nieto y que le dijo que ella era priista desde la cuna, que como maestra tenía 21 años prestando un servicio en el magisterio y que además era institucional.

–¿Y qué le dijo el presidente Peña Nieto?

–Nada, solo me saludó y le ordenó a uno de sus asistentes que tomara todos mis datos. Le dije soy priista desde la cuna, soy maestra desde hace 21 años y soy institucional, vi que eso le agrado, pero tampoco me lo creí todo. Creo que es sensible ante las desgracias, pero no basta ser sensible, debe tomar cartas en el asunto.

–¿Qué le han dado, en que le han ayudado?

–En nada, a mi casa le fueron a echar cal, para que no apeste feo, pero todo sigue igual, ahí está todo el lodo que se le metió a mis muebles, paredes, cocina, refrigerador, todo sigue lleno de lodo, dice desanimada.

De reojo mira la casa de sus vecinos, y comenta

–Mire como quedó aquí, ahí se ve hasta donde se estancó el agua, porque llegó más arriba. Y como ve todo sigue sucio, también le echaron cal, para que no apeste, pero ni siquiera han venido a limpiar, y tampoco ellos (los dueños de las casas) dejan que se las limpien, pues tienen mucha desconfianza de que les roben lo poco que les quedó de bueno.

Nosotros vivimos en la calle de las desgracias.

Camina y visita a otra mujer, su comadre Dora Luz Luviano Ibarra, quien le cuenta que por más que trató de subir a un cerro de grava dos de sus lavadoras, estas andaban nadando en el la lluvia.

–¿Hasta donde le llegó el agua de la tormenta Manuel?

–Aquí, hasta aquí, dice mientras apunta con el dedo índice.

En seguida Nora dice, aquí le llaman la calle de las desgracias porque, quemaron dos camiones urbanos –frente a su casa–, balacearon unas camionetas, les prendieron fuego y dejaron unos muertos, además en la glorieta a Colosio, mataron a balazos a cinco personas, las inundaciones, pues si, aquí así la llaman la calle de las desgracias, dice con ironía.

Cuenta que su esposo Rafael Toris, se encuentra muy deprimido, pues con las lluvias perdió casi todo, su casa y su negocio –una tienda, ciber y papelería–, se quedó sin nada, pues ahí se dañaron equipos de cómputo, artículos de la papelería, fotocopiadora y hasta impresoras, y equipos de cómputo que reparaba, está mal, se siente muy mal y eso me preocupa, comenta.

–¿Sabe a cuánto haciende sus pérdidas?

–La verdad no hemos tenido tiempo de pensar en eso, estamos más preocupados por trabajar para salir adelante, no voy a andar pidiendo, ni voy a estar esperando que me den una despensa o dinero para sobrevivir, tengo y tenemos que trabajar, dice la maestra con lágrimas en los ojos.