Sector textil de Chiconcuac se recupera tras salida de asiáticos

Productores nacionales vieron cómo sus negocios iban en declive con la llegada de coreanos y chinos en 1995, pues no pudieron competir en su propio territorio contra los precios que éstos ofrecieron.

México

La comunidad asiática abandonó Chiconcuac de Juárez. No lo pensó dos veces tras el secuestro de un empresario coreano en el municipio vecino de Chiautla, entre los años 2000 y 2003. Paradójicamente esa no fue una mala noticia para los chiconcuaquenses pues solo así pudieron recuperar el sector textil y de manufactura, cuya fama positiva venía en declive desde el 2000.

En ese momento la producción china y coreana abarcaba la mayor parte de este mercado considerado como el más importante del Estado de México y América Latina.

Jorge Galván, alcalde del lugar, recordó el inicio de esta compleja historia. "Llegaron aquí en 1995 cuando se abrió la competitividad en aranceles y encontraron quién les vendió o rentó lugares para sus negocios. En realidad nosotros tuvimos la culpa por enfocarnos a ese tipo de actividades económicas", lamentó.

De cada 10 prendas que se vendieron, entre 1995 y 2000, ocho fueron chinas y dos mexicanas.

Chiconcuac destacó en 1968 durante los Juegos Olímpicos, cuando la antorcha deportiva cruzó el lugar camino al Distrito Federal. El mundo conoció entonces los tejidos y textiles de lana que aquí se fabrican, aunque después los materiales se diversificaron. En los siguientes 25 años su economía prosperó y ocupó el primer lugar en manufactura y comercialización de prendas de vestir.

La coyuntura fue aprovechada por un promedio de 70 familias asiáticas (provenientes de Corea y China) que se establecieron gradualmente en el lugar.

"Bajó mucho el comercio cuando los chinos vinieron a invadir pues ellos trajeron pura tela, todo barato y pasó a amolar esto", explicó Benita Espinosa, empleada de una tienda de tapetes decorativos hechos a mano. No es cualquier tienda: el Papa Benedicto XVI recibió como obsequio uno de sus productos cuando visitó México.

Galván, el joven presidente municipal y administrador de empresas, contó que en aquellos años los productores de Chiconcuac no pudieron competir en su propio territorio contra los precios que ofrecieron los asiáticos.

"Salían de sus respectivos países por barco con lotes de telas durante su recorrido hacia puertos mexicanos y llegaban transformados en prendas de vestir. ¿Cómo?, con los talleres de maquila y costura que montaban en plena ruta marítima", dijo.

Las cifras oficiales arrojan que entre 1995 y el 2000, de cada diez prendas que se vendieron en Chiconcuac ocho fueron chinas y dos mexicanas. "Lo que los chinos trajeron aquí eran saldos por eso desacreditaron la mercancía de nuestra localidad" refirió. Además de la mercancía de baja calidad, agregó, también lo fueron los empleos que ofrecieron ya que no se ajustaban a los horarios y tabuladores de las leyes mexicanas.

Empresarios nacionales tuvieron pérdidas anuales por más de 70 millones de pesos.

Marco Rodríguez, cuya familia es dueña de la fábrica de estambres "Lilí" y "Rocío" recuerdó que en esos años las tiendas orientales estaban cerca una de otra; ocupaban varios locales, habían comprado casas, adquirido terrenos y se les veía desplazarse en sus autos.

Gilberto Delgado, propietario de la tienda de tejidos "La Ardillita" cuentó cómo los conoció. "Llegaron y me preguntaron '¿cuánto quieres por tu local?', sacaron una valija llena de dólares y esperaron mi respuesta. No quise vender porque este negocio lo construyó mi familia. Pero me impresionó y dio risa su actitud, imagínese qué tipo de dinero era y qué tipo de ofrecimiento fue".

La comunidad oriental se amplió a los municipios de Texcoco y Chiautla mientras que Chiconcuac tuvo pérdidas anuales por más de 70 millones de pesos lo que provocó la quiebra de dueños de telares, maquiladoras, bordadoras y confeccionistas. En los últimos cinco años del siglo XX el poblado presenció su declive.

"Fueron diez años de competitividad hasta que en 2005 se comenzó a regular la situación", enfatizó el alcalde panista.

A petición del municipio, el Instituto Nacional de Migración intervino y revisó la situación legal de la pequeña comunidad asiática que siempre se mostró hermética ante los mexiquenses.

En su censo, las autoridades encontraron a 30 familias cuya situación migratoria era ilegal, por lo que debieron salir del país. ¿Dónde estaban las otras 40? Abandonaron Chiconcuac gradualmente tras conocer que su compatriota secuestrado fue hallado muerto en un terreno baldío a las orillas de Chiautla.

Sus captores habían pedido 40 millones de pesos por su liberación. Galván aseguró que fue el único secuestro documentado pues se habló de otros más que, enfatizó, solo fueron rumores.

"De 2005 a la fecha casi el 98 por ciento de los asiáticos se fue, solo quedaron dos o tres familias que se legalizaron y que ya no son un perjuicio para el mercado chiconcuaquense. Pudieron quedarse porque lograron emparentar, procrearon familia y ahora ya son nacionalizados" precisó.

De los casi cuatro mil puestos de ropa que se instalan en los días de mercado, solo cinco son orientales. MILENIO intentó tener una entrevista con algunos de sus propietarios para conocer su punto de vista, pero, molestos, rechazaron la propuesta.

En los días de auge (martes, sábado y domingo) el mercado de esta localidad ofrece en su mayoría ropa de manufactura mexicana: pants, pantalones de mezclilla, playeras, blusas, suéteres, chalecos así como los tradicionales jorongos, zarapes, suéteres de lana y cobijas.

"Nosotros trabajamos telas durables que no se descosen", dijo Enrique Galicia quien fabrica pants para niños.

"Quienes saben de tejido te piden que no les des estambre chino porque es de poliéster y es inflamable", señaló Marco Rodríguez.

La clientela mayorista explicó las razones de su exigencia. "Si compro en los locales chinos hay un letrero que dice que si el producto sale defectuoso, no hay cambios. Así no conviene porque si sale mal ¿qué le digo al cliente?", refirió Clara López, propietaria de un local en el barrio de La Merced en el DF.

En Chiconcuac de Juárez solo hay un cinco por ciento de empresarios extranjeros; son libaneses o judíos, todos se encuentran en regla y se dedican únicamente al comercio de telas.

En este momento la industria textil y maquiladora deja ganancias anuales por más de 100 millones de pesos.

"Una parte de la comunidad asiática que se fue de aquí y migró al DF, a los barrios de Tepito y Mixcalco. Y gracias a la unión de los comerciantes chiconcuaquenses se relanzó el comercio de forma municipalista, nosotros somos una localidad segura", afirmó optimista el alcalde Galván.