CRÓNICA | POR JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA M. Y ÓSCAR RODRÍGUEZ

“Si la CNTE quiere violencia, también la va a encontrar”

Conflicto magisterial

En un pueblo donde los niños de tercero no sabían leer ni escribir, los habitantes se niegan a devolver las escuelas a la 22.

Maestros del SNTE imparten clases en escuelas del pueblo.
Maestros del SNTE imparten clases en escuelas del pueblo. (Jorge Carballo)

Oaxaca

Este es el pueblo que expulsó a los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Este es el pueblo campesino dispuesto a enfrentar a machetazos a la sección 22, si ésta intenta recuperar las escuelas donde, desde septiembre, ya no los dejan dar clases.

La sección 22 le dio un ultimátum al gobierno estatal el miércoles pasado: o le regresa las 32 escuelas en las que dan clases maestros de la sección 59 o las recupera "como sea". El plazo vence hoy. Y aquí, en este municipio campesino ubicado a 50 kilómetros de la capital de Oaxaca, en la región de los Valles Centrales, donde habitan 5 mil personas, el pueblo no se intimida; el alcalde, Claudio Martínez, dice que se defenderán. Y los padres lo confirman: si los maestros quieren violencia, violencia tendrán.

El alcalde explica el origen del descontento, el pésimo nivel académico de los alumnos:

—Los niños de segundo y tercer grado no sabían leer ni escribir. Los maestros (de la sección 22), por su conveniencia, les ponían su seis, su ocho a los niños, diciendo que estaban cumpliendo, que tenían nivel académico y no era cierto.

—¿Qué van a hacer si vienes a recuperar las escuelas?

—Santiago Apóstol nunca planea su situación, pero cuando su paz se rompe se convoca a la gente a través de las campanas de la iglesia. Un repique de campana de forma especial (veloz y atronador) basta para que la gente se reúna, y como es gente campesina, y lo que tiene y ocupa a diario son machetes, pues con eso.

Justo cuando el presidente municipal termina de hablar las campanas empiezan a tañer ensordecedoramente y varios cohetones explotan en el aire. Sonríe cuando se le pregunta que si se trata de un ensayo: jura —sonriente— que se debe a que es día de la virgen de Guadalupe.

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En la primaria José Vasconcelos el Comité de Padres de Familia está reunido, mientras sus hijos, gozosos, toman una clase de educación física muy peculiar: juegan hockey con escobas. Los padres de familia, quienes desde septiembre decidieron sustituir a los maestros faltistas, advierten:

"Pase lo que pase no dejaremos que tomen las escuelas (dos primarias, un kínder y una telesecundaria). Ellos no nos van a imponer nada, porque aquí ellos no son ley", dice Raúl García. Y lo dice en serio, como sus compañeros, hombres con mirada brava en el rostro curtido por el sol y el viento helado de esta zona de árboles pináceos.

—La escuela no es de ellos. Ellos no pueden venir a decidir a nuestro pueblo porque ellos no son nada aquí. Nosotros mandamos aquí. Ahora los niños están mejor sin ellos. Antes, cuando se iban de vacaciones a sus huelgas, los pasaban de grado en grado sin que supieran. Hay niños que están en quinto, en sexto, y no saben ni la tabla (de multiplicar) del tres.

—¿Y si vienen, qué van a hacer?

—Vamos a defender las escuelas, no vamos a dejar que vengan a apoderarse. Nosotros podemos responder de la manera que ellos quieran. Estamos listos a la hora que quieran. Como ellos quieran. Nosotros sabemos hablar y llegar a acuerdos sin violencia, pero si ellos quieren violencia, también la van a encontrar.

—No van a entregar las escuelas.

—No las vamos a entregar. Aquí vamos a estar.

—¿Pase lo que pase?

—Pase lo que pase. No nos vamos a dejar. No tienen por qué venir a apoderarse de lo que no les pertenece. Un maestro que es maestro no hace amenazas y golpes o delitos como ellos, que son delincuentes. Si dejamos que ganen las escuelas, van a mandar en todo.

—¿No tienen miedo?

—No, no vamos a tener miedo porque nosotros estamos en nuestro territorio y ellos ni siquiera conocen aquí. Y si traen maleantes, que lo hagan, pero un día van a llegar solitos y es cuando van a caer.

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Los maestros sustitutos de la sección 59, a quienes el gobierno del estado no les quiere pagar por sus servicios, afirman que no se enfrentarán, que eso es cosa de los papás, pero sí cuentan infamias que ocurrían antes: los de la CNTE maltrataban a algunos niños física y mentalmente. Un pequeño de segundo de primaria, flaquito, de mirada traviesa, pero voz tímida, narra espontáneamente, de la nada (la visita al poblado fue sorpresiva), y con pocas palabras pero con gesticulaciones elocuentes, lo que padecía:

—El maestro me jalaba así (las orejas) y así (las patillas).

—Un niño más lo secunda: "A mí también". Y luego un tercero: "A mí también".

—¿Te jalaba las orejas tu maestro?

—Ajá.

—¿La patilla?

—Ajá.

—¿Te dolía mucho?

—Sí.

—¿Lloraste?

—¡No! –sonreía con pudor.

—¿Te aguantaste?

—Sí.

Patricia Alejandra Santiago, una de las maestras y confirma lo que cuentan los niños: "Nos contaron los papás que por eso dejaban de venir a la escuela. Tengo niños que me dicen: 'Ay, maestra, qué bueno que usted no me pega'.

Marisol Hernández, la directora, dice que cuando llegaron en septiembre y evaluaron a los niños se encontraron con atrasos terribles: "Niños de tercero, cuarto y hasta quinto que se les dificultaba leer".

—¿Qué sienten por el ultimátum?

—Mucha angustia, impotencia, pero nosotros somos gente de paz, no nos vamos a enfrentar. Eso es asunto de los papás. Y si toman la escuela, nosotros nos iríamos a dar clases a otro lugar, pero los niños no vendrían con ellos. ¿A quién le darían clases si los niños no estan?

Santiago Apóstol, Oaxaca. El pueblo que expulsó a la CNTE y que está dispuesto a enfrentarla a machetazos con tal de decidir quiénes dan clases a sus hijos.